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Maryclen Stelling: Campanadas 2018

El país requiere, necesita y demanda diálogo y negociación para emprender y remontar la difícil cuesta del 2018. Año que amaneció preñado de deseos que van desde el espacio individual-familiar hasta los análisis políticos y económicos de carácter apocalíptico, aterrorizados y complacientes. Desde el ámbito internacional, cual leyendas dorada y negra, destacan dos voces. Por un lado, se resaltan “Las doce victorias del presidente Maduro en 2017”; mientras que por el otro, se plantea como solución a los problemas del país destituir al Presidente, Vicepresidente, y se solicita “asistencia militar” extranjera que “liberaría” a Venezuela.

En un contexto de crisis multidimensional, alertas de hiperinflación desbordada y con nuevo aumento de salarios, se desata una epidemia de rumores, expresión de peligros, miedos y desconfianza. Convertidos en una sociedad de riesgos e incertidumbres, impera la cultura de la desconfianza, caldo de cultivo para la exaltación fervorosa de rumores que, recogidos en relatos transmediáticos, dan cuenta y alimentan el clima de ansiedad e inseguridad de la propia existencia. Iniciamos el 2018 escindidos y debatiéndonos entre el riesgo y la esperanza, el miedo y la confianza.

La crisis acecha, persigue, embosca y nos afecta por igual. Sumergidos en un mundo impredecible e incierto, es difícil distinguir entre peligro y riesgo. El uno supone una situación real o potencial, presente en todo momento; el riesgo -en tanto amenaza y vulnerabilidad- es la posibilidad de un daño futuro. Sin obviar la crisis real, hay una rentabilidad económica y política del capital del miedo. Indudablemente, desde ciertos espacios políticos, tiene lugar la gestión interesada de los miedos contra la cual lucha el Gobierno con medidas económicas, políticas y estrategias comunicacionales. ¿Nos estamos convirtiendo en una comunidad del miedo?

Es imperante profundizar la lucha contra la corrupción, nepotismo, compadrazgo sin compasión. Deben revisarse los peligros de la relación clientelar como “forma de dominación política que remite necesariamente a clientes como actores pasivos, carentes de autonomía y capacidad de acción estratégica”.

Finalmente, y parafraseando a Antonio Gramsci (11/2/1917), “Odio a los indiferentes”, es momento de vivir, abandonar la estrechez de la ventana político-partidista y tomar partido, pero por Venezuela.

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