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Luis Fuenmayor Toro: Fundayacucho se burla de jóvenes becarios y del presidente Maduro

En junio del año pasado (2020), un grupo de jóvenes profesionales y bachilleres fueron convocados por la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, para competir por una beca de estudios respaldada en un convenio entre la Federación Rusa y la República Bolivariana de Venezuela. De acuerdo a lo estipulado por el calendario académico ruso, los becarios deberían haber iniciado sus actividades de formación en septiembre de 2020, lo cual no sólo no ocurrió, sino que al parecer no ocurrirá por la negligencia e indolencia de la fundación mencionada y del Ministerio de Educación.

A los becarios escogidos se les dio un lineamiento preciso de la Presidencia de Venezuela: “Cursarán estudios en las mejores universidades rusas en diferentes áreas del conocimiento, con el objeto de sustituir el modelo económico rentista por un modelo económico-productivo para el desarrollo del país”. Se añadía que “Este grupo de venezolanos se formará en la Federación Rusa para fortalecer la economía nacional, a través de los 15 Motores Productivos que conforman la Agenda Económica Bolivariana, puestos en marcha ante la guerra económica que la oligarquía nacional e internacional ha desatado contra el pueblo”. Más de 6 mil jóvenes acudieron al llamado que se les hizo.

Con posterioridad el Presidente pregunta al Ministro de Educación, quien también preside la Fundación, sobre cuantos aspirantes fueron aceptados en el programa que se iniciaba. Fueron 60 responde el Ministro, “como 60 fueron los hombres que, comandados por Cipriano Castro, en octubre de 1899 llegaron victoriosos a Caracas. Los 60 becarios aceptados, llenos de la emoción y esperanza que invade a todo becario, que se siente a punto de alcanzar uno de sus mayores sueños, corrieron a cumplir las exigencias administrativas: obtención del pasaporte, certificación de títulos y notas, además de un curso online con tutores designados por las universidades rusas.

Luego de sortear todas las dificultades administrativas, incluyendo las de la pandemia, se someten al peor de los dramas, comunicarse online con los tutores rusos. Sin electricidad por largos y numerosos períodos, sin señal de Internet, sin equipos adecuados. Pero al igual que Cipriano, estos 60 jóvenes se sobre ponen al drama del país y concluyen las primeras etapas de nivelación, un esfuerzo si se quiere sobrehumano, pero siempre con la esperanza de marchar a ese gran imperio, que, para el presidente Maduro, es un imperio bueno.

Tras un escollo administrativo aquí y otro allá, cuando todo parece estar listo, la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho prácticamente desaparece de la vida de estos becarios. No da respuesta a los sueños prometidos por el presidente Maduro. Ya febrero termina, y hace ocho meses del anuncio presidencial sin que el mismo se haya cumplido. Mientras que aspirantes del resto del mundo, convocados por la Federación Rusa, ya están en suelo ruso, en Moscú, San Petersburgo y otras ciudades, los 60 de Cipriano ni siquiera saben si les cumplirán la promesa que les hicieron. Sus tutores rusos muestran una gran preocupación por la tardanza de la llegada de los 60 venezolanos.

La Embajada Rusa guarda un total hermetismo. Los jóvenes y sus familias se hunden en el desespero y aunado a ello, el Presidente, posiblemente creyendo que su anuncio de junio 2020 se ha cumplido, hace un llamado a otro grupo de jóvenes para que opten por la Beca 2021. No sé qué dirá Aristóbulo de esto, ni siquiera si lo considera importante y parte de sus responsabilidades. Es una burla macabra que se le ha hecho a estos jóvenes y un engaño al país.

Me gustaría que alguien le llevara este escrito a Nicolás Maduro, para que vea como se cumplen y de qué manera sus instrucciones. Esperaría que algún diputado opositor, le dedique unos minutos de su precioso tiempo para darle esta información a Jorge Rodríguez. Es insólito que se trate de esa manera los sueños de unos jóvenes que, a pesar del desastre existente, han dicho “presente” ante el llamado a prepararse. Se está a tiempo corregir un exabrupto contra un sector vital para el país: su juventud.

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