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Arsenio Henríquez (h): La conciencia en Descartes

En el pensamiento de Rene Descartes se evidencia una tendencia constante en ir de lo epistemológico a lo ontológico y viceversa. Claramente, separar un estudio del otro no tiene mucho sentido, pero se podría realizar sin cuestionamiento alguno. En Descartes ambos estudios guardan fuerte relación, pues en un principio el objetivo de Descartes es epistemológico, el dar con un fundamento sólido que sustente todo el conocimiento, pero por otro lado, Descartes, en la búsqueda de ese objetivo, tendrá que dar primero con un orden de la realidad, o en otras palabras, encontrarse con lo más real.

En las Meditaciones Metafísicas, Descartes, intentó dar con un principio del cual no se podría dudar, para a partir del él construir el conocimiento de manera certera. En ese camino, Descartes empleó una búsqueda que cuestionaba la realidad, primeramente se cuestionó todo aquello que desde la tradición escolástica se tomaba como lo más real, a saber, los objetos que eran percibidos en el mundo a través de los sentidos.

En la tradición escolástica los objetos poseían una esencia, la cual era percibida por los sujetos a través de los sentidos. El concepto de esencia era entendido de dos manera, una manera epistemológica, donde la esencia era lo que posibilitaba el conocimiento del sujeto sobre el objeto, y una manera ontológica, donde la esencia era lo que caracteriza al ente, es decir, era lo que hacía al ente ser. Lo que principalmente hacia posible la aprehensión de las esencia eran los sentidos, que aparecían como ese puente entre el sujeto cognoscente y los objetos conocidos. Tal visión fue refutada por Descartes al momento en el que desecho los sentidos como fundamentos del conocimiento, pues demostró que no eran fiables en todos los casos y por lo tanto no podían conducir a conocimientos certeros.

Descartes expuso en las Meditaciones una serie de argumentos que dejaban en evidencia la no fiabilidad de los sentidos como fundamentos del conocimiento. El argumento de la cera así lo demuestra, pues por si solos los sentidos son engañosos y dudosos, y como recordemos el objetivo de Descartes era dar con un principio certero e indudable a partir del cual se fundara todo el conocimiento científico, principalmente las matemáticas y la física que era las ciencias más fuertes de su tiempo.

Descartes aplicó la duda metódica a todas las cosas que existen, con el fin de alcanzar alguna verdad sólida. Los verdades que se daban como autoevidentes, tales como las verdades matemáticas fueron rechazadas por Descartes de la misma manera que los sentidos. Por lo que su búsqueda alcanzó una verdad certera cuando da con el pensamiento en sí, no el pensamiento de una cosa, sino la actividad de pensamiento. El “yo pienso” como una característica fundamental del propio hombre, el cual no puede desprenderse de ello, pues si lo hace deja su forma de existir a un lado, ya que para Descartes el hombre se constituía de un dualismo ontológico entre el cuerpo y la mente. El cuerpo regido por las leyes de la mecánica y la mente como una capacidad intelectiva posibilitadora del conocimiento.

El pensamiento siempre depende de un “yo”, pues siempre será un “yo pienso”, es decir, un sujeto pensante, que desde su individualidad podrá reconocer el pensamiento como lo que lo constituye en un primer momento, luego el cuerpo obviamente sostendrá a la mente, pero sin esta última el hombre no sería muy distinto a los animales, en el sentido que estos, según Descartes, no poseen mente y son regidos simplemente por las leyes mecánicas. A diferencia de los animales, los hombres tienen la facultad de pensar, tienen la posibilidad de conocer los objetos haciendo una teorización de ellos, a forma de las ciencias.

La conciencia es entonces comprendida desde Descartes como el pensamiento, una facultad intelectiva del sujeto que fundamenta la racionalidad, desde la cual se abre el horizonte a la realidad. Pues para Descarte desde esta verdad del “yo pienso” es que el mundo existe sustentado por la idea de un Dios que es suma bondad y que ha hecho a los sujetos de tal naturaleza que no se equivoquen a todo momento. Por lo que el mundo ha sido hecho de cierta disposición de que los sujetos lo puedan conocer.

La célebre frase de Descartes Je pense donc je suis trata dar cuenta de la importancia que juega el pensamiento, tanto como una característica constitutiva del hombre como la posibilidad del conocimiento. La conciencia es entendida como algo que precede a la existencia del hombre, sin ella se podría dar la existencia, pero no la existencia del hombre que demanda el dualismo ontológico entre cuerpo y mente. La conciencia guarda fuerte relación con la razón, se podría decir que la conciencia contiene la razón, y es por esto que Descartes le da tanta importancia. Pues desde la razón entendida como una forma de la conciencia es que se podrá fundamentar tanto la realidad como el conocimiento de esta.

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