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Luis Fuenmayor Toro: Resultados de las elecciones de gobernadores

Desde hace muchísimo tiempo me convencí que en la política los errores se pagan caro. La izquierda venezolana pagó durante décadas su fracasada aventura violenta contra la democracia representativa naciente, fracaso sobre todo debido a que la convocatoria a las armas, con todas sus consecuencias nefastas, era prácticamente con el mismo programa político del que, por vía pacífica, llevaban a cabo Acción Democrática y COPEI. Programa, dicho sea de paso, que continúa vigente luego de 18 años de “revolución” chaveca, por lo que tampoco fueron necesarios los muertos, heridos y encarcelados de los golpes de febrero y noviembre de 1992. Lo mismo podemos decir de la violencia, con sus conocidas trágicas consecuencias, de la insurgencia habida entre abril y julio de este año, así como de las de 2014 y 2002. No se entiende para qué tanta violencia y destrucción si al final los gobiernos resultantes no significan cambios cualitativos de las realidades vigentes.

Luego de su triunfo electoral en diciembre de 2015, la oposición de la MUD se engolosinó y creyó tener a Dios “agarrado por la chiva”. De la arrogancia surgió la inmediatez, que aspiraba lograr cambios sin tener en cuenta sus fuerzas reales ni las del adversario a vencer. Pasamos en pocos meses por la “renuncia de Maduro”, el “Maduro colombiano”, la enmienda, convocatoria a Constituyente, hasta llegar al revocatorio que, aunque fue el único que tuvo gran respaldo popular, no gozó de las simpatías de la dirección política de la MUD, pues su impulsor era Henrique Capriles y de triunfar se convertiría en el candidato presidencial indiscutible de la oposición. Vencido políticamente el revocatorio, apareció la aplicación del artículo 350 de la Constitución, para desconocer al Presidente y el 333 para respaldar todas las acciones dirigidas a restablecer la vigencia constitucional.

La acusación de abandono del cargo por Maduro vino luego, cuando era más que evidente que si alguien ejercía su cargo en todas las formas posibles era Maduro; se lo destituyó y, luego de una consulta de la MUD, aprobada por sus seguidores, se trabajó en la conformación de un gobierno paralelo. Se designó magistrados del TSJ, quienes se juramentaron hace poco en un salón de la OEA, bajo el patrocinio de Almagro, y que tendrían éxito como gobierno en el exilio si la intervención extranjera sigue su escalada. Todo ello aderezado por numerosas y multitudinarias movilizaciones, que luego lamentablemente fueron sustituidas por desafíos violentos de baja intensidad, entre grupos vanguardistas de la MUD y las fuerzas del orden público, con saldo trágico de más de 130 fallecidos, miles de heridos y detenidos, paralización de ciudades y destrucción de todo tipo.

Luego de impulsar todo lo anterior durante 18 meses, sin interrupciones, bajo el engaño de que a Maduro sólo le faltaba un empujoncito, la MUD cambia de dirección sin mayores explicaciones y se monta en unas elecciones de gobernadores, que de paso venía exigiendo y estaban retrasadas, en la creencia de que el rechazo al desastre del gobierno era suficiente para que la gente la respaldara sin chistar. Pero no fue así. Tampoco lograron la unidad total, por lo que tuvieron que ir a unas elecciones primarias, como si fueran unos comicios normales, y no pensaron en las heridas y resquemores que dejan estos procesos. Una parte de sus dirigentes emblemáticos se embarcó también en una campaña abstencionista. Añadamos a este negativo cuadro los efectos de las acciones ilegales del Gobierno, a través de un CNE sin autonomía ni dignidad y sumamente tramposo, y tendremos el escenario que explica una abstención de votantes de la Mesa de 2,2 millones, en relación con diciembre de 2015.

Si nos vamos al análisis de la votación total del PSUV, encontraremos que aumentaron su votación en poco más de medio millón de votos en relación con la tenida en los 23 estados en diciembre de 2015. En aquella elección, el PSUV fue castigado por sus votantes con una abstención de 1,5 millones de votos, lo que le hizo perder la Asamblea Nacional y llevó al gobierno a actuar para atacar y defenderse de una MUD, torpe pero envalentonada. Las ejecutorias oficiales desde entonces, delictivas, demagógicas, populistas, clientelares, chantajistas y represivas, ayudadas por la actuación absurda de la MUD le han hecho recuperar al PSUV parte de esa pérdida tenida. Hoy, considerando que falta la votación de Caracas, decimos que los polarizados están parejos en el respaldo electoral que tienen. Se puede afirmar también que los 8 millones de votantes que eligieron la ANC nunca existieron, son inventados; ni siquiera publicaron las cifras. Lo mismo hay que decir de los 7 millones de votos 15 de julio pasado. Aunque la MUD movilizó más que el PSUV, no existieron en esa magnitud. Son muy alegres en el manejo de cifras cuando nadie los ve.

En conclusión, el fraude no está en la manipulación de la data electrónica. No está en el cambio de los resultados. Está en el ventajismo oficial de todo tipo, el peculado de uso por los candidatos del PSUV, en las decisiones ilegales, inconstitucionales, arbitrarias y cochinas del CNE y el TSJ (impedir sustituciones de candidatos, traslado compulsivo y no informado de centros y de votantes, retardo de decisiones obligatorias, obstaculización permanente de los trámites electorales) y en el uso discrecional del presupuesto nacional. El fraude está en el hostigamiento y agresiones a votantes opositores por paramilitares, en la inacción de la GN ante estos atropellos, en la interferencia de la labor de los testigos de mesa opositores, muchas veces sacados de los recintos electorales; en la propaganda gubernamental a destiempo, el reparto de bolsas CLAP, las indebidas presiones burocráticas. De todo hubo y habrá. Éste es un gobierno dictatorial y tramposo. Pero la abstención ocurrida no fue sólo ni mayormente por el fraude.

Pero todo lo anterior no significa que no se tenga que participar. Hay que dejar de lamentarse y hacerse una adecuada autocrítica. Es de esperar que el Gobierno adelante las elecciones faltantes: consejos legislativos, alcaldes y concejos municipales. A prepararse para enfrentar las condiciones que quieran imponer, pero también para pelear incluso en esas condiciones. Los grupos no polarizados, todos, deberían reunirse para ensayar participaciones alternas, que reivindiquen los intereses de la nación venezolana y comiencen a darle otro sentido a la política.

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