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Román Ibarra: Nueva alianza para el progreso

 

Por iniciativa del Presidente John F. Kennedy en discurso del 13 de marzo  de 1961 en la Casa Blanca, en presencia de los Embajadores del Continente se creó la Alianza para el Progreso, como un modelo reformista de carácter social, económico y con el ánimo de impulsar el desarrollo democrático de la región.

La concreción del plan se llevó a cabo, mediante debate realizado en la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), llamada Conferencia de Punta del Este, entre el 5 y el 17 de agosto del mismo año 1961 en Uruguay. En dicha reunión había delegados de todos los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), incluyendo a Cuba.

En dicha reunión se aprobó la creación de la Alianza para el Progreso (ALPRO); cuyo texto oficial estableció como objetivo general: “Mejorar la vida de todos los habitantes del continente”. Además, tenía como objetivos específicos: El incremento anual de 2.5% en el ingreso del capital; el establecimiento de gobiernos democráticos; eliminación del analfabetismo para adultos para 1970; la estabilidad de precios, eliminación de la inflación, o deflación; proponía una forma más equitativa de distribución del ingreso; reforma agraria para mejorar la vida en el campo, y una planificación coherente en materias económica y social.

Cuba, representada por el asesino comunista Ernesto Guevara (a) El Che, se negó a firmar el acuerdo final, y no podía ser de otra forma, toda vez, que la alianza procuraba el establecimiento y permanencia de gobiernos democráticos en el hemisferio.

Si bien es cierto que la propuesta levantó emoción en la opinión pública de nuestros países, no es menos cierto que luego del asesinato del Presidente Kennedy, los gobiernos que le sucedieron redujeron la ayuda económica y financiera, y prefirieron establecer acuerdos bilaterales con cada país sobre todo en materia militar, frustrándose así lo que pudo haber sido la palanca del desarrollo social, económico, y la gran sinergia para la consolidación del sistema democrático en todo el Continente.

Pues, bien; visto el vaivén de la política latinoamericana de los últimos 50 años, en sentido general, bien valdría la pena que América toda bajo un liderazgo sólido, conjunto, y solidario, dirigiera sus pasos hacia una nueva alianza hemisférica que auspicie –otra vez- un modelo democrático para el concierto de naciones del continente, e impulse acuerdos sostenibles para el desarrollo equilibrado de todos para estar a la vanguardia global como un bloque coherente que mantiene relaciones de respeto mutuo con  el resto del mundo, pero que garantiza la preeminencia de sus valores, y principios libertarios.

Un poderoso bloque continental que auspicie el desarrollo económico sustentable con igualdad de oportunidades para todos; de fuertes instituciones democráticas; que garantice la defensa de los DDHH; la preservación del ambiente para el futuro, y por sobre todas las cosas que derrote eficaz y definitivamente al comunismo, y cualquier otra forma de totalitarismo de esos que como en la Venezuela de hoy, asesinan la esperanza de nuestro ciudadanos, sin pudor, sin recato, y sin vergüenza.

En nuestro caso venezolano, reconquistar, y mejorar democrática y electoralmente, la República civil que tuvimos en el lapso de 1958-1998, y para el conjunto hemisférico del mismo modo en países que como Bolivia; Nicaragua, y Cuba se niegan a abrirse a la democracia. En fin, una alianza que garantice la preservación de gobiernos democráticos, alternativos, de elecciones periódicas, y libres.

Es una fuerza democrática que entre todos tenemos que construir y con ella evitar saltos en el vacío como el que ha ocurrido en Venezuela en los últimos 20 años.

@romanibarra

 

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