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Eligio Damas: De Luis Britto García a Germán Escarrá

De los malos procederes por la Ley Antibloqueo

El manejo por parte del gobierno o agentes suyos de lo relativo a la Ley Antibloqueo es una muestra sustancial y sustantiva de lo que no debe hacerse, menos en medio de una confrontación como la que atraviesa Venezuela.

Hablar de las dificultades, pintar el cuadro, sería como llover sobre mojado, porque cualquier venezolano pudiera hacerlo mejor que aquellos excelentes retratistas del Renacimiento, dado lo que hemos aprendido, con la mejor técnica pedagógica, viviendo intensamente los acontecimientos.

Entonces de lo que se trata en este caso es analizar como se desarrollaron los hechos alrededor de la Ley Antibloqueo y, en la medida posible, el cómo los abordaron cada uno de aquellos que tuvieron participación destacada,

Lo que pareciera como impropio y hasta de mal gusto e irreverente, es que desde un sector se haya apelado a la figura de Herman Escarrá, dados sus indudables conocimientos de la materia constitucional, para intentar restarle valor a las observaciones y llamados de atención de parte de Luis Britto García.

Este asunto de la tan cacareada Ley tiene tres aristas. La primera de ellas, que está, como todo lo demás, ímplícita en el reclamo del conocido intelectual, es lo relacionado con la obligación, justamente por lo constitucional, representada en aquello de lo participativo y protagónico. Es indudable que se intentó presentar a la ANC un proyecto de Ley de gran envergadura, tanto como que se habló de “leyes constitucionales”, con la aspiración que se aprobaran de inmediato, no sujetas a referéndum, sin someterlas a discusión amplia en el seno de los partidos, empezando por el del gobierno, las distintas dependencias del Estado, universidades, asociaciones científicas, instituciones muy representativas y con mucho por decir y hasta figuras, como Britto García, de secular adherencia con el pensamiento revolucionario y por el cambio de modelo.

No hay duda que, al momento de presentar el Proyecto eran muy pocos los venezolanos que lo conocían y menos en detalles. Esto es tan cierto, que entre quienes han salido en defensa del mismo, uno de los argumentos que han esgrimido al intentar, no desmontar las opiniones en contrario, sino descalificarlas, es que “han opinado de un proyecto de Ley sin conocerlo”. Y dijeron eso, porque ellos mismos lo desconocían.

Una figura importante del gobierno, en el momento que Diosdado Cabello había terminado de leer el primer capítulo del instrumento jurídico, el cual según se dice era distinto al original, al que criticó Luis Britto, pues con rapidez optaron por recoger algunas de las advertencias de carácter legal, dijo por twitter, le cito casi textualmente, “he oído la lectura dada por Cabello al Primer Capítulo del proyecto y no hallo en él ninguna colisión con la constitución”.

Aparte del asunto de si ese personaje es apto para definir con exactitud eso, lo que viene al caso estrictamente hablando, es que él mismo, alta figura del gobierno, de esa manera, confesaba que se estaba enterando por boca de Diosdado desde la ANC del contenido de parte del Proyecto.

Apenas dos días atrás, Luis Britto García había advertido de los peligros que representaba aquél proyecto, el que él conoció y del cual hizo varios observaciones de carácter jurídico, formal, como que algunos de esos artículos contradecían lo constitucional, pero también esos mismos y otros más, violentaban o colidían con los intereses nacionales en materia petrolera y otros asuntos estratégicos, que la actual carta magna protege por disposición del constitucionalista del 99 y el fervoroso deseo del propio Hugo Chávez.

Es decir, Luis Britto, en su crítica aborda las otras dos aristas del asunto, el peligro que pudiera haber colisión con lo constitucional y en la aprobación de normas que contradijeran la responsabilidad y el deber de quienes actúan como herederos de Chávez. Y que Violentaran lo establecido en el Plan de la Patria y lo que es coherente con el propósito de alcanzar la ansiada independencia.

Y de estos asuntos sustanciales, inherentes a lo estratégico de la llamada Revolución Bolivariana, como lo es lo participativo, protagónico, el derecho de la gente a ser consultada e irreverente; el cuidado de mantenerse fieles y por demás respetuosos de la CRBV y a los principios establecidos en ella para construir nuestra definitiva independencia, no se habla. Eso se elude y se cae en un debate posterior de baja calidad donde lo que prevalece es el insulto y el deseo de descalificar a quienes tuvieron la valentía y la honra, no solo de discrepar, sino advertir, a quienes pudieran actuar con buena fe y decencia, pero con ligereza y descuido, de los peligros que pudiera haber en el primer proyecto. Porque a esta altura, sin opinar aun sobre lo sustancial de lo acordado, no cabe duda que hubo dos proyectos.

