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Marianella Herrera Cuenca: En Venezuela todo el mundo esta pobre

 

El Pitazo / Génesis Carrero Soto, entrevista a: Marianella Herrera Cuenca, investigadora, profesora y médico nutróloga

Con el 87% de pobreza, una tasa de desempleo en 9%, la desescolarización de más de un millón de niños y la falta de recursos para acceder a bienes básicos, la afirmación de que “en Venezuela todo el mundo es pobre” es muy fácil de corroborar. Así lo refiere la profesora y médico nutróloga Marianella Herrera Cuenca, una de las investigadoras de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi)

El crecimiento de la pobreza de manera generalizada” y el “deterioro en la calidad de vida” son evidentes en la Venezuela de 2018, donde los estudios más recientes sobre las condiciones de vida de los venezolanos dejan constancia de que 9 de cada 10 ciudadanos de este país no cuentan con recursos para acceder a los bienes mínimos necesarios y de que el porcentaje de hogares pobres aumentó 38% en los últimos 4 años.

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2017 aporta estos resultados y Marianella Herrera, una de sus investigadoras, los califica como “críticos” y sostiene que son el resultado de políticas ineficientes, sin contenido y mal dirigidas. La médico nutrólogo e investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo (Cendes), expone que “en Venezuela todo el mundo es pobre”, haciendo referencia a la línea de pobreza y en el escaso acceso a los alimentos.

La profesora sostiene que las familias venezolanas atraviesan una crisis económica tan grave que ataca todos los aspectos de la vida cotidiana. “Es una crisis humanitaria, es compleja y cada vez se nos vuelve más compleja en la medida en que no se toman las reorientaciones y las políticas públicas adecuadas para enfocarnos en el camino correcto”, sostiene la especialista y miembros de la directiva de la  Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición.

“El avance de esta crisis ha sido desgastante, agotador y  se puede definir como una emergencia compleja, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Nosotros estamos en una emergencia  y cada vez que pasa más tiempo se vuelve más compleja porque no se toman las medidas que incluyan la atención a esa emergencia y la educación”, apunta la doctora.

Herrera contrasta su opinión con las cifras alarmantes de la Encovi que arrojan la pérdida de 11 kilos de peso en más de la mitad de la población, desempleo de 9%, aumento de 30% en la mortalidad materna y desescolarización de más de un millón de niños y adolescentes. Números aún más visibles en los barrios, donde se puede palpar lo que significa vivir en la miseria.

¿Cuál ha sido el factor que ha incidido más en el aumento de la pobreza en Venezuela, que según La Encuesta sobre Condiciones de Vida 2017, (Encovi), subió más de 10 puntos en un año?

–Definitivamente este no es un proceso que ocurrió de la noche a la mañana, es un proceso que viene gestándose hace más o menos una década; todo lo que estamos viviendo  en términos de pobreza y ese incremento alarmante que ha tenido en los últimos dos años se debe a la falla en la orientación de políticas públicas que tienen que ver con un elemento transversal a todo el sector económico.

Este ha sido un sector sumamente golpeado, los desaciertos económicos en términos del modelo instaurado en el país, y en términos de las guías económicas y las soluciones que se pretenden dar a los problemas son totalmente desacertadas.

Vivimos en el siglo XXI, donde sabemos que los países que alcanzan un grado de desarrollo elevado están asociados al crecimiento económico, y el crecimiento económico tiene que ver con libertades de mercado, con libre competencia dentro del mercado, un sistema donde la gente produce y compite tanto en calidad como en precio.

En Venezuela, donde tenemos desde hace al menos una década esta situación más agravada, vimos alterada la cadena alimentaria por leyes como la de expropiación de tierras, que lejos de beneficiar a la población agrícola, la disminuyó y generó la no producción.

Toda esta serie de controles, la baja en el crecimiento de la producción nacional, la disminución de los precios del petróleo, la confrontación con la realidad de que ya no puedes importar productos para sustituir lo que dejaste de producir. Cuando ves todo eso y notas como se ha desencadenado el proceso hiperinflacionario te das cuenta de que allí está la causa de la pobreza.

¿Qué relación tienen la pobreza y el hambre?

