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Johnny Galue: Nosotros; Calderón Berti y Antonio Ledezma

Los venezolanos, no queremos más circos, ni espectáculos, sino políticos serios con propuestas serias. Esta deberá de ser, la propuesta para abrir el camino, entre las fauces de un régimen abusivo, corrupto y que desprecia profundamente a los venezolanos.

La necesidad del resurgimiento de una propuesta política al País, ante las contradicciones y desasosiego de los opositores venezolanos. Bien lo ha expresado Monseñor Roberto Lückert León. El yo, interno, de operadores que juegan a ser políticos, ante la crisis política creada por esta generación de políticos del 2000,  juega el papel principal de esta propuesta. Como bien se nos dice, todos somos imbéciles, al pretender participar en unas elecciones de gobernadores y Alcaldes, que anuncia el régimen, para pretender justificar el control del Poder legislativo nacional, resultado de un fraude electoral, para luego imponerles un protector.

Los pretenciosos, los sin experiencia, sueñan con llegar por elecciones, con dos o tres twitter, por tener un whatsApp o un par de vídeos denunciando lo que ellos mismos quisieran hacer, si alcanzaran el poder o tal vez peor, como siempre sucede en política. Lo cual sería hasta entendible, pues tienen mucho tiempo aspirando aire. Es la ley no escrita del que reparte.

Tras más de veinte años de agitación política, en la que sectores de la anti política comenzaron su labor de resquebrajamiento del bipartidismo, creo que podemos recuperar el terreno que los legitima para encabezar una fórmula política de recuperar al País. Repito una fórmula no una candidatura. Este País, se encuentra, hastiado de la confrontación entre politiqueros oportunistas, en la que quiere optar, por un progresivo y moderado cambio que deberá abrir camino, entre las fauces de un régimen abusivo, corrupto y que desprecia profundamente a los venezolanos.

A pesar de la herida de muerte asestada a la democracia, estos dos venezolanos, sobreviven con desigual grado. La realidad ha constatado que la ilusión que los venezolanos tenemos, gobernados por los políticos, más corruptos de la historia venezolana como del mundo, deje el poder, se deben producir los cambios para la rehabilitación de las instituciones, no pueden darse de manera tan brusca como deseamos. Ahora, es cuando vemos con claridad nuestra ingenuidad, el progreso, esa tendencia natural que configura la existencia en todos sus ámbitos (físico e intelectual, individual y colectivo) no se da de un día para otro, pues requiere un proceso gradual que ayude a que toda la sociedad lo asimile usando los tiempos precisos.

Esta propuesta, que hacemos, indiscutiblemente va a capitalizar no sólo, el voto pragmático, desconfiado, el de los que no creen sin ver, el de los que prefieren lo malo conocido. Ese espacio mayoritario, según nuestros sondeos,  iríamos a capitalizar, también el voto emotivo. En este corto tiempo, esta propuesta, dará la victoria a los venezolanos, lo que no, nos exime de realizar el supremo y constante esfuerzo de demostrar, que los venezolanos, no somos ni hijos de Chávez ni de Maduro.

Este ejercicio de la propuesta política, debe estar dirigida, para acumular méritos, para ofrendar al país, la propuesta política, que sirva y sea útil, para enaltecer desde la oposición, una presidencia electoral o de transición, firme, sensata, fiel a los principios básicos, aunque más flexible que rígido cuando ciertas batallas no ofrezcan mejores posibilidades.

Es el turno de un gobierno para un ejercicio público de propuestas, para reconstruir al País. Que servirá para que la ciudadanía compruebe, por un lado, la solución de la crisis. Por otro, verificará, que no son de derecha ni de Izquierda, que no viven en mundos separados, cuando el interés del País está en juego.

La política está evolucionando y toca hablar abiertamente y sin subterfugios, que se superen de una vez la infantil y deplorable escenificación de los todos contra todos.

Hoy no deberían valer “tecnicismos hipócritas”. La política está evolucionando y toca hablar abiertamente y sin subterfugios, que se superen de una vez la infantil y deplorable escenificación del todo contra todos.

Nos referimos, a negociaciones formales en torno a cuestiones de carácter político, el venezolano, no quiere más circos ni espectáculo, sino políticos serios con propuestas serias. No quiere, en definitiva, esos comerciales de sí mismo, a los que nos ha acostumbrado este régimen, sino honrados y comprometidos representantes públicos.

La campaña del miedo ha mostrado, el trato de evidente desprecio intelectual por parte de los poderes públicos hacia el pueblo. Nos han tratado como a niños y hemos respondido como tales. Si elevan el nivel intelectual, propositivo y pedagógico del debate, sin duda estaríamos a la altura. Esto depende, como tantas cosas, de la voluntad de los dirigentes.

Las circunstancias mandan, pero lejos de olvidar el ideal que nos mueve y atrae, debemos perseguirlo desde la realidad que nos oprime. El camino que queda por recorrer, al igual que el que dejamos a nuestras espaldas, es absolutamente apasionante.

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