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José Manuel Rodríguez: Embasurar todo

 

Hace algún tiempo escribí que la mentira política, aunque diferente a la religiosa, tiene que ver con sus mismas razones, asociadas en todas partes al aprovechamiento de la credulidad. Pero excusados los asuntos de fe, lo cierto es que la mentira política va mucho más allá del fraude corporativo, es un fraude a las convicciones y aspiraciones de la sociedad. Quienes la utilizan tienen un desprecio asombroso por la gente que quieren captar. Y no son anónimos, mienten a cara descubierta, a la vista del que quiera verlos. En la izquierda los encontraremos en sus dos desviaciones: el estalinismo y el reformismo. Y no son poca cosa, el reformismo defrauda, el estalinismo aplasta. ¡Ah! pero la derecha, toda ella es mentirosa, tanto que se engaña así misma. Tal disociación se debe a la imposibilidad de explicar, decorosamente, por qué se es de derecha.

Toco este tema de nuevo porque, más allá de la satisfacción que produce el éxito del gobierno y el pueblo en enfrentar la cipaya, mercantilista y narcotraficante invasión, resulta demasiado penoso todo lo que de ella hemos tenido que escuchar, no sólo de sus promotores y de aquellos que, sin decir nada, la defienden, también del izquierdismo desviado. Sus ambigüedades estratégicas terminan por ayudar a esa derecha política a embasurar lo que fue una bochornosa agresión armada. Unos y otros coinciden en colocar el “Estado de Derecho y de Justicia” como una contingencia.

El embasuramiento consciente que tapa porquerías, recibe ayuda del embasuramiento contingente que siempre dirá “que no es el momento” de recoger el estiercol. Y en ese ambiente el periodismo nacional y extranjero coloca entre comillas la invasión y su origen convirtiéndola en un supuesto, mientras el antichavismo enfermizo, que pasó esa noche de pipí agarrado con el Wilexis, se satisface diciendo que fue un montaje. Y ante la evidente y oficiosa impunidad de los autores intelectuales, el gobierno anuncia que la justicia viene, como si de Cristo se tratara. La sencilla aspiración de una vida modestamente satisfactoria se desbarata en el cómo vaya viniendo vamos viendo…

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