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Pedro R. García: El referéndum como contrafuego del Estado Comunal…

 

Debemos evitar lo señalado  con tristeza por Luvodico Silva, cuando comento, “como lo resumió mi viejo y querido amigo, Rómulo Henríquez, “Romulito”, “teniendo el control del movimiento obrero, respaldo de la clase media, parte del yamado empresariado nacionalista, movimiento estudiantil en todos sus niveles, pueblo todo, parlamento y hasta con un apoyo significativo y trascendente en el ejército, como lo demostraron los posteriores alzamientos de Carúpano y Puerto Cabello, nuestra dirigencia política optó por irse a las guerrillas, al ámbito rural, precisamente donde no teníamos a nadie, por decir menos fue tremendismo”.

Acotación necesaria…

“La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (Publicada en Gaceta Oficial del jueves 30 de diciembre de 1999, Número 36.860). Afirma en su preámbulo: El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; Con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; En ejercicio de su poder originario representado por la Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en referendo democrático, decreta la siguiente. Artículo 72. Características del referéndum Venezolano: El referéndum contemplado en nuestra Constitución presenta las siguientes características: Es decisorio, puesto que a través del mismo, el pueblo decide sobre la suerte del proyecto de reforma general de modo que si éste no se aprueba por mayoría, ejemplo quedará rechazado y no podrá presentarse de nuevo en el mismo período constitucional (artículo 247 de la Constitución). Es en definitiva el pueblo “ejerciendo el poder constituyente” quien decide sobre la procedencia o no de una nueva Constitución. Es constitutivo, pues la voluntad del pueblo, manifestada a través del referéndum, dará vida a la nueva Constitución, en caso de expresarse positivamente. Es legislativo, en razón de la materia específica (reforma general de la ley de leyes) para la que se contempla. Es obligatorio, puesto que la propia Constitución impone la obligación de su realización. Es rarificativo o “post legem”, ya que el pueblo deberá ser yamado para que exprese su opinión”. La crisis dramática que estamos resistiendo es una voltereta histórica hacia atrás. Con el agravante entre otros que ha sido incipiente la capacidad de reacción política e intelectual. Porque lo propio de ese ámbito es el planteamiento racional, el despliegue de los análisis lógicos que permitan, la búsqueda de del conocimiento cierto de las cosas por  sus causas, según  la  clásica  definición aristotélica de  ciencia. Y, lo que estamos viviendo políticamente en nuestro país es un alarde de insensatez. “La preeminencia del facere sobre el agere”. Es así como lo ve el común del venezolano que esperaba, como ha sido históricamente una resistencia mucho mas radical frente a los aspirantes a autócratas, el proceso en ciernes desde el 1992 a esta fecha, se caracteriza fundamentalmente por la manipulación  política  de  lo instintivo y pasional  para  la  obtención  y  mantenimiento  del  poder.  Se  me  dirá  que, tanto Maquiavelo como Hobbes construyeron sus respectivas concepciones de la política en base a lo instintivo y pasional y no en base a la racionalidad. Como cada quien escoge sus referencias, hay que decir sin sutilezas que ni El Príncipe ni El Leviatán constituyen, en la apreciación de quienes nos confesamos militantes del interés supremo de que definitivamente se arraigue en el país de una sólida cultura democracia, por lo que tenemos reservas de estos paradigmas de análisis y mucho más de los presupuestos  de  acción. Y que, por el contrario, en Platón, Aristóteles, Cicerón, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, si a autores clásicos vamos, donde pueden y deben hallarse las fuentes nutrientes de una óptima concepción de la persona y de la sociedad, del ciudadano con conexión y de la comunidad con soporte ético, vale decir, propiamente humana. Dicho esto, vayamos  al  grano. Estas notas pretenden, sobre desde nuestra humildad, más  que  dar  respuestas,  insistir en incitar a la reflexión crítica, provocar un esfuerzo de sensatez para extraer derivaciones prácticas, y orientaciones para la acción. Cuando la conciencia de un país se narcotiza por la  irracionalidad hecha poder  existe  el riesgo que se impongan las reacciones pendulares, aquellas que pretenden sepultar el despropósito de un signo con el desatino del signo opuesto. Churchill, en referencia a Hitler, decía que cuando un gobierno se transforma en delincuente hay que hacer algo. Frente al ejercicio retorcido del poder, que hoy sufre Venezuela. La crítica del poder es condición de toda  crítica. Esa es, en este momento más  que  nunca, la  función  de entre otras de los intelectuales. A pesar de lo luctuoso  del momento y de los análisis periódicos de algunos que quieren estar siempre más allá del bien y del mal; que, desde su prado, no se comprometen con nada y se imaginan ser los jueces lúcidos de todo y de todos; que resplandecen como poseídos por un epifánico narcisismo; que condenan en la oposición cuanto ha hecho a lo largo de estos dieciocho años (desde la campaña electoral de 1998 hasta mayo de este año); a pesar de  ello, digo, por respeto a  la dignidad  del pensamiento, tenemos que seguir, a pesar de nuestras deficiencias, intentando la crítica y darle cauce de historia. Me parece que todo lo que ambicionemos desde la reflexión creadora debe servir en algo a la toma de conciencia