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Carolina Gómez-Ávila: La ruta clara

El jueves pasado, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) publicó una exhortación pastoral «sobre la dramática situación social, económica, moral y política que vive nuestro país». Como con cualquiera de sus comunicados, todo el que siga la actualidad política de cerca, le dedica especial atención.

No tengo muy claro por qué. Me temo que la Iglesia católica ya no tiene el poder moral que tuvo sobre el pueblo de Venezuela, porque la franquicia evangélica sedujo más y ahora cuenta con el apoyo del Estado. La Iglesia católica, que tenía influencia en el estamento militar, hoy en día apenas parece tenerlo sobre el sector empresarial —o viceversa—, de modo que sus documentos pueden dejarnos ver cierta inflamación de su vena antipolítica.

Como noto en el punto 8 de su exhortación. Allí, la CEV repite una de Perogrullo: «no basta la simple abstención para poner en evidencia la ilegitimidad del proceso y alcanzar el cambio político tan deseado», que más de uno considerará que equivale a acusar de incompetencia a la coalición democrática. Acto seguido llama a toda la sociedad civil —donde son actores principales los partidos políticos— a unirse para acompañar las protestas cotidianas y, aquí lo que objeto, a «establecer una ruta clara para la transformación política».

Una ruta clara, dicen. Ese es el reclamo que repite la población menos informada, que es la que exige un indebido protagonismo en la tragedia nacional. Un reclamo que sabe explotar muy bien la antipolítica que suele ser populista.

Me pregunto cuánta claridad en la ruta reclaman los señores obispos. Me pregunto si será sólo la necesaria para que la dictadura pueda ponerle trabas o esperan que sea total, de modo que pueda impedirla.

A los prelados no hay que decirles lo que ya saben: que las estrategias en la lucha por el poder, si no son secretas, están condenadas al fracaso. Tanta sensatez para el diagnóstico no puede terminar con una receta tan irresponsable. No hay una ruta más clara que protestar exigiendo elecciones presidenciales y parlamentarias, libres y justas, con todo el apoyo que se pueda conseguir del resto de los países del mundo.

En cuanto a los personalismos, me pregunto si la CEV habrá sopesado que, con exhortaciones como esta, antes que conjurarlos, los estimula, pues llenan de desesperanza a quienes tratamos de descifrar si podemos arriesgarnos en las calles porque todos están de acuerdo, o todavía tenemos que depurarnos de políticos mediocres que postergan el interés de la nación por el suyo, de hacerse con el liderazgo opositor.

Pienso que la conferencia debe saber que la cizaña aleja la posibilidad de que se entienda que aquí no queda tiempo para dirimir liderazgos internos. Pienso que, en vez de publicar advertencias que revelan su intención de controlar al liderazgo político, podrían intentar ser la voz del pueblo urgido de democracia y transmitir el indubitable mensaje de que hay que remar todos en la dirección que marquen los líderes que elegimos la última vez que eso se podía hacer en nuestro país. Este es mi exhorto al obispado, antes de que redacten su próxima pastoral.

@cgomezavila

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