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Otro que abandona a Nicolás Maduro: Artículo de José Manuel Rodríguez: Un gobierno sin rumbo

 

El esfuerzo de mediar entre el Estado y los ciudadanos dota, a los políticos, de una cierta habilidad en el manejo de un aparato de control homólogo a las consolas de sonidos. Con él sus operadores buscan obtener efectos determinados. Hasta alguna nota destemplada, convenientemente insertada, sirve para entusiasmar a los escuchas. Pero lo que no se puede hacer, bajo riesgo de que el auditorio los pite, es desafinar de continuo.

No estoy generalizando, hablo de aquellos que hacen política como tutores de los ciudadanos. Aquellos que no saben, ni les interesa saber, que hay formas de hacer política acompañando a la gente en desentrañar los fenómenos sociales que están en juego, para poder avanzar con mayor certeza y velocidad hacia un mundo mejor. Es decir, que respaldan la potencialidad de la gente buena y sencilla para que asuma, como colectivo, el control de su propio destino.

En la Rusia Soviética, con la revolución aún viva, Lenin le dijo a Zinoviev: Uno debe decir la verdad. Si sufre una derrota, no debe intentar presentarla como una victoria; Si va a un compromiso, decir que se trata de un compromiso… Si se ha equivocado, reconocer el error sin temer por su prestigio; Si las circunstancias obligan a uno que cambie de rumbo seguir siendo el mismo, uno debe ser veraz con la clase obrera, si cree en su instinto de clase y en su sensatez revolucionaria…

Y perdonen mis circunloquios, estoy hablando de este gobierno. Ese que, sea un equipo cohesionado o un grupo de individuos dando patadas de locos a un balón, no cree en el instinto y sensatez de la sociedad. Que la supone satisfecha con su amigable distribución de bonos y bolsas. Que insisten en el manejo de sonidos y de imágenes saturándola de glorias pasadas y futuro prometedor. Que no parecen ver lo absurdo de anunciar cosas que no ocurren. Su engreimiento, o estupidez, les impide entender que los pueblos aprenden a reconocer cuando los dirigentes dejan de ser suyos. Y esto ya ocurrió y no tiene compón. Ahora, el último peñero al lugar del todos somos unos es la ANC. El rumbo que llevamos, a ningún lugar, dejará desgarrada el alma nacional.

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