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Manuel Taibo: Un desastre muy capitalista

 

El mensaje es el siguiente: “No eres nadie, eres quien nosotros queremos que seas”. La esencia de la deshumanización.

Del shock y de la conmoción surgen miedos, peligros y destrucciones inaprensibles para la mayor parte de los pueblos, para elementos y sectores específicos de los pueblos de la amenaza, o para los dirigentes. La naturaleza, bajo forma de tornados, huracanes, terremotos, inundaciones, incendios descontrolados, hambrunas y epidemias también puede generar estados de shock y de conmoción.

Esta forma fundamental del capitalismo siempre ha necesitado de catástrofes para avanzar. Sin duda las crisis y las situaciones de desastre eran cada vez mayores y más traumáticas, no era una invención nueva, derivada de lo sucedido el 11 de septiembre. En verdad, estos audaces experimentos en el campo de la gestión y aprovechamiento de las situaciones de crisis eran el punto culminante de varias décadas de firme seguimiento de la doctrina del shock. A la luz de esta doctrina, adquieren un aspecto singular y muy distinto del que nos han contado. Algunas de las violaciones de derechos humanos más despreciables de este siglo, que hasta ahora se consideraban actos de sadismo fruto de regímenes antidemocráticos, fueron de hechos un intento deliberados de aterrorizar al pueblo, y se articularon activamente para preparar el terreno e introducir las “reformas” radicales que habrían de traer ese ansiado libre mercado.

Mike Battles supo expresarlo mejor: “Para nosotros, el miedo y el desorden representaban una verdadera promesas” El ex-agente de la CIA de treinta y cuatros años se refería al caos posterior a la invasión de Irak, y cómo gracias a eso su empresa de seguridad privada, Custer Battles, desconocida y sin experiencia en el campo, pudo obtener contratos de servicios otorgados por el gobierno de USA por valor de unos 100 millones de dólares. Sus palabras podrían constituir el eslogan del capitalismo contemporáneo: el miedo y el desorden como catalizadores de un nuevo salto hacia adelante.

“Los cientos de saqueadores que redujeron a añicos cerámicas antiguas, que rompieron vitrinas y se llevaron piezas de oro y otras antigüedades del Museo Nacional de Irak, han saqueado nada menos que los recuerdos de la primera civilización. Informó el diario Los Angeles Times. “Ha desaparecido el 80% de los 170.000 objetos de gran valor del museo.”

Como señalaron sin demora los planificadores de la guerra: “Pensé que la privatización que se produce de manera natural cuando alguien toma un vehículo o un camión del Estado no tenía nada de malo.” Burócrata veterano de la administración de USA y firme creyente en la economía de la Escuela de Gringolandia, McPherson describió el pillaje como forma de “reducción del sector público.

Esta ceguera neocolonialista es un tema recurrente en la guerra contra el terror. En la prisión de Guantánamo hay una sala conocida como “la choza del amor”. Los detenidos son conducidos a esta celda cuando sus captores han decidido que no son combatientes enemigos y están a punto de ser liberados. En la choza, a los prisioneros se les permite ver películas de Hollywood y se les sirve comida basura americana.

Resulta difícil de creer, pero de nuevo ése era más o menos el plan de Washington: sembrar el shock y el terror en todo el mundo, destruir sus infraestructuras, permanecer de brazos cruzados mientras su cultura y su historia eran víctimas del pillaje, para arreglarlo después con un abastecimiento ilimitado de electrodomésticos baratos y comida basura importada. De la noche a la mañana, el país pasó de ser uno de los más aislados del mundo, separado del comercio más básico por las estrictas sanciones de la