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Simón García: El carnet: ¿tener o no tener?

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Los nuevos regímenes autoritarios, sin dejar de usar la violencia como arma de intimidación y represión física, han incorporado a su caja de herramientas la infiltración de la conciencia y la extirpación de la voluntad de lucha. Los expertos en estas materias han comenzado a explicar esas nuevas tecnologías de dominación.

Un ejemplo es el carnet de la patria. La raíz de la palabra ilumina dos significados. Uno el de cuadernito, obvio que de cuatro hojas, antiguamente usado para tomar apuntes. Otro, el de documento que acredita una membresía o garantiza que su portador está capacitado para ejercer una determinada actividad. Pero en la neolengua del régimen refiere a un documento que autoriza a recibir beneficios del Estado a quienes lo tengan y arrojar a un gheto a los que no.

La oposición extremista complementa, al revés, la misma manipulación contra los que tienen carnet. Arroja sobre quienes lo poseen agresivas condenas y descalificaciones. Edifica una muralla infranqueable ante más de la mitad de la población, descontenta con el gobierno, pero ajena a la polarización gobierno/oposición. Estos opositores, radicales de palabra, consagran exclusiones morales y se sienten superiores a quienes no se contagian de sus alucinaciones.

No son muchos cuantitativamente, pero las redes multiplican sus posturas de aniquilamiento de líderes y partidos de la oposición reformadora, contraria a la violencia y defensora de la Constitución. El silencio frente a ellos, por temor al fusilamiento en las redes, está permitiendo una creciente difusión del pensamiento extremista de una aristocracia opositora que opera con chantajes.

Propuse a varios dirigentes de oposición que se inscribieran públicamente en el carnet de la patria, justificando sus razones y explicando que hacerlo reventaba la posibilidad de que el gobierno lo usará como marcador de sus adversarios. Mientras pasaban las oportunidades recordaba las palabras de Cesar, en la obra de Shakespeare: “Los temerosos mueren mil veces antes de morir”.

Tener o no tener el carnet de la patria es una decisión personal que debe respetarse. Pero su abordaje político sin prejuicios ni falsas divisiones puede permitir un debate sobre una estrategia opositora con cable a tierra, que entienda a los opositores que tienen carnet y que pueda proporcionar un rumbo país que reunifique a los venezolanos.

En condiciones de debilidad, adversas para ejecutar una estrategia alternativa, hay que saber combinar la confrontación y el enfrentamiento directo al gobierno con iniciativas que asuman su propio juego para debilitarlo desde adentro. La metáfora del caballo de Troya podría ilustrar, en parte, la idea.

Tener el carnet no implica doblegarse, como lo prueba la diferencia entre votos oficialistas y cifras de carnetizados. Al contrario de lo que afirman los repartidores de execraciones moralistas, mientras más opositores lo tengan más se anula el plan de exclusión del gobierno, nos aproximamos mejor a la mayoritaria oposición social, descartamos un contraste que nos aleja del corazón del descontento y nos abrimos a la posibilidad de pasar de sometidos a emancipadores, aún jugando con las cartas del sistema que combatimos. No sólo desde el exterior.

No han sido pocas las veces que buscando chocar frontalmente con el poder, hemos terminado por ayudar a consolidarlo.

@garciasim

 

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