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José Ignacio Moreno León: AMLO y el fantasma del ogro filantrópico

 

En 1979 la editorial mexicana Joaquín Mortiz publicó el libro del premio Nobel de ese país Octavio Paz que, con el título de El ogro filantrópico, hace una descarnada denuncia de las perversidades del militarismo y sus nefastas consecuencias en el desarrollo mexicano, extrapolables a muchos de los otros países de la región. Pero Paz señala igualmente en su obra cómo el centralismo y el patrimonialismo estatal -herencia del régimen patrimonial español- han estado asociados al populismo, propiciando igualmente los vicios del amiguismo, el tráfico de influencias y la corrupción, males característicos de los gobiernos de ese país, desde que el PRI se entronizó en el poder a partir de 1929 y durante más de 8 décadas ejerció la hegemonía gubernamental, con una burocracia salpicada por escándalos corrupción, nepotismo y los vicios del populismo. Muy poco ha cambiado ese estilo de gobierno después de la elección del presidente Vicente Fox, en el año 2000 con el triunfo del PAN. Todo lo contrario, los dos últimos gobiernos en los que se han alternado los sexenios del PAN y el saliente del PRI de Enrique Peña Nieto reflejan, además del agotamiento de esos dos partidos tradicionales, un país inmerso en graves escándalos de corrupción, inseguridad y violencia política y con la acentuada presencia del narcotráfico y sus tentáculos con centros de poder.

Frente a ese preocupante escenario, el fantasma del ogro filantrópico que, en sus comienzos, Octavio Paz utilizó para profundizar sus críticas a dictaduras como la vigente para entonces en la Unión Soviética y la marxista que aún persiste en la Cuba castrista, se asoma ante la expectativa de un nuevo gobierno que en diciembre se iniciará en el país azteca con el signo izquierdista y populista de López Obrador, declarado admirador del fallecido dictador cubano y quien no disimula su carácter autoritario y el estilo clientelar de manejar la política. Para bien de México, cabe esperar que las nuevas realidades globales, los dramáticos fracasos neopopulistas y neomarxistas que se han intentado en la región y los compromisos adquiridos por México como miembro del acuerdo comercial con sus dos vecinos del norte, influyan para que la sensatez se imponga y el nuevo gobierno sea capaz de enfrentar con éxito las que fueron tres de las consignas electorales más sonadas del ahora presidente azteca: la lucha contra la corrupción, el combate a la inseguridad y al crimen organizado y reducir la pobreza y los inmorales indicadores de desigualdad social que persisten en el país.

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