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Gehard Cartay Ramírez: Elecciones sí, pero como debe ser

 

La oposición democrática lo que está exigiendo es que las elecciones se realicen como lo mandan la Constitución y las leyes.

Sólo eso, amigo lector. Por desgracia, algo tan normal y corriente en un país democrático, aquí el régimen chavomadurista lo hace imposible. Esta patética situación demuestra, una vez más, la verdadera naturaleza del actual régimen y su control totalitario sobre instituciones que sólo deberían regularse por el Estado de Derecho y el ordenamiento legal. Por lo tanto, que la oposición tenga que negociar su participación en unas elecciones, ya es otra demostración de que aquí no existe una verdadera democracia.

Todo esto es aberrante desde cualquier punto de vista. Y así lo observa la comunidad de países democráticos que han venido denunciando la calamitosa situación de Venezuela. Para ellos es anormal que se tenga que negociar, como si estuviéramos en una guerra, algo que ya está definido por la Constitución y las leyes. Piensan, con razón, que esta es otra república bananera, donde el capricho totalitario de quienes están en el poder obliga a sus oponentes a sentarse en una mesa a discutir lo que no debería tener discusión alguna.

Pero así estamos en este desgraciado país. Precisamente porque el régimen no respeta las instituciones democráticas ni las leyes, la oposición tiene que discutir si se participa o no en unas elecciones que, según la Constitución venezolana, tienen fecha y están abiertas a todos los que deseen intervenir en las mismas. Pero como en los hechos no es así, entonces los opositores deben pasar por las horcas caudinas que supone negociar lo que el Estado de Derecho nos garantiza a todos y que debería ser de obligatorio cumplimento.

La actual tragedia venezolana, al igual que en otras ominosas épocas, es la de que aquí una cosa es la letra de la Constitución y otra la que dicta el régimen a través de sus verdugos institucionales. Se trata de un drama que nos ha retrocedido más de un siglo en nuestro devenir republicano y nos pone ante el mundo civilizado y moderno como un país donde la democracia cada vez se hunde más y, en paralelo, se consolida un modelo político y económico que hace tiempo debería estar en el basurero de la historia.

Pero, como dice la popular canción, “eso es lo que hay”. Y frente a tales adversidades, la oposición democrática no puede cruzarse de brazos. Debe continuar su lucha por mejores garantías electorales y porque se cumplan los lapsos eleccionarios que establecen la Carta Magna y las leyes de la materia. Y en esa lucha debe hacerse acompañar por los países democráticos que nos vienen apoyando, escandalizados con la dictadura chavomadurista y la tragedia humanitaria que nos afecta como pueblo.

Algunos pragmáticos y oportunistas no entienden la dimensión ética y moral que implica esa lucha y se contentan con recoger las migajas “participacionistas” que el régimen sacude en la mesa de conversaciones y que su lastimero colaboracionismo les hace presentar como si fueran un gran logro.

Sin embargo, mientras esas condiciones electorales y políticas no se garanticen plenamente, con el aval de la comunidad internacional, la lucha no ha terminado y sería  una estupidez hacerle el juego a los intereses electorales del régimen, que sólo buscan beneficiarlo para continuar en el poder todo el tiempo que le sea posible. No creo que sea muy difícil entenderlo.

Por supuesto que la vía electoral sigue vigente y debe ser abordada como cuestión de principios por parte de los demócratas. Pero esa vía debe garantizarnos a todos que nuestra participación no va a ser una farsa en modo alguno, ni que vamos a convalidar un fraude y mucho menos permitirle al régimen que se siga burlando de la buena fe de los venezolanos.

Elecciones sí, pero como debe ser.

@gehardcartay

 

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