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Johnny Galue: El imperio de la ignorancia

“Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Abraham Lincoln.

Dicen que Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, y Marcos Pérez Jiménez de turismo,  por los páramos Andinos, ayer mismo, se lamentaban en humos de unos buenos puros, que se esfumaban, la negligencia con la que los políticos venezolanos, de hoy en día, tan globalizados en todos sus sentidos, han descuidado, desprecian y desahucian el valor invaluable de nuestro patrimonio cultural, histórico y artístico, de todo eso, que nos hace pensar, sentir y ser.

Que lo malo de la ignorancia, es que va adquiriendo confianza a medida que se prolonga, que ella está más cerca de la verdad, para alguno pues no tiene perjuicios. Que gracias a la ignorancia, es que, la doctrina fatal de este régimen, pasa de la mente despiadada de los teóricos al cerebro confuso de los venezolanos. Que ha anochecido en el mundo moral de los venezolanos, por lo que hay que prender antorchas para alumbrar el razonamiento y la mente.

Sí, señores, un mal moral profundo nos invade, nos preocupa y nos atormenta. Ese mal moral, hay que quitarle el cuerpo y darle alma.

Para quienes se aprovechan de la ignorancia media, de quienes se encuentran, sumidos en ella. No es difícil manipularles. Es Diseñada especialmente para los que, aunque no lo digan, no les gusta pensar  y reflexionar, quizás,  para no verse obligados a actuar más.

Siempre habrá personas,  que se ocupen de trazarles los rumbos, recurriendo a una especulación reiterada, con publicidad y propaganda. Utilizando  también como instrumento la desinformación, proveniente de lo que creemos es información, se ha convertido esto, en la principal herramienta del dominio intelectual. Como son películas, libros, música, tendencias políticas, ideologías, modas, xenofobias, homofobias, racismos, discriminaciones, dejando de citar otras, de la lista.

El sentido humanístico y la espiritualidad, paladines de la era moderna son relegados, en aras de fabricar una cultura común a todas las especies.

Ellos, después de todo, saben y les han hecho creer, que la vida es muy corta, para emprender tareas de profundización y aprendizaje en aquellas materias que lo requieran. Que sencillamente, hay quienes lo hagan por ellos. Pero aunque parezca extraño, el facilismo tecnológico crea en algunos el espejismo del conocimiento, aceptando que es asunto del pasado. Solo que su ignorancia, a veces disfrazada de engreimiento, no le otorga, ni una picardía diestra para mirar hacia atrás y comprobar que, lo que él considera novedoso, ya fue hecho antes por otros y a lo mejor hasta aparece recogido como vieja tendencia de la historia.

La ignorancia, extensiva y contaminante, de la que muchos no recapacitan, vive en una cárcel cuyos barrotes ayuda a construir el propio ignorante.

 

Para liberarse de ella se requieren constancia tales como el aprendizaje, el rigor intelectual y la valoración crítica, libre de torpezas y sueños. Mientras no se logre, la ignorancia seguirá siendo el beneficio de los otros.

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