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Ovación para Lorenzo Vigas y buenas críticas por La caja en Venecia

Lorenzo Vigas con los actores Hernán Mendoza y Hatzin Navarrete en la presentación de “La caja en Venecia”

El director venezolano Lorenzo Vigas fue ovacionado de pie este martes en la Mostra de Venecia tras la proyección de su película La caja, con la que opta a su segundo León de Oro.

El filme, centrado en la ausencia de la figura paterna en Latinoamérica y sus repercusiones, es el esperado regreso del cineasta venezolano, que en 2015 se convirtió en el primer latinoamericano en llevarse un León de Oro por Desde allá.

La caja, además de ser ovacionada y aplaudida en Venecia, recibió buenas críticas en diarios como El País o El Mundo. “Con tacto y respetando las distancias de seguridad y prudencia, La caja consigue sortear el siempre crítico momento de la anécdota. Y de este modo adquiere por momentos la profundidad y brío de una teoría estética general sobre la orfandad”, dice Luis Martínez, de El Mundo.

Mientras que en El País señalan: «Conmovió con la pérdida de inocencia de un adolescente en busca de su padre. Cuando, en ambas proyecciones (se refiere también a El acontecimiento, de Audrey Diwan), las luces se encienden, queda el mal cuerpo. Y tarda en marcharse».

La caja es la historia de Hatzin (Hatzin Navarrete), un niño que acude a recoger los restos de su padre en una fosa común en el violento norte mexicano, donde los cárteles ejercen su poder.

Lorenzo Vigas busca el arquetipo del padre (y líder) latinoamericano en La caja

El joven empieza a dudar del paradero real de su padre al encontrarse en la calle con un hombre (Hernán Mendoza) que se le parece y a quien comienza a seguir en busca de la verdad.

Vigas, venezolano afincado en México, cierra con La caja una trilogía sobre la figura del padre que arrancó con Los elefantes nunca olvidan (2004), premiada en la Semana de la Crítica de Cannes, y que siguió con la aclamada Desde allá.

La idea era mostrar el arquetipo del padre latinoamericano, aunque no como un tema personal dada la buena relación que el cineasta mantuvo con su progenitor, el pintor Oswaldo Vigas, a quien dedicó el documental El vendedor de orquídeas (2016).

«En Latinoamérica es muy común que las madres críen a los niños porque muchas veces los padres no están en casa y mostrar cuáles son las consecuencias de eso», indicó Vigas.

El Nacional

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