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Pedro R. García: Es posible el resurgir de los partidos I

 

“Con propuestas y opciones que pongan de nuevo en el tablero temas como el de la igualdad y la justicia social para desafiar este crucial tiempo histórico”.

Vimos con sorpresa, y saludamos la invitación a validar en el Departamento de procura electoral (Léase-CNE), quien hizo un entusiasta  yamado a quienes aspiran a legitimar su condición de partido político. La verdad o una aproximación a la verdad del drama de la mengua de los partidos políticos en el país, y por derivación de la democracia misma, estuvo en la distorsión de las pocas y frágiles formaciones de la sociedad civil por parte de la sociedad política. Ello tiene una explicación no una justificación. Desde el post-gomecismo, la formación y fortalecimiento de sociedad civil venezolana en parte fundamental es obra, gústele a quien le guste, de los partidos democráticos modernos, (de matriz europea, signo ideológico, militancia rígida). Fue así como la sociedad política a través de de ellos, en nuestro medio estimulo y arrimo el hombro para lograr la articulación de las distintas expresiones de la sociedad civil (gremios, ligas agrarias, sindicatos, agrupaciones culturales, sociales deportivas, asociaciones de vecinos, sociedades cooperativas, colegios profesionales, y demás). El factor degradante residió en que los partidos, en vez de reconocer la legítima autonomía de esas múltiples manifestaciones, instituidas como estructuras de asociación y participación popular, pretendieron subordinarlas, como factor de poder social extendido, a sus inflexibles líneas partidistas. En este resbalón histórico influyo de manera determinante el carácter organizativo de nuestros partidos de influencia leninista, expresada en el famoso centralismo-democrático. Lo que muchos aviesamente quisieran desconocer es que, sin la labor, lenta y paciente, de las organizaciones políticas, no hubieran podido tener existencia real (con todas sus fragilidades) las a veces deformadas estructuras de participación de las sociedades intermedias en nuestro entramado social. La mayoría abrumadora del país creemos en los partidos políticos, lo que si esta claro es que no en el liderazgo residual de los maltratados y  viejos partidos, a quienes le debemos tanto en su histórica lucha por la civilidad que costo tanto a tantos, los que somos demócratas estructurales hoy nos aferramos a esa heredad e intentamos dar pelea para no naufragar, frente al despotismo-pretoriano-cléptocratico, como igual siguen sin despejar dudas los que camuflados en relucientes ropajes y frasecitas hechas intentan mostrarse como las modernas organizaciones, no son sino post-partidos (grupos de intereses), nacieron con el pecado original, producto de un parricidio, y en el pecado, yevan la penitencia, hijastros del viejo orden burgués.

