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Luis Alberto Salazar: La Venezuela de Orwell: De 1984 a 2019

 

No es secreto para nadie que en, en Venezuela, se ha venido cultivando un plan. Algo estrictamente salido del siglo XX, época de guerras, “revoluciones”, lealtades políticas profundas y, por sobre todo, totalitarismos. Recordando un poco a nuestro querido Eric Arthur Blair (nombre de pila de Orwell), su trayectoria como escritor, y los momentos históricos que hicieron nacer su carrera, entramos en un punto de común acuerdo: Fue él quien plasmó en arte literaria los manuales sobre cómo llevar a cabo la imposición de sistemas totalitarios. Y ¿Cómo culparlo? Si después de haberlos conocido de primera mano (El Fascismo español y la revolución bolchevique) vió en ellos lo que nadie se atrevió a decir, eran ejemplos sistemáticos de un guión dominante que aún aqueja nuestros días.

Es el momento en el que empieza nuestra “Rebelión en la Granja”. Tuvimos a nuestro propio Napoleón, nacido en Sabaneta Edo. Barinas, cuyo nombre de nacimiento fué Hugo. Este personaje, aprovechando malas gestiones anteriores a él, fermentó un caldo de cultivo a través de su discurso, y tal fué el resultado que, mientras sus canes de ataque crecían, logró conquistar el poder en su primer intento democrático. No pasaron dos años luego de eso que, con el apoyo de las ovejas de esta granja, escribió sus reglas en la pared: La Constitución de 1999, en la cual se pregonaba una igualdad utópica, casi imposible de creer, pero como todo lo utópico, era una ilusión. Se valió de reglas de las que nadie se había percatado para iniciar un esquema que cuarteó los cimientos de las instituciones públicas, y así fué como todos los animales fuimos iguales pero unos más iguales que otros. A través de sus apariciones públicas, hacía alarde de que todo aquello que proviniera del Imperio (o de cualquier otra granja que no le gustar) era necesariamente malo, pero cómo disfrutaba de aquellos productos que rechazaba en público. Cuando murió, quedaron como controladores de la granja los demás cerdos que iban junto a él.

Llegamos al año 2013 (o 1984 en realidad), en el que El Gran Hermano surgió de las cenizas de Napoleón, para realizar la avanzada de los cimientos de lo que alguna vez fué “La Granja Animal”. Nicolás Maduro y su símbolo de poder, su tupido bigote, aprovechó la manipulación social y el desgaste del tejido ciudadano para hacer que todos nos uniformáramos de gris; y no por la ropa en si, sino que todos vivíamos (y seguimos viviendo) los mismos problemas de un país en guerra, a pesar de no estarlo, éstos eran nuestra imágen pública. ¿Recuerdan los perros de ataque que crecían con Napoleón? Pues, ahora son los jefes del Ministerio del amor, de la policía política del Gran Hermano (aquí se llama SEBIN), desde el cual, pretenden enseñar a todo dirimente a amar al proceso. Cualquier método es afecto entre ellos: Caricias contundentes de manos cerradas, tratamientos corporales de alto voltaje, hasta enseñaron a un concejal de puro amor, fallidamente, por supuesto. A ese concejal no lo recordarán, pues este sistema ha iniciado con éxito su implantación del Neolenguaje y la manipulación de la historia en favor propio. Y así como estos, muchos más ejemplos existen. Pero para ahorrarnos tiempos, les sugiero que lean esa obra maestra (1984-George Orwell), les puedo asegurar que cabe a la perfección con la realidad venezolana.

Mientras tanto, aquí nos tendrán, intentando ser los Goldstein que de verdad finalicen esta historia. Pero mucho cuidado: Muchos Goldstein son inventos de El Gran Hermano para tener más enemigos ficticios.

@SalazarLuisVp

 

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