Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Noticias > Nada que ver con El Metro de Caracas que conocimos

Nada que ver con El Metro de Caracas que conocimos

 

Un viaje con la hostilidad y un encuentro con la desidia

El sistema de transporte público más utilizado por los caraqueños, luego de 35 años, muestra señales de abandono, falta de inversión y ausencia de conductas cívicas. El Pitazo te cuenta cómo es el día a día de quienes utilizan el sistema.

Junio 03, 2018 / Por: María Jesús Vallejo / El Pitazo

Al entrar al Metro de Caracas se evidencian la desidia de la compañía y el desinterés de los ciudadanos por mantener lo poco que queda en buen estado. Huele a sudor, a orine, muchas veces a heces y a vómito, incluso a basura. La falta de aire acondicionado agudiza la mezcla y es sofocante. Durante las noches, hombres borrachos inundan el espacio con fluidos corporales y bebidas alcohólicas. Parece que nadie limpia el piso ni las paredes y quienes utilizan el Metro a primera hora del día deben soportar el resultado del uso que hacen muchos cuando el servicio está a punto de cerrar.

Pocas escaleras mecánicas funcionan y las que están operativas son abordadas por usuarios agotados e impacientes que parecen infinitos. Si se mira por un rato, da la sensación de ser un río de gente que confluye en distintas direcciones.

Los operadores insisten en el cumplimiento de normas como permanecer de pie en las instalaciones, no consumir alimentos ni bebidas, permitir el cierre de puertas, uso correcto del botón de alarma, no ensuciar; evitar la mendicidad y la buhonería y la compra del boleto.

Pero para viajar ni siquiera se necesita pagar el pasaje. El sistema está compuesto por cinco líneas divididas en 54 estaciones operativas y otras 18 en construcción; abarca 70,1 kilómetros del Área Metropolitana y es utilizado a diario por casi dos millones de caraqueños, de acuerdo con el Ministerio para el Transporte. Aunque el pasaje cuesta solo cuatro bolívares, se puede pasar libremente por cualquier torniquete en cualquiera de las estaciones.

Ningún operador exigirá el pago porque no hay boletos. Un empleado asegura que están considerando cambiar la forma de pago por tarjetas debido a la falta de material para fabricar los tickets. Pero por ahora, la orden que tienen es liberar todos los torniquetes y contar los usuarios que ingresan al sistema.

Las escaleras automáticas en su mayoría no están disponibles | Hirsaid Gómez

Hace 35 años, cuando el Metro fue inaugurado con una longitud de seis kilómetros y siete estaciones, fue considerado un modelo en Latinoamérica. El entonces presidente Luis Herrera Campins habló sobre el impacto que la obra tendría en la vida de los ciudadanos: llegar en 18 minutos desde Propatria hasta Chacaíto —12 estaciones— por un costo de tres bolívares, en la Venezuela del dólar a 4,30.

Ahora, 18 minutos, por lo menos, es la frecuencia entre un tren y otro, sobre todo en las Líneas 2 y 3. La duración de un viaje varía y depende de varios factores: hora del día, fallas eléctricas y retrasos en el sistema relacionados con la falta de mantenimientos preventivos y correctivos.

En el mes de diciembre de 2017, el Observatorio de Gasto Público de Cedice Libertad registró 5.224 denuncias hechas por usuarios a través de Twitter; en promedio, 168 diarias.

En un día con suerte, entre las 6:00 am y las 8:00 am, se puede recorrer la Línea 1 desde Propatria hasta Palo Verde en 90 minutos, pero para eso se deben esperar entre tres y cuatro trenes hasta poder abordar y, una vez que llega uno, hay que luchar, literalmente, para poder abordarlo o para poder salir.

Por los altavoces, los operadores repiten que dejar salir es entrar más rápido. También insisten en la importancia de no pasar la franja amarilla que marca la distancia entre los usuarios y los rieles. Pero a hora pico, nadie respeta nada. A veces, la fuerza del grupo que intenta abordar el tren obliga a quien debe bajarse a llegar a una estación con menos flujo, o simplemente esperar hasta que pueda salir del tren lo menos maltratado posible.

Wayner Dyer, psicólogo estadounidense, afirma que cuando se plantea la necesidad de defender la vida, la reacción natural y espontánea del ser humano es ir resolviendo la situación minuto a minuto o segundo a segundo. Tal cual sucede en el Metro: cada quien defiende su lugar a golpes y empujones. Aunque por un instante se tiene la tranquilidad de haber logrado el primer paso, abordar el tren, inmediatamente hay que respirar hondo para no desmayar.