Ubicando algunas pistas…

¿“Es la democracia el nombre de un sistema de legitimación? “Los procedimentalistas dicen que la democracia es un medio. Es la parte objetiva del asunto frente a la cual aparece una parte subjetiva y sin la cual la democracia procedimental no funciona: yegar a acuerdos porque me muestran lo más razonable, que es el momento donde la voluntad se hace racional. Esa es la democracia, donde la participación es esencial, pero tiene que organizarse a todos los niveles. La gran revolución, en el siglo XXI, es la de la participación democrática. Tercero, se hacen cosas posibles. Son principios universales, que funcionan para todos los clanes, tribus, ciudades. Quizá es muy extraño lo que digo: “hay principios universales en política”, incluso en contra de los posmodernos. Son principios muy abstractos, toda decisión concreta, en cambio, es muy incierta. Por lo tanto, como hay errores inevitables, todo acto tiene una víctima. Por ende, mi propuesta es lo más realista y al mismo tiempo lo más humilde, ya que el que hace algo sabe inevitablemente que va a haber un efecto negativo. De aquí, cuando se detectan los errores, acudiremos a los principios universales para corregir el error y con ello quedarnos en la pretensión de justicia. Mira el dicho semita: “el justo peca siete veces por día”; sobre el particular, siempre le pregunto a los alumnos: “¿y cuánto peca el injusto?”, el injusto no peca nunca, por eso es injusto. Es decir, cuando tú le dices al injusto “hizo tal error”, el injusto se justifica, y al justificarse no corrige, en cambio el justo comete siete veces el pecado, que se los echan siete veces en cara y a la noche los ha corregido. Por ello, quién comete errores, los corrige, con lo cual gana autoridad, y eso ya es política. La política aprende de los errores. ¿Sería un dilema entre representación versus participación? No, no es así. Hay que tener representación, pero después es necesario fiscalizarla con la participación. Por ejemplo, los anarquistas nunca organizaron las cosas, por ello negaron la representación. En 1860, cuando John Stuart Mill escribe sus observaciones sobre la democracia representativa, la participación no aparece. Así pues, por ejemplo, en Estados Unidos no hay participación, ya que la cosa está amañada para que desde las elecciones primarias sea la élite la que determina a los representantes que después los confirma el pueblo, pero no es participación. Entonces, la democracia liberal no es ejemplar, se encuentra corrompida y fetichizada, ya que no logra que la participación la fiscalice. Por ello, insisto, la participación para fiscalizar tiene que organizarse. Eso es el poder ciudadano en la constitución venezolana, que es la primera constitución mundial que tiene un cuarto poder, que es precisamente la fiscalización mediante la participación. Otro ejemplo: en Noruega los ciudadanos nombran ante el juez a un ciudadano que fiscaliza, que no sabe nada de derecho, pero que todas las semanas tiene que ir y se le paga un sueldo modesto, para que vaya los lunes a preguntarle al juez, a los reos, a los abogados, “¿cómo van las cosas?”; y si uno dice: “mire, el juez me hizo una presión, el abogado tal me hizo tal”, entonces llama a un auditor para resolver el problema, para destituir al juez. Ahí, la Suprema Corte de Justicia tiene la presencia de un ciudadano, los jueces pueden ser juzgados”. (Enrique Dussel filósofo).