–Cuando uno piensa en pobreza inmediatamente piensa en hambre. Pareciera que son dos fenómenos que se acompañan, pero no es el único fenómeno que se presenta dentro de la pobreza, porque es una situación multidimensional y más en este momento donde vas a encontrar un elemento que llama la atención, que es la presencia de inseguridad alimentaria, aún en las categorías sociales más altas porque cuando le preguntas a una persona que vive en un hogar con clima educativo alto y que tiene sus necesidades básicas teóricamente satisfechas, si le alcanza el dinero para comprar alimentos te dice que no.

Se ha incrementado la pobreza porque cuando la gente deja de tener acceso a las necesidades básicas: alimentación, cuidados, salud, vestido, una vivienda digna, entonces el resto se convierte en un lujo. Cosas como la educación pasan a ser un lujo, y se hace necesario pensar: “si como o compro los libros”.

El deber ser no es que tengamos que decidir entre alimentos y medicamentos, pero así estamos y uno elige.

–¿Cuáles son entonces esas necesidades que se han visto más afectadas por estas condiciones de pobreza?

–En este momento todo se interrelacionó de una manera bestial. Porque supongamos que no tengas ninguna enfermedad asociada, pero estás desnutrido, pasas por aquí y yo tengo gripe, entonces se te va a pegar más fácil. Una persona con gripe, desnutrida, que además llega a la casa y no se puede lavar las manos porque no hay agua y que su mamá decidió que no va a comprar caraotas porque no puede gastar tanto gas, es algo que veníamos viendo desde hace años.

Ahí vemos como todo está interrelacionado. Podríamos decir que en un inicio la alimentación y la escasez de los alimentos eran un problema gigantesco, pero ahora todo es enorme porque tienes problemas para acceder a los alimentos,  problemas para el acceso a los medicamentos, para acceder a los servicios de salud, problemas para  tener agua, electricidad, gas. Cuando ves los componentes de la seguridad alimentaria que son: acceso, disponibilidad de los alimentos, su utilización y estabilidad de las tres anteriores nos damos cuenta de que tenemos un problema grave porque a nadie le sirve que den un caja de Clap cada seis semanas, porque la familia come todos los días.

Sin recursos, ni acceso

¿En Venezuela, quién puede considerarse una persona pobre?

–Si lo tomáramos en este momento por línea de pobreza, prácticamente toda la población es pobre. Si lo tomamos por el ingreso versus la posibilidad de acceder o no a la canasta básica de alimentos, todo el mundo es pobre, porque ni siquiera la gente del más alto nivel te va a contestar que siempre tiene el dinero para comprar alimentos o el acceso a ellos. Porque incluso, hay quienes aquí viven de dólares y no tienen como hacer el cambio, entonces no pueden hacer ninguna compra.

–¿Hay alguna manera de revertir esto?

–Por supuesto que hay maneras de salir, pero se tienen que tomar las acciones necesarias para que eso ocurra. En términos alimentarios relacionados con la pobreza, es necesario pensar porque pareciera que el dilema es “atiendo a los niños que mueren de desnutrición o atiendo a los otros que no se están muriendo, pero que si no los atiendo en tres meses estarán tan mal como el que sufre ahora. Si salvo a un niño al borde de la muerte y luego se devuelve a su casa y no tiene agua, no tiene comida, ni leche, ese niño va a recaer y además va a quedar con una lesión que hay que trabajar a futuro.

Quienes trabajamos en esta área no tenemos que tener el dilema de que si tenemos que salvar una vida mientras que al mismo tiempo se hacen los cambios estructurales requeridos para salir exitosamente de la crisis.

El doctor José María Bengoa lo decía claramente en su libro “Hambre cuando hay pan para todos”, no es una elección: hay que hacer ambas cosas al tiempo. Hay que atender la vida y salvar a quienes están muriendo, mientras que de una manera importante se toman las medidas necesarias para recuperar la infraestructura, para hacer los planes de prevención, de higiene, de alimentos, de recolección de desechos; porque de nada sirve salvarle la vida a alguien para que vuelva a un entorno que lo va a enfermar.

