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Arminda García: Pensamientos automáticos

Es oportuno iniciar este análisis, definiendo en qué consisten los pensamientos automáticos, ya que así, contaremos con un punto de partida para entender cómo manejarlos  y tener mejor control de ellos. Consisten en, esas imágenes, ideas, diálogos internos, que usualmente nos generan una versión de la realidad muy subjetiva y personal, en cuanto a, las circunstancias que nos rodean y a nuestra realidad.

Por esta razón, es propicio aprender a detectarlos para que no nos generen una visión exagerada o distorsionada, que nos pueda afectar. Al tratarse,  de un comportamiento  que se repite frecuentemente sin que nos demos cuenta, se presentan de forma rutinaria, pero, no  siempre son ciertos aunque nos parecen creíbles, ya que, no los cuestionamos.

Estos, son aprendidos, se establecen en nuestra mente y se convierten en creencias difíciles de evitar. Simbolizan, esos mensajes presentes en forma de monólogo interior, que hacen una interpretación propia de nuestra realidad en forma de pensamientos recurrentes. Lo que nos debe preocupar, es cuando, tienen demasiada incidencia en la mayoría de nuestras circunstancias  y en determinados hechos.

Del mismo modo, debemos tomar medidas para evitar caer en esas generalizaciones, es decir, en el pensamiento instantáneo, intentando ser más racionales, procurando adoptar  una visión más real y verdadera. Se tratan de mensajes contundentes, sin oportunidad de ser reflexionados, que tienden a afianzarse, convirtiéndose en un torbellino del cual es difícil escapar.

Se hace importante recordar que, estas ideas surgen cuando somos niños, se arraigan en la adolescencia manteniéndose en la edad adulta, pues, llegan para quedarse. Además, son muy difíciles de detectar. Sin embargo, una forma de controlarlas es prestando atención, identificando qué las  causa, así como, las emociones que giran en torno a ellas.

También,  se recomienda  tratar de contrarrestarlos, estar prevenidos, de manera que tengamos oportunidad de percatarnos, cuando se presenten y una vez que lleguen,  cuestionarnos sobre su certeza. Así, podemos también en ese momento realizar un análisis comparativo, para no olvidar  tanto nuestras fortalezas, como los aspectos desfavorables  que  nos caracterizan.

Finalmente, debemos detectar cuáles son esas ideas que se presentan de forma repetitiva, cuestionar lo que nos decimos en el pensamiento y preguntarnos si son verdaderas esas afirmaciones.  Tratemos de observarnos de la manera más objetiva posible, para así, ser más condescendientes con nosotros mismos y darnos valor, en base a lo que somos.

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