Una acotación necesaria…

En la Venezuela de nuestros días, el que aparezca un partido político es tan corriente como el resfrío. En el período electoral se extiende la multiplicación de los mismos. Su  establecimiento se ha ido convirtiendo en distracción, simulación de apoyo mayoritario especialmente por los gobernantes de turno, negocio de algunos sectores sociales, en una fábrica de candidatos, legisladores y líderes de todo pelaje. El repudio general contra la forma de hacer política de los partidos en Venezuela, ha resultado como los insecticidas: ciertas especies se van haciendo resistentes al tratamiento y al final los mismos resultan nocivos a lo que procuran sanar. ¿Han surgido nuevos partidos políticos en Venezuela? La aparición de una nueva organización, es generalmente el resultado de un par de actos administrativos. Un grupo de personas se reúnen en asamblea, convención o congreso. En algunas ocasiones hay asambleístas provenientes del interior del país, (con el adicionado en el último ciclo frente a los desprendimientos de los añejos partidos), su residual ha sido reciclado. por los “nuevos”. Es usual que luego de un fin de semana atareado y saturado de discursos al final del segundo día es presentada una lista de nombres para escoger de allí al Comité Directivo, Comité Ejecutivo, Comité Político Nacional, Directorio, Comité Central, Comando Táctico Nacional, o como se les yame. Esa lista ha sido confeccionada anticipadamente en un reducido círculo y de acuerdo a su aprobación en la correlación de fuerzas internas del grupo que resuelve  en el cogollo. Todo gira por lo general en torno a dos o tres cabecillas principales. Es esta comprimida cúpula es donde se tomarán las predestinaciones trascendentes. Se supone que antes de la elección de la directiva se han aprobado unos estatutos donde, entre otras cosas, se dirá que el partido tomará en cuenta las opiniones de sus prosélitos y militantes. Esa organización por lo general es la vanguardia de algo. Es normal que se escriba o que se proclame que a partir de ese instante, el país tiene ya una avanzada organizada. El lunes siguiente el pueblo se entera  que tiene un nuevo partido y que es suyo. Todos los partidos son del pueblo y sus dirigentes no son otra cosa que expresión de la voluntad popular. En Venezuela no hay mucha diferencia en la constitución de una compañía anónima y un partido político. Así ese partido sea de la derecha, del centro, de la izquierda, de arriba o de abajo. Es bueno recordar que en Venezuela y este es uno de los registros que abonan a la debilidad de los mismo es que nadie se considera de derecha, Incluso en el siglo pasado todos eran socialistas, socialdemócratas, socialcristianos, socialrevolucionarios, socialistasdemocráticos, humanistas y progresistas entre otros. Una de las tareas inmediatas de la nueva organización es la de seleccionar los cuadros entre los cuales se distribuirá las tareas: comunicacionales, obreras, juveniles, femeninos, profesionales, agrarios y demás y aquellos que se van a encargar de coordinar las regiones más importantes del país. Es de observar que hay que pagar para pertenecer a la mayoría de ellos y quienes sufragan son quienes menos disponen. A esa particularidad se le yama cotizar, lo que según crea la mística partidista. Es frecuente, que las personas escogidas como dirigentes obreros, no tengan en su curriculum vitae una jornada laboral completa, en una fábrica o que hayan regentado por lo menos un Kiosco y que realmente y sin trampas de ninguna naturaleza, hayan abonado un par de cotizaciones al IVSS. Arriban a la jefatura obrera sin haber ejercido nunca la profesión de obrero y sin obreros que dirigir. Todos los dirigentes incluyendo los agrarios, habitan en la capital. Sus méritos para ser dirigentes campesinos es que procedan del campo. En una Venezuela que hasta hace apenas cincuenta años era predominantemente rural, el que un venezolano de treinta o más años tenga origen campesino no tiene nada de raro. Tampoco es extraño que los dirigentes juveniles y estudiantiles designados sean personajes que  pasan de la treintena y que sin mayores méritos que no sea el requiebro o la sumisión ante sus jefes de turno. Se reúnen interminables y sesudos cenáculos (yamados ahora aferentemente “Salas situacionales” para elaborar una táctica y hasta una estrategia. Eso significa la confección un retahíla de lemas con sus oportunos trazados, que serán los elementos orgánicos para que los cuadros salgan a la calle y a través de nuevas reuniones con los de la “base” que sirven de correas de transferencia y las vayan coreando entre los conglomerados que los rodea. De allí en adelante el trabajo reside en meter la mayor cifra de personas posible entre  esos esquemas y que repitan los enunciados que ellos no han contribuido a elaborar. Aquellos que se revelen reacios a aceptarlas tal cual, se les considera en las profundas elevaciones del partido que simplemente no han entendido su sacrosanto cometido. Que hoy en Venezuela todo lo importante que sucede en lo económico, político, social, en lo subregional y en lo internacional, ocurra