–Y en este ámbito ¿qué pasa con esas iniciativas que han surgido para ayudar a paliar la crisis mediante comedores populares y proyectos de ese estilo… no son de ayuda?

–Eso es muy valioso y es parte de la atención a la emergencia. Ahora bien, está muy bien que quieran ayudar a su comunidad y procurarle un plato de comida al necesitado, eso habla de valores y humanidad, pero siempre se les debe invitar a acompañar estas iniciativas con un componente educativo.

¿Qué pasa si le das un plato de sopa a alguien que no se lava las manos, que está enfermo, que no lava los utensilios donde come?.. Esas son cosas que debemos poner entre nuestras prioridades, y para quienes toman estas iniciativas es importante acompañarlas de desarrollo de capacidades, de emprendimiento, porque no es lo mismo que te de un pescado a que te enseñe a pescar y yo puedo entender que tenemos mucha gente necesitada de ese pescado, pero eso será sostenible en la medida en que  esa gente se vuelva independiente y tenga una manera digna de ganarse el sustento. Esa es la única forma de superar esos círculos viciosos de malnutrición y pobreza.

¿Cree que los altos niveles de pobreza inciden en lo que hoy somos como sociedad?

–Claro que influyen, y además lo hacen en la forma como afrontas la vida, influye en el autoestima como ser humano, en la dignidad. Porque imagínate lo que tiene que vencer una persona para lograr comer de la basura. Imagina lo que es necesario vencer como ser humano para lograr acercarte a la basura, registrarla, sacar algo y comerlo y ya hasta estrategias tienen porque, incluso hay quienes hierven lo que encuentran en los botaderos, como si fuese suficiente.

–¿Por qué ante esta situación aún no se ha declarado una emergencia alimentaria en el país?

–Creo que es una negación a admitir que el modelo económico instaurado ha fracasado y no es eficiente.

Tal parece que cuando se habla de igualdad nadie piensa en que somos todos iguales en un nivel superior, de bienestar. Todos pensamos en la igualdad en términos de que todo seremos igualmente pobres. Creo que ese es un paradigma que debemos empezar a cambiar y que comienza por la actualización del termino izquierda y derecha, porque son términos obsoletos.Tenemos que reflexionar: en vez de las peleas entre ambos bandos, es necesario ver que el desarrollo de los pueblos está ligado al crecimiento económico acompañado de la responsabilidad social de todos como individuos que conformamos una sociedad con derechos y deberes.Si analizáramos estas cosas, creo que el tema de la pobreza tendría la posibilidad de resolverse de manera más eficiente y sostenible en el tiempo. Porque la pobreza no se va a resolver solamente dando suplemento a los niños, la pobreza se supera con el desarrollo de capacidades en un entorno de libertades.

¿Pero, se ha tomado alguna medida para acabar con esta crisis?

–No, las que se deben tomar no se han tomado. A lo mejor un pañito de agua tibia, y eso lo vemos sobre todo en las organizaciones no gubernamentales. Pero, estas acciones deben tener educación de por medio, uno nota la diferencia cuando una comunidad está  intervenida con educación o sin educación, porque se hace mejor frente a la crisis, porque están educadas para enfrentarla.

Porque cuando tienes educación tienes herramientas y tienes capacidades, puedes resolver y resolver bien.

–¿Cómo analiza entonces la sumisión que generan las dádivas del gobierno? ¿Cree que está mal aceptarlas, como algunos sostienen?

–No hay nada de malo en tener un programa de beneficios como ayuda al necesitado, el problema es que se hace indiscriminadamente, sin ningún criterio y sin conocer las características del beneficiario. Cuando reparten una caja Clap en un hogar, asumen que allí se come es arroz, atún, harina, pasta y una bebida láctea, allí se cometen errores porque no hay estudios de por medio.

Se hace una distribución discriminatoria, que no llena los requerimientos nutricionales de la población sin evaluar las condiciones de los hogares y, además que no es constante en el tiempo o unos bonos que son venáticos y eso no sirve porque hay que comer todos los días.

No hay nada de malo en tener un programa de beneficios que cuente con un grupo calificado para obtenerlo, pero estos programas deben acompañarse de educación.

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