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Antonio Urdaneta Aguirre: El valor de la unidad

El término unidad es utilizado, la mayoría de las veces, sin tener conocimiento pleno de lo que dicho valor representa como cultura. Hablo de este modo, porque la única manera de desarrollar el potencial y la fortaleza del espíritu unitario, es haciendo de éste un bien cultural. Cualquiera otra forma de invocar la unidad, es incursionar en los predios de la falacia.

El concepto de tan significativo valor donde su utilidad es más precisa, es en la conciencia de cada individuo. Sin este supuesto, si así se le quiere considerar, es imposible la unidad social, la unión real de los entes colectivos. Todos los fracasos que se han acumulado al respecto, a través de la historia, constituyen un testimonio elocuente, en relación con las dificultades que es necesario vencer, a la hora de intentar unificar criterios y voluntades, en función de alcanzar un objetivo común.

En Venezuela, para colocar bien cerca el ejemplo, si se hace un paneo en procura de describir el lado contrario de la unidad, encontramos que la mayoría de los esfuerzos que hacen los diferentes sectores sociales para organizarse en función de sus intereses como colectividad, han resultado infructuosos en cuanto concierne a una verdadera unificación. Es difícil sentirse plenamente satisfecho con el desempeño del liderazgo nacional y regional, en ese sentido.

Ciertamente, si extendemos la mirada hacia el horizonte gremial, allí están los educadores divididos en una docena de sindicatos e igual número de federaciones nacionales, aproximadamente. Este sector laboral, profesional de primaria importancia en la sociedad, entre 1969 y 1980, para ilustrar con buena parte de un período que resultó fructífero para los trabajadores de la enseñanza, logró importantes reivindicaciones económicas, aceptables condiciones laborales y, como si fuese poco, sus derechos sindicales. A estas alturas, lamentablemente, más del 70% de las conquistas alcanzadas se han perdido. ¡La proliferación de grupitos sindicales acabó todo!

Una segunda muestra, de relevante elocuencia es el triste espectáculo que se vive en la política democrática y opositora de nuestro país. Todos los ensayos unitarios, en vez de aglutinar voluntades en función de objetivos precisos, lo que hemos visto en el tiempo es más dispersión. En las pocas veces que, a duras penas, se ha preservado el espíritu de unidad, los triunfos han sido indiscutibles. Hoy Venezuela es un modelo para el hambre, la miseria y la muerte. Es obvio que el primero y casi único culpable es el régimen y los factores de poder que lo sostienen. Pero la oposición democrática ha contribuido al empeoramiento de la situación.

Finalmente creo conveniente concluir este trabajo con una sugerencia: la unidad en las actuales organizaciones sociales es todavía un sueño de ingenuos. Es necesario empezar en cero; es decir, en donde debe comenzar: en la familia. Tengo evidencias inequívocas para afirmar que la práctica de la unidad, en el seno familiar, se traduce en cultura; ésta, a la vez, facilita su progresividad en el ámbito social.

Educador – Escritor

urdaneta.antonio@gmail.com- @UrdanetaAguirre

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