al margen de los partidos, tiene sin cuidado a sus “dirigentes”. La mayoría se han convertido en oscuros y estrechos conventos de cuchicheos apasionados. En algunos su comité es sustituido por uno o dos líderes. Y su actividad se ciñe a enviar mensajes de Twister y hacer declaraciones reiteradas a la prensa en las que opinan desde la marcha de los ciempiés, del sexo de los ángeles, de la ingravidez espacial y sus efectos sobre el hombre. A lo que con mayor reiteración se dedican, es hacer valer sus influencias a fin de acrecentar las reservas logísticas particulares y del “Partido”. Para continuar la narración nos preguntamos,  ¿Tenemos en el país una derecha democrática?:  si la hay, no que no existe en un liderazgo, que oriente esa expresión política, ya que con escasas excepciones les ha sido más cómodo históricamente, cohabitar incestuosamente con todos los caudillos que para fatalidad hemos tenido en el país. La actitud insolente de representantes de este sector que se consideran representantes casi que monopolistas de la sociedad civil es que aceptaron como buena e hicieron propia la satanización artera de la sociedad política. Más aun: consienten a priori indiscutible el maniqueísmo de buenos y malos. Autoubicados ellos en los buenos. En tal postura hay un monstruoso oportunismo, cinismo, y simulación. En el país el desembarco de estos autocalificados buenos, al árido terreno de la política. No fue por la vía del dialogo, ni por la vía de los constructores decididos de caminos, sino por el encharcamiento del lodazal, en la mayoría de los casos. Porque sus padres o ellos, eran, o son, o fueron, financistas no de las más nobles causas, sino de los políticos mas desprestigiados, su acceso a la política no fue por la puerta franca de las luchas sociales, sino por la compra vergonzosa de los espacios de representación. Pospuestos  los criterios ideológicos, fue el momento estelar de las chequeras, ahora el  control cambiario (SICAD I y SICAD II SIMADI, DICOM). Esos tales que nos les interesa en lo más mínimo nada que tenga que ver con el bien común, sino solo de apetencia personal y egoísta. En nuestro insuficiente ensayo  no podemos pasar por alto, que en el pasado reciente el grueso de la sociedad civil, intelectualmente extenuada, aprovechando la dispersión ocasionada por el agotamiento del liderazgo político, que desembocó en su inclemente rechazo social, frente a la ausencia del necesario remozamiento de ideas y de actores, en insolidariza y visceral actitud, se lanzo a una brutal agresión de la sociedad política.(Recuérdese por estas calles), un asalto con la exigencia de desalojo y de sustitución. Un asalto que coincide con los diseños estratégicos y tácticos del poder con pretensión hegemónica. (Léase fascismo), una ofensiva que disperso y restringió fuerzas del civilismo democrático. La embestida desleal de la sociedad civil a la sociedad política, frente a la ausencia de legitimidad de esta ultima. Fue una cruzada despiadada, letal, sostenida con saña, a través de los medios, en el oprobioso papel de francotiradores. (Léase ejemplo Primer Plano). Con creciente intensidad en las dos ultimas décadas del siglo XX. El brutal asalto perpetrado con el ropaje de la sagrada, sociedad civil, causo efectos letales en la sociedad política. Pero no fueron estos alaricos de nuevo pelaje los favorecidos de esta despiadada ofensiva, sirvieron a los intereses y a las estrategias de otros: la mayoría de aquellos derrotados por la sociedad política en las luchas por la institucionalización de la democracia durante los años 60. Garantizaron el terreno para los que nunca tuvieron su mente cargada de sueños revolucionarios, ni por vehementes planteamientos éticos, como por ejemplo contra el flagelo histórico de la corrupción, sino que desarrollaron una poliédrica conjura cuartelaría en pos de una fría ambición de mando. Porque el pretorianismo en amalgama con petroditigismo, en subordinación servil de la Antilla Mayor, nutridos de lo peor de la tradición socialista de  nacionalismos chauvinistas, con cotas muy altas de santería y fundamentalismo islámico, que cantan la muerte necesaria de la demonizada sociedad política, y sostiene iguales designios a la sociedad civil, que no es para ellos precisamente la encarnación del bien. La sedicente sociedad civil, ha descubierto dolorosamente en carne propia que la sociedad pretoriana, no es su vasalla, sino que exige vasallaje. Ojala se articule en nuestro medio una poderosa sociedad civil con un necesario entramado de agrupaciones intermedias en todos los niveles, para una autentica participación ciudadana. El dirigente de la sociedad que quiera cambiar de vocación y asumir el papel de dirigente político, bienvenido a la sociedad política. Pero acabemos con esa ambivalencia del exponente de la sociedad civil, intentando mantener su condición de tal y en supuesto ejercicio de la misma, pretende ser uno de los rectores morales de la sociedad política. (Volveremos en una segunda entrega).

“Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”.

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