De lo además malo que hubo en esto, aparte de intentar evadir la discusión, la que tampoco se dio en la magnitud y amplitud debida, manejar con ligereza asuntos de tanta envergadura, justo por el proceder mismo, como lo relacionado con lo constitucional y los principios inherentes a la independencia y el Plan de la Patria, estuvo lo de intentar desmentir, para no decir descalificar, pues se trataría de algo muy cuesta arriba, a quienes opinaron con propiedad sobre el primer proyecto.

Y uso el plural porque no sólo habló u opinó Luis Britto García, sino también lo hizo desde la perspectiva del jurista María Alejandra Díaz y Pascualina Curzio con la visión del economista, de nuevo puesta en la defensa del salario. Y con perdón, voy aquí a detenerme un poco. El proyecto inicial, por boca de Pascualina, contenía referencias a la remuneración de los trabajadores y en esto ella hizo una observación sustancial, pues en él se habló en un lenguaje según el cual no se harían aumentos salariales, con los ingresos derivados de la Ley, sino se continuaría con la política de bonos que, entre otras cosas, desconoce el derecho de los trabajadores a contratar, recibir esos aumentos en las prestaciones sociales, vacaciones y aguinaldos y jubilación. Y además, continuaría el Estado pagando la nómina del sector privado, por lo menos en materia de bonos y con esto también afectando el salario en ese universo, mientras se le alivia la carga al patrón correspondiente. Y en el segundo, el aprobado, y que en “discusión”, sin haber discusión alguna, aparece tal como como lo denunció Pascualina Curcio.

Por último, en la plenaria de la ANC y con posterioridad se ha venido utilizando con demasiada indelicadeza y extrema falta de respeto, la figura de Herman Escarrá para confrontar lo dicho por los críticos, particularmente por Luis Britto García. Ya en las redes, mucha gente que se muestra partidaria del gobierno y con demasiados signos de desconocer el fondo del asunto y significado de las personas en cuestión, se han hecho eco de la formalidad del proceder. Para matar el mensaje hay que matar también al mensajero y por esto uno lee de esas personas, opiniones deformadas y hasta tristes, tristeza que nos deparan ellos mismos, donde intentan descalificar al ya viejo militante revolucionario.

Herman Escarrá, es sin duda, un conocedor del derecho constitucional. Pero también es y ha sido por años un político que hizo carrera dentro de la derecha siendo su formación cultural – llámela usted, si le parece, ideológica – inherente a esa su escuela original. No cuesta mucha a los muy jóvenes y a viejos olvidadizos, conocer el rol desempeñado por el constitucionalista del cual hablamos en los tiempos de Chávez. Pese sus conocimientos de la materia constitucional o quizás por eso mismo, dio demostraciones de saber elaborar discursos más o menos coherentes, para hacerle pensar a mucha gente buena que había fundamentos legales para tumbar a Chávez. A él se debe que entonces se interpretase a los artículos 350 y 333 constitucionales como propicios a promover una sublevación y hasta guarimbas. El dio soporte falsamente “legal” para que la derecha desarrollase y desatase la violencia en una larga etapa de la vida venezolana que todavía no termina, porque los planes de invasión siguen y fundamentándose en eso.

Estuve y estoy entre quienes dado el momento que Escarrá se mostró como arrepentido de todo aquello y optó por incorporarse a quienes luchábamos por un nuevo modelo de país, se le aceptase porque aquello que a nadie se le tapia. Por eso, cuando escribo esto no me motiva nada contra él. Lo que me parece grave es que se le haya escogido, y él mismo haya aceptado triste rol, habiendo sido lo que fue y sólo un experto constitucionalista, para tratar de descalificar o restarle valor y pertinencia a las opiniones de un intelectual de esos que Gramsci llamó orgánicos, calificación de tanto gusto de Chávez, que se utiliza para definir a la clase de revolucionarios como Luis Britto García, que no lo ha sido de un momento, sino “toda la vida”, recordando al gran intelectual orgánico que fue Mario Benedetti.

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