La falta de aire acondicionado convierte la experiencia en un en sauna donde los olores no son agradables | Hirsaid Gómez

Un hombre entra y grita: “Coño, huele a culo”. Otro lo secunda. Hace tanto calor que el techo del tren se empieza a humedecer y el sudor gotea y cae desde el cabello y el cuello. Un hombre posa su brazo empapado sobre el pecho de una mujer y esta se queja e intenta alejarse, aunque es imposible. No existe el espacio personal.

En marzo de este año, César Vegas informó en el programa Al Aire, transmitido porVenezolana de Televisión (VTV), que trabajaban en un proceso de renovación del equipo para mejorar la ventilación de estaciones y vagones, reparar escaleras mecánicas y aumentar la flota de trenes. Sin embargo, los usuarios de la Línea 2, que conecta a los habitantes del suroeste de la ciudad con el centro, desde Zoológico hasta El Silencio, siguen viajando en los trenes con los que fue inaugurado el sistema.

Sin aire acondicionado, los usuarios decidieron abrir unas ventanas pequeñas que tienen esos vagones; aunque el sonido que se produce por la velocidad a la que va el tren en el túnel es ensordecedor, la brisa que entra ayuda a soportar el viaje. Un estudiante que viaja todos los días entre las 6:00 pm y las 7:00 pm desde Artigas hasta La Paz —tres estaciones— asegura que suda más que durante sus clases de atletismo. Parece que no exagera, porque su franela está tan mojada que se le pega a la piel. Su frente gotea y de no ser por sus cejas, el sudor caería sobre sus ojos. Intenta no moverse mucho para no golpear ni molestar a nadie; solo desea llegar pronto a casa.

Dentro y fuera de las estaciones crece la indigencia y la economía informal | Hirsaid Gómez

El tren está a más no poder; aun así, no faltan los pedigüeños ni los vendedores y se las arreglan para avanzar en medio de insultos y gritos de varios usuarios. El tiempo promedio entre una estación y otra debería ser de dos a tres minutos, pero muchos caraqueños ya se acostumbraron a que el tren se detenga por más de diez. A veces, sin justificación de los trabajadores del sistema, se debe desalojar el tren, lo que significa más tiempo en el Metro y más personas que pelearán por abordar el próximo tren.

Las estaciones de la Línea 1 con mayor flujo de personas son Agua Salud, Capitolio, Plaza Venezuela, Chacaíto y Petare. Esta última y Palo Verde son los puntos de llegada de casi 800.000 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de las 39 barriadas que conforman Petare.

En agosto del año 2013 se inauguró el Cabletren Bolivariano, que abarca 2,1 kilómetros y se constituye de las estaciones elevadas Petare II, 19 de Abril, 5 de Julio, 24 de Julio y WarairaRepano. Cuando el servicio presenta fallas, los vecinos deben caminar esa distancia. Una señora lleva bolsas de comida y se queja: “Eso se jode cada vez que le da la gana”.

Sin hilo musical los usuarios deben escuchar alocuciones presidenciales de Chávez y Maduro | Hirsaid Gómez

Hasta las obras inconclusas complican la rutina de muchos usuarios. En 2007 comenzó la construcción del Metro Caracas-Guarenas-Guatire. Hugo Chávez prometió que la vía estaría lista para el año 2012; seis años después, el proceso está paralizado.

Una solución que encontró el sistema de transporte fue utilizar los autobuses Yutong para crear una ruta desde Caracas, en las estaciones Miranda y Los Dos Caminos, hasta Guatire y Guarenas. Sin embargo, desde 2017 y debido a las protestas, según autoridades gubernamentales, el servicio fue suspendido. Ahora estos autobuses salen desde el Terminal de Oriente, ubicado en el límite que conecta ambas ciudades.

La única opción que tienen quienes no quieran o no puedan llegar hasta el Terminal de Oriente son los autobuses que parten desde Parque Miranda. Las colas son kilométricas, el tiempo de espera supera los 90 minutos y cada conductor fija su tarifa de entre Bs. 25.000 y Bs. 35.000.

De la “cultura metro” queda poco o nada. La publicidad fue sustituida con imágenes de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y figuras cercanas al Gobierno. En lugar de música, los usuarios deben escuchar declaraciones de funcionarios, el Himno Nacional cantado por Chávez, a Diosdado Cabello rechazando la petición de ayuda humanitaria o canciones con mensajes de tendencia izquierdista.

César Vegas declaró en el programa radial La Lámpara de Diógenes, por el circuito YVKE Mundial: “Con todos los problemas, el sistema Metro de Caracas es el mejor transporte público que tiene nuestro país. Estamos unidos para ir minimizando las carencias y ofrecerle el mejor sistema de transporte a nuestro pueblo”.

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »