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Aurelio F. Concheso: Una lluvia de ceros sin valor

 

No es difícil perderse entre la lluvia de ceros con los que nos tiene bombardeada la inclemente e incesante creación de dinero electrónico sin respaldo, y sometidos con la irresponsabilidad monetaria de los ductores de esa política.

Solamente en los últimos doce meses la liquidez ha aumentado Bs. 2.345.000.000.000.000. Es decir,  2.345 billardos, como diría el Dr. Rafael Caldera, si hubiera estado presente para observar semejante desastre, o, en notación científica, esa que se usa cuando de medir la distancia entre los astros se trata: 2.3 por diez a la quince, es decir, con 15 ceros a la derecha de la cifra.

Pero la realidad es terca y no hay cómo eludirla, escondiéndose detrás de la retórica ideológica o de medidas intencionalmente efectistas y con resultados ineficaces. No hay cómo esconder, por ejemplo, que para la semana del 13 de julio, el total de billetes en circulación, medidos a la tasa oficial más asequible, el Dicom-remesas de Bs. 2.900.000 por $, ¡no llega a diez millones de dólares!, además de que la liquidez total es tan sólo de $ 810 millones de dólares.

Para poner en cifra en perspectiva, en julio de 1999, al inicio del experimento del Socialismo del Siglo XXI, el dinero en circulación era $ 2.251 millones, y el circulante total $ 21.300 millones. Cifras, por cierto, muy similares a las que había en el momento de la última reconversión monetaria, la de la eliminación de tres ceros en 2007/2008.

Dicho de otra forma, los billetes en circulación, que han descendido un 99.5% a valor constante en apenas diez años, representan tan sólo 33 centavos de dólar per cápita, y el circulante, que ha descendido un 65%, lo que representa un bajón per cápita de $ 710, a unos meros $ 27.

No sólo es que la economía se ha quedado sin billetes, cosa que está a la vista de cualquier ciudadano que haga el infructuoso peregrinar por cajeros automáticos, sino también que, en términos de valor monetario real, se ha quedado de igual manera sin dos terceras parte el circulante que necesitaría para que la economía funcione.

Esto último, probablemente, escapa a la comprensión de quienes siguen empeñados en continuar creando dinero electrónico con abandono. Porque, mientras más dinero crean, más rápido se deprecian esos bolívares, y el resultado es que la velocidad de circulación o rotación de ese mismo dinero tiene que incrementarse para suplir su escasez.

Es por eso por lo que los bancos se han visto forzados a limitar las transacciones en puntos de venta a, por ejemplo, una o dos diaria o a unos meros Bs 40 millones (escaso $ 15,00) al día, pues, literalmente, se están quedando sin dinero. Es decir, no son los bancos, sino que es la economía la que se está quedando sin dinero, y el poco que hay, tiene que usarse y reusarse a mayor velocidad, colapsando el sistema de pagos. Prueba de que quienes tienen la responsabilidad de remediar esto no entienden lo que pasa, es que se han atrevido a  conminar a la Asociación Bancaria de Venezuela a “incrementar las operaciones de punto de venta al máximo”, lo cual sólo contribuye a acelerar el colapso.

El problema es que la economía, colocada en una camisa de fuerza cambiaria que ha estrangulado sus medios de pago, necesita revertir de manera urgente esa situación ¿Pero cuál es la solución?. No hay otra alternativa que permitir que la economía venezolana se conecte directamente con la del resto del mundo por la vía de reabrir, y sin contemplaciones, el mercado cambiario, permitiendo la libre circulación de monedas alternativas al tan depreciado bolívar que oxigenen los medios de pago.

Llámese dolarización, o caja de conversión -o como se quiera- esa decisión tiene que ser contundente, y no puede venir condicionada por la circulación de una cuasi-criptomoneda, como es el mítico Petro. Pues si no se toma con cierto criterio de premura, al volverse insignificante el circulante, el país corre el riesgo de verse reducido al trueque que, por lo demás, es propio de las economías primitivas.

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