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Pedro Morales: Gaslighting

Los originarios del cristianismo de los siglos I al IV d.C. consideraban con enorme convicción, que la vida en base a la satisfacción de sus necesidades espirituales, estaba influenciada por una dupla de poderes contrapuestos: el divino consustanciado por el amor de Dios, y el reflejado por la fuerza de la  maldad por parte del diablo. De manera que el empeño perenne  se concentraba en la búsqueda incesante del origen del mal en el ser.

“El mal y su personificación en una figura opuesta a Dios ha inquietado a todas las sociedades, que a lo largo de su historia han desarrollado distintas concepciones más o menos populares que han pervivido hasta hoy. Sin embargo, es preciso recordar que esa figura maligna que comúnmente se identifica con el adversario de Dios tiene una historia muy larga y unos orígenes que se pueden rastrear en toda una literatura no sólo cristiana sino también pagana. (Brotóns, 2015, pp. 10)

“El diablo cobra una personalidad más definida cuando los textos comienzan a referirse a Satanás, traducción del hebreo Satán, nombre que aparece en el Antiguo y con más frecuencia Nuevo Testamento, lo que nos permite seguir la evolución de la figura maligna (Brotóns, 2015, pp. 11)

Por otra parte según Amorth (2017, pp. 36):

“Vivimos en una época en la que el demonio no quiere ser reconocido: su victoria es que la gente no quiera creer en su existencia. O se cree en Dios o se cree en Satanás, es la fundamental expresión del Evangelio: “El que no está conmigo está contra mí” (Le 9, 23). Este es el principio. El demonio hace de todo para no ser reconocido, y todos aquellos que no creen en la existencia del demonio están a merced de él. El demonio es astuto, actúa en silencio, sin dejarse ver, sin hacerse sentir.  Ahora bien, contra Jesús está solamente Satanás, por lo cual, quien no está con Jesús, está con Satanás, aunque no crea en la existencia del demonio, aunque nunca haya oído hablar de él. Pero si uno no está con Cristo, está con Satanás”.

El gaslighting o “luz de gas”, es una técnica engañosa de manipulación emocional y/o espiritual, principalmente por parte de un individuo o grupo de personas con alteraciones de la personalidad, asumiendo entonces el  perfil de psicópata(s) o sociópata(s), y  en consecuencia caracterizado(s) por ser narcisistas, en otros casos impulsivos y siempre con conductas anómalamente controladoras. Además, de forma desleal, inmoral, antiética y en absoluto anticristiana, influyen y alteran perjudicialmente el comportamiento y las percepciones de otra  persona o población en un número significativo; esto mediante el empleo de un conjunto de técnicas y actos subliminales de maldad, en lo que refiere por ejemplo, a la cultura del menosprecio y ridiculización, la calumnia y descalificación, la indiferencia e insensibilidad, la humillación y la soberbia, la desconsideración e irrespeto, etc. Frases en este ámbito: “No importa pero tenemos patria” o “Vamos bien, poco a poco, pero vamos bien”.

El gaslighting se sostiene gracias a la activación de mecanismos nocivos de negación continua y persistente de todo aspecto que sea obvio e incluso sensato. Cuando una persona es sometida a esta aberración psicológica durante mucho tiempo, comienza a volverse inestable y además comienza a sentir que sus propias creencias (incluso las religiosas) son ilegitimas. Oportuno en este momento tener en cuenta, que cuando una persona comienza a dudar de sí misma, es un indicador significativo para percatarse de estar acechada por fuerzas negativas contrarias a su salud integral. En tal sentido, presentar un estado de ánimo caracterizados por tener al mismo tiempo dos emociones opuestas hacia la misma situación o persona, son signos inobjetables de ambivalencia: por ende existe una grave y dañina manipulación.

Síntesis concluyente:

Indudablemente nuestro Dios omnipresente, omnisciente y omnipresente, tiene un rival de mucho menor peso, llamado satanás o el diablo, pero de gran enemistad para tener en cuenta por su malévolo desempeño en contra del plan de la Divina Providencia. En ocasiones se le identifica como el “enemigo”, y como su tarea es hacer el mal también se le conoce como el maligno. Pero además se vale de colaboradores o servidores  humanos, para llevar a cabo su proyecto pecaminoso y destructivo del ser en su integralidad cuerpo, alma y espíritu, que se ha desarrollado incluso desde el mismo instante de la creación (a propósito también coincidente con la partícula de Dios o bosón de Higgs) cuando se vislumbró las primeras acciones diabólicas de manipulación engañosa o gaslighting en contra de los progenitores de la humanidad.

En efecto, estas maniobras se observa en Génesis 3,1-5:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?  Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.  Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”.

Referencias:

1) Amorth, Gabriele (2017). Mi encuentro con el diablo: https://bit.ly/3hInSHo

2) Brotóns, María (2018). El diablo en la literatura griega del cristianismo primitivo: https://bit.ly/2UTLlMM

3) Emisora Costa del Sol  (2021). Resiliencia espiritual: https://bit.ly/3reVBvf

3) Fortea, José (2020). Exorcismo en Archena: ángeles, demonios, posesión diabólica y exorcismo: https://bit.ly/3rc456B

5) Galán, Jaimes & Figueroa, María (2017). Gaslighting. La invisible violencia psicológica: https://bit.ly/3iiVJFV

Fuente: “Perspectiva Económica y Académica Contemporánea”. UNET. Años: 2018 al 2021. Pedro Morales. pedromoralesrodriguez@gmail.com  @tipsaldia. WhatsApp: +584168735028

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