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Jesús Alberto Castillo: Estado fallido: ¿Qué hacer?

 

El 20 de mayo fue una gran lectura política en tres dimensiones. Primero, el pueblo, con su lenguaje silente, expresó su desconfianza a un árbitro que ha favorecido al gobierno. Segundo, la participación electoral de Henri Falcón sirvió para desnudar la naturaleza fraudulenta del sistema electoral. Tercero, Nicolás Maduro quedó al descubierto, interna e internacionalmente, que no tiene legitimidad. Estos elementos permiten resaltar que, además de la incontrolable hiperinflación, se ha profundizado la crisis política, cuyo desenlace pasa por la salida inminente de quien hoy detenta el poder desde el Palacio de Miraflores.

Por eso no es sorprendente que Maduro, una vez más, proponga un diálogo con las fuerzas políticas. De manera desesperadamente busca un salvavidas que le permita oxigenarse y no morir en el intento. El problema para él es su falta de credibilidad. Es decir, ya nadie le cree. Todo hace presagiar el surgimiento de mayores presiones para que no siga frente a las riendas del Estado. Los ciudadanos estamos presenciando un vacío de poder que, en los próximos días, obligará a los distintos sectores del país a consensuar una ruta que permita acabar con este Estado fallido existente en Venezuela.

Este reto implica necesariamente que las fuerzas que han venido adversando al régimen se reencuentren y asuman un propósito común que sea superior a los naturales intereses que se tejen en la arena política. En pocas palabras, debe propiciarse un sincero diálogo en los sectores democráticos, hasta ahora fragmentados, para suscribir una ruta política que permita acabar con este Estado Fallido. Pues, tal como se desarrollan los hechos desde el propio 20 de mayo, es insostenible la aguda situación económica y política que padecemos los venezolanos. El régimen no goza de legitimidad, mientras tanto los ciudadanos vivimos una severa crisis económica que pone en peligro nuestra propia existencia humana.

Nuestras apreciaciones se centran en que, ante un evidente fraude electoral, no hay presidente legítimo en Venezuela. Por tanto, no puede haber diálogo con quien no es reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras. La nueva ruta que han de asumir los sectores democráticos debe contemplar tres pasos fundamentales: a) La Asamblea Nacional tiene que decretar el Estado Fallido y exigir una intervención humanitaria, b) La comunidad internacional debe propiciar  la ayuda humanitaria y presionar para que en Venezuela se produzca un gobierno de transición y c) El futuro gobierno de transición debe estabilizar económica y políticamente el país para llamar en un lapso prudente a nuevas elecciones libres, universales y secretas.

Cualquiera pudiera estar pensando que esta ruta lleva consigo el germen del Golpe de Estado. Nada de eso está planteado. Tal situación se da cuando se atenta contra las instituciones democráticas. Pero en Venezuela no hay instituciones democráticas, sino una mafia política que, ahora enlodada del crimen organizado, ha sumido a la gran mayoría de los venezolanos a un estado de hambruna y violación de los más elementales derechos humanos. La intervención humanitaria lleva consigo un acto de justicia para acabar con este vacío de poder que se ha convertido en una gran pesadilla para los venezolanos. Hoy, más que nunca, los demócratas tenemos el gran compromiso de reinstitucionalizar nuestra república. Es ahora o nunca.

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