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El ADN Fantasma, la verdad que redujo la ciencia ficción a simple tontería

 

Un descubrimiento científico está dando sentido a la telepatía, al impacto del nombre de Dios o a fenómenos como hablarles a las plantas para que crezcan mejor: se trata del ADN fantasma.

ADN fantasma es un término que acuñaron científicos rusos para describir un efecto que produce el ADN a las ondas de luz cuántica sin la presencia de la parte biofísica de la molécula (el ADN).

Ese grupo de científicos, liderado por el Dr. Wladimir Poponin, comenzó a estudiar la relación del ADN y las cualidades de la luz medidas en fotones a través de la introducción de distintos materiales dentro de una cámara al vacío con ambiente controlado que diseñaron especialmente para sus experimentos.

El objetivo era observar los patrones de luz que estos materiales dejaban dentro de la cámara una vez que eran extraídos de esta. Todos los materiales producían una distribución de patrones de luz completamente al azar. Pero cuando introdujeron una molécula de ADN descubrieron que al extraerla de la cámara, esta dejaba una distribución de luz con la misma forma de la molécula física, aunque ya no estuviera dentro de la cámara.

Alguna nueva estructura de campo se había excitado en el vacío físico. Era como si el ADN dejara una fuerza residual a través de un campo que los científicos no podían explicar o como si el ADN influyera en los fotones a través de una fuerza invisible, por eso le llamaron ADN fantasma.

¿Cuál teoría se levanta por el ADN Fantasma?

El campo fantasma que excita la molécula de ADN puede acoplarse a los campos electromagnéticos convencionales como es el caso del campo electromagnético de la luz láser.

Muchas hipótesis se plantearon a partir de aquí, en donde existe la posibilidad de que un cambio de vibración fundamental en la molécula de ADN puede modificar su estructura y su información no solo sobre la secuencia primaria de las bases nitrogenadas del ADN, sino además información cuántica que posiblemente alberga la molécula y funcionar como una antena y un ordenador holográfico bajo la influencia de radiaciones electromagnéticas coherentes captadas y emitidas por el mismo ADN. Es decir, que el ADN fantasma comprobaría la capacidad de esta molécula de experimentar un fenómeno de hipercomunicación.

¿Cómo se produce este proceso de hipercomunicación?

Al parecer, el ADN de los sistemas vivos tiene atributos de ondas que los conectan con dimensiones o planos superiores de la existencia: La oscilación de nuestro ADN genera campos de torsión en el entorno con patrones de perturbación en el espacio que producen miniagujeros de gusano. Esto le permite al ADN atraer bits de información que viajan instantáneamente entre puntos distantes en el espacio-tiempo. Esto significaría que al introducir el ADN en la cámara y luego extraerlo, esta molécula puede generar agujeros de gusano basado en su información cuántica (en forma de ondas electromagnéticas) para transmitir información de un lugar a otro o de un tiempo a otro, lo que sería el ADN fantasma.

Por su parte Peter Gariaev, biofísico y biólogo molecular ruso, también estudió las cualidades “fantasmas” de la molécula y para probar el fenómeno de hipercomunicación realizó un experimento donde irradió con láser el ADN de un embrión de salamandra y este mismo láser luego lo irradió al ADN de un embrión de rana, transformando así embriones de ranas en embriones de salamandra.

Este fenómeno es tan ampliamente estudiado por Gariaev que ha decidido expandir su campo de la genética de ondas hasta lograr demostrar teorías en donde la lingüística ejerce modificaciones en los sistemas vivos desde sus niveles cuánticos.

De esta manera, así como se puede explicar cómo en una colonia de hormigas la reina dirige por hipercomunicación la planificación de la colonia y si esta muere ocurre la desorientación del colectivo, así mismo pretende explicar otros fenómenos más complejos como ejemplo por qué hablarles a las plantas con amor o con odio marcaría una diferencia en su crecimiento, o si lo que cuenta la Biblia sobre cómo el solo hecho de haber pronunciado el nombre de Jehová en su forma originaria aniquiló a un ejército completo no sonaría tan surrealista, o como ocurre la clarividencia de ciertas personas, o incluso la existencia de los aliens y hasta comunicarse con el más allá, puesto que como bien establece Gariaev “nuestro ADN funciona como una especie de antena de comunicación a nivel cuántico que rompería las barreras del espacio y del tiempo, lo que confirmaría la visión holística de un ser humano interrelacionado con todo y con todos.”

Por lo tanto, a través de los agujeros de gusano microscópicos, el ADN podría atraer información de más allá del espacio e incorporarla a nuestra conciencia.

A nosotros nos basta saber si es posible la asistencia remota, el desarrollo de la máxima intuición y si podemos llegar a hipercomunicar la felicidad y los placeres.

 

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