de nuestros problemas, como un paso necesario para salir de ellos. Resulta estéril desviar  la atención  y  perder  el  tiempo discutiendo con quienes se empinan de presunción en presunción y se precipitan, seguidamente, de desaciertos en desaciertos; que plantean, como condiciones previas y necesarias de cualquier consideración, según su óptica valedera, descifrar enigmas inescrutables. Es un buen  momento para un diálogo, pero no de sordos con los barroquismos atormentados de quienes están vitalmente comprometidos con el culto a la propia personalidad. Rómulo Betancourt, quizá parodiándolo, hablaba de la terquedad de los hechos, que no pueden evadirse, con un simple voluntarismo, de piernas cortas. El hombre puede estar privado de cualquier cosa menos esperanza. Según la leyenda griega, Prometeo fue encadenado al Cáucaso por haber revelado a los hombres los secretos divinos: les entregó el fuego, los metales, las artes, la agricultura; entonces los dioses, celosos de ese ser que iba a crecer tanto, lo condenaron al terrible suplicio. Sin embargo, Prometeo dice en el texto de Esquilo “No solamente les di lo que dicen los dioses, les di más que eso, les di algo más importante, ¡les di la esperanza!”. Hoy en el pais los mas no tienen más que una insipida sopa de nada. ¿ Duro ?…” Esa es lo más triste, la tragedia sin esperanza, la que no da lugar a un cotejo, a una disputa, a una suma de fuerzas, sino a la dispersión. La resignación es una de las virtudes, menos democráticas conocidas; la esperanza es todo lo contrario: la más democrática.  Lo que hay que ver con cuidado son las profecías, pues ellas forman parte del refugio de los desesperados. Los profetas judíos se daban el lujo de corroborar constantemente sus profecías y existían razones de peso en sus certezas. Profetizaban, por ejemplo, la caída de un gobierno corrupto e infame y como la gente les creía, ese gobierno perdía consenso, legitimidad y se derrumbaba. Así es que, gracias a la acción del profeta, ya no podía gobernar contra todo el mundo. Maquiavelo decía al respecto que el creía en los profetas armados pero cuando estaban mejor armados que sus adversarios. En el país el General petróleo fue quien realmente  realizó  la  profunda  transformación  de la Venezuela desde la primera mitad del siglo XX. Se operó así el cambio de la República pobre, pobrísima, a la República rica; de la nación campesina a la nación urbana; del país rural al país minero. Del sueño imposible de La Alborada de Rómulo Gallegos, al despuntar la centuria, al sueño rebelde y acariciable en su potencialidad modernizadora de la élite universitaria de 1928 (en un país con más de un 70 % de analfabetismo), va toda la elipse que cristaliza en el imaginario colectivo distinto de una generación civil, civilista y civilizada. Pero si no se entiende eso, la política se convierte en un ejercicio de escapismo. Y si el además logra  armarse de la arbitrariedad  hecha poder el daño colectivo puede ser de dimensiones colosales. Detrás de las diversas investigaciones elaboradas por instituciones respetables, queda poco espacio a la duda sobre si la aniquilación de la empresa petrolera  nacional, PDVSA, fue, desde el más alto gobierno, una “política” deliberada. La ira  a los  defectos del  pasado ha cedido a la desidia y obscena corrupción, ante las evidencias del actual despropósito gubernamental, hay que reactivar lo que fue la decidida combatividad de las mayorías nacionales, tanto de la sociedad política como de la sociedad civil. La tarea de empezar a labrar el futuro saliendo de este oscuro presente es vista como tarea de todos, como empeño que no admite deserción ni cobardía. Desde diciembre de 2001 es, sin posible marcha atrás, un empeño unitario, un esfuerzo continuo. Con  avances y  retrocesos, con éxitos y fracasos, con heroísmos y ruindades, con sacrificios sin fábula. Un sinnúmero de ciudadanos con banderas, canciones y  consignas conquistando la calle. Con víctimas y perseguidos. Millones de firmas y protestas multitudinarias para acabar esto en paz, una y otra vez. Y, concluido el tiempo de la espera, parece que hoy hemos, como se dice en criollo, yegado al yegadero. Con cifras de desempleo, de pobreza, de delincuencia criminal de hiperinflación, de hambruna evidente que indican lo mal que el venezolano de la mitad de la segunda década triste del siglo XXI está viviendo, con una revolución que es tragedia. Y no hay tragedia grata. Los  ciudadanos  de  a  pie  piden  unidad  en  la  cabeza. Para hacerlo efectivamente, en medio de un desarrollo de acontecimientos que pueden desembocar, en cualquier  momento,  en  un cruento estallido social  con el incalculable costo humano y político. El gobierno pareciera, con su patibularia  política económica y social, estar precipitando esa detonación, obviando que Nerón incendió Roma y aunque estuvo cantando y tocando la Cítara ante el incendio, se vio en la cobarde necesidad de inventar luego la culpa de los cristianos para tapar, con los horrores de la persecución, los hechos de su esquizofrenia infame. En medio de esta crisis que se ha hecho innegable, dentro y fuera del país, lo que dejar ver la imposibilidad de que quien desgobierna continúe en el mando. No hay un Comando político que de la cara al decisivo de este sospechado evento electoral, primero si participaran lo que no se ha definido con claridad, y de ser así, y se convocase, cuales son sus objetivos tácticos, que sirvan de cuadrante para sortear si se complejiza aun mas este delicado tramo. Si la decisión fuese participar.

