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José Ignacio Moreno León: Lo que la Singularity no dice

 

La Singularity University es un think tank, establecido en 2009 en el Silicon Valley de California con base a las ideas del científico Ray Kurzweil’s quien predice que la nanotecnología y la biotecnología contribuirán masivamente a potenciar la inteligencia humana en las próximas dos décadas y a generar cambios fundamentales en la economía y en la sociedad global.

Con base a estas referencias este grupo ha estado divulgando las más relevantes transformaciones científicas y tecnológicas que caracterizan las nuevas realidades del siglo XXI y sus tendencias a corto y mediano plazo. Así se señalan, entre otros, logros importantes en la inteligencia artificial, como el desarrollo de vehículos eléctricos que ya están empezando a comercializarse como autos autónomos (sin chofer); la revolución de los software que cambiará la mayoría de las industrias en los próximos 5 a 10 años con gran impacto en la reducción de puestos de trabajo convencionales, incluyendo la profesión del derecho; el avance en la robótica con androides que en las próximas décadas podrán desarrollar inteligencia superior a los humanos, y nuevas herramientas y tecnologías que en el campo de la medicina facilitaran la prolongación de la vida humana por encima de los 100 años.

Con gran entusiasmo los científicos de Singularity divulgan en foros y conferencias internacionales estos espectaculares avances de la ciencia y la tecnología que son nuevas realidades que están teniendo y tendrán notables impactos en la sociedad de este nuevo milenio. Pero lo que estos profetas del avance tecnológico no mencionan son los impactos sociales y políticos y sobre la gobernabilidad de los pueblos que están derivándose de esa nueva revolución científica. Omiten referirse a la influencia que estas nuevas realidades de la posmodernidad está teniendo -por ejemplo- sobre la institucionalidad democrática y los retos que estos dramáticos transformaciones, que configuran la sociedad de la información y del conocimiento, le plantean a las instituciones políticas, y en especial a los supuestos líderes de las mismas, ya que estos cambios están configurando un concepto más amplio de ciudadano y ciudadanía y el surgimiento de nuevas formas de gobierno y de Estado.

Surgirán así gobiernos promovidos por ciudadanos más educados y mejor formados, capaces de participar directa y activamente en los procesos de toma de decisiones sobre asuntos de interés personal y de su colectividad. Podríamos convenir entonces que, frente a estas nuevas realidades de la sociedad postmoderna ya no hay cabida para el autoritarismo político ni para el caudillismo mesiánico, inflexible y jurásico que afortunadamente parece estar en retroceso en América Latina, a pesar de sus intentos por resurgir en las últimas décadas en unos pocos países de la región.

@Celaup

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