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Institucionalidad española pone a prueba mecanismos democráticos

 

En el primer semestre de 2018 se registraron dos dimisiones de presidentes en ejercicio: Perú y España, que a pesar de que son por razones distintas, llama mucho la atención el mecanismo que permite la alternancia en el poder. Sin embargo, en el caso ibérico, cabe preguntarse qué pasará tras la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia

Ronald Uribe

Lo ocurrido este 1 de junio en España, que una moción de censura contra el jefe del gobierno Mariano Rajoy provocó su salida del Ejecutivo y propició la llegada del líder del PSOE, Pedro Sánchez, pone a prueba los mecanismos constitucionales de ese país y lo que para muchos representa la fortaleza de las instituciones democráticas. Hasta el mismo Rajoy aseveró que dejaba el poder por el funcionamiento de la democracia.

El politólogo y profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela, Luis Salamanca es de la opinión de que en España vive en la actualidad una crisis, que se evidencia a través del rechazo a los partidos políticos que “llevó a los partidos tradicionales a hundirse” y dice que la situación es muy parecida a la que se vivió en Venezuela en las postrimerías del siglo XX porque “los dos partidos principales están siendo atacados por terceros partidos y una crítica pública que crece más”.

Por su parte, el director de la firma Consultores 30.11, Germán Campos, recordó que los españoles -de acuerdo a su constitución y sistema de Gobierno- “no votan por un presidente, sino por un parlamento. Aquellos que están a la cabeza de sus partidos, si logran alcanzar el apoyo suficiente en el parlamento, ese será nombrado presidente del Gobierno, que además en el caso de España, no es el jefe de Estado”.

Y es que para que un líder político pudiera asumir la jefatura de Gobierno en ese país debe tener una cantidad de 176 escaños a su favor de un total de 350. En el caso de Rajoy, las curules en su contra sumaron 180, por lo que según Campos, es la primera vez que un voto de censura prospera en esa nación de los cuatro que han realizado hasta el momento.

Para llegar a ese momento, Sánchez contó con el respaldo de grupo socialista, de la coalición de izquierda Unidos Podemos y de los grupos nacionalistas e independentistas del País Vasco y Cataluña.

En ese sentido, Salamanca alerta que “el avance de partidos extremistas como Podemos y otras fuerzas de izquierda, digamos, es evidente que se ve que hay un plan de penetración de las instituciones españolas para capturarlas y desde adentro empezar a producir cambios”. Hizo un paralelismo con la realidad venezolana al recordar que el fallecido Hugo Chávez puso en práctica ese mecanismo, aunque aprovechó una vía “más expedita” con el golpe de 1992 “que le dio un capital político inicial, que convirtió en un capital electoral y terminó alzándose con la victoria en el 98”.

Pero para Campos, Podemos fue el principal factor político que ayudó a que prosperara la moción de censura contra Rajoy y el ascenso de Sánchez al poder porque “Podemos no solamente ha surgido como fuerza política en España. Tiene las alcaldías de Madrid y Barcelona, por decir algunas de las más grandes. No creo que sea un fenómeno de esos que aparecen y desaparecen. Es la expresión política en el proceso que tiene raíces en el 15-M en España”.

Salamanca subraya que tanto en España como en Venezuela en 1998 se evidenció “la grandeza de la democracia de las instituciones, al reconocer el avance de fuerzas que en el fondo son desleales con la democracia, porque Chávez era un desleal con la democracia y la democracia le permitió actuar y fue leal con él”.

¿Se puede comparar a lo que ocurrió en Perú?

El caso de Perú es otro digno a ser mencionado debido a la actuación parlamentaria y el ahora exmandatario, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien fue obligado a renunciar en marzo de 2018 por su presunta vinculación con hechos de corrupción con la empresa brasileña Odebrecht y después de descubrirse que estaría supuestamente comprando votos para evitar la aprobación del antejuicio de mérito en su contra.

Campos recalca que esta situación y la que se presentó en España son totalmente distintas porque “en España hablamos de un régimen parlamentario y en Perú es presidencialista” y explicó que los motivos por los cuales se produjeron las salidas de Kuczynski y Rajoy son distintos porque en el caso latinoamericano, el tema de la corrupción fue el principal motivo, mientras que en Madrid “es un elemento, pero no el único. La corrupción fue la gota que derramó el vaso con el caso Caso Gürtel”.

De igual pensamiento es Salamanca, quien indica que fue el Parlamento peruano quien puso a renunciar a PPK y optó por tomar esa salida antes de caer en el juicio político. Sin embargo, asevera que en ambos casos “la relación es que la democracia funciona en el sentido que cuando el Presidente comete irregularidades (…) las instituciones deben funcionar para trabajar eso”.

¿Cómo se compone el panorama para España?

Según el politólogo Luis Salamanca, el nuevo presidente del gobierno español podría verse “prisionero” de todas las fuerzas de izquierda que apoyaron la moción de censura este 1 de junio porque al ser una democracia parlamentaria, alcanza la jefatura de Gobierno “pero lo hace en circunstancias muy complicadas porque es un archipiélago de grupos que apoyan a Sánchez. No sé si va a poder gobernar porque tendrá que hacer muchos cuadros políticos con las distintas fuerzas y no será fácil”.

Hizo mención que el tema de Cataluña -muy sensible en el seno de España- está “sin resolverse” y según su opinión, en manos de Sánchez “el Gobierno nacional puede generar cualquier cosa hasta el punto de que se lleguen a pelear, porque Sánchez había rechazado la separación de Cataluña y llegó ahí con el apoyo de varias personas que son partidarias de la separación”.

Germán Campos es de una opinión similar, pero se muestra más amplio en el análisis al poner sobre la mesa dos opciones con las que contaría el nuevo mandatario ibérico: concluir el mandato -mismo que dura hasta 2020- con lo que tiene que negociar muchísimo y cuidando no perder el respaldo de los que le apoyan y si eso no prospera, la otra opción es disolver el Parlamento y convocar a unas nuevas elecciones.

“Quizás gobierne a un año o un poco menos y pueden adelantarse las elecciones, cosa que es normal en un régimen parlamentario”, atenuado a su juicio debido a que se pueden profundizar los cambios políticos a través de la “ruptura” del bipartidismo -que hasta 2015 mantuvo PP y PSOE-, por la llegada de nuevas organizaciones como Podemos y Ciudadanos.

 

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