Nos arriesgaremos a insinuar tal vez infundadamente, seis dilemas, frente a los que hay que plantarse.

Y frente a estos, ¿Qué hacer?

(1) No participar y explicar la razones y el plan alternativo

(2) Acordar la participación en el referéndum, y solicitar unas garantías de reglas mínimas, con veeduría calificada.

(3) Una Victoria de los convocantes  rechazando  su aprobación  y el intento del  oficialismo de desconocerla.

(4) Una victoria del régimen con una mayoría del si y por tanto la obligación de reconocerla frente al oficialismo y frente al país.

(5) Una derrota de la opción de la oposición producto de una acción fraudulenta del oficialismo.

(6) Una victoria cerrada de la oposición y una propuesta como en el 2.007 (aceptada por los conductores) de modificar algunos resultados para conservar la ficción de fuerza electoral del régimen con el chantaje de preservar el orden y, coherentes con el plan táctico del Comandante en jefe eterno, la dirección bicéfala causahabiente ejecutara con toda seguridad y con el apoyo soliviantando de sus leales y asalariados una acción para impedir a cal y canto la admisión de su debilidad y aceptar dialogar con la oposición un nuevo esquema de relaciones de poder de cara a hacer viable la gobernabilidad.

“Cada uno de esos escenarios, debe tener respuestas contundentes”.

Por eso mucho ¡Cuidado! obligatorio es evitar el “síndrome de las imprecisiones, y las celadas en las que sectores opositores han lucido entrampados en anteriores procesos, el no participar sin un plan creíble alternativo es una grave omisión, ¡Cuidado mucho! ¡Cuidado! Si la decisión es participar y al final de esquivar lo que haya que esquivar, de confrontar lo que haya que confrontar el día de las elecciones, de hacer los reclamos e impugnaciones, de tener cada uno las papeletas en la mano, si no los acompaña una fuerza militante de por lo menos doscientos mil ciudadanos dispuestos en ese decisivo momento a poner la carne en el asador, y avanzar a hacia donde haya que hacerlo, el cuadro opositor podría finalizar deambulando de embajada en embajada como el defenestrado Zelaya y ojala encuentren un alma caritativa como la de Chávez que le dio una chamba en Petro-caribe. En uno de los textos considerado paradigmáticos, sobre la feroz batalla de Stalingrado, el historiador William Carrick, destaca entre muchas otras cosas una afirmación de un testigo cercano de ese cruento lance, Whiston Churchill, quien al referirse a su radical importancia, lo resume en esta expresión,  sin lugar a dudas que esa encarnizada batalla “giró los goznes de la historia”. Si no se logra mover aunque sea el picaporte del CNE. No seria posible la garantía de unos objetivos resultados. Por eso es inaplazable el abordaje del ¿que hacer? frente Referéndum que intenta darle carta de ciudadanía al nuevo proyecto de la fáctica (ANC). De creación del  Estado comunal, tenemos el mecanismo para apelar, el mismo  que Chávez diseñó a su antojo. La Constitución vigente. Es el  momento  de  las  reagrupaciones,  de  las inclusiones, de decir que quien no está en favor es bienvenido a integrarse a la aplastante  mayoría  de   la   nación  que  está en contra de la irracionalidad, de la violencia y de al insensatez. La abrumadora totalidad estar al corriente que no hay ninguna posibilidad de empezar a construir la salida de la crisis mientras el  antojo despótico siga en el poder.

“En el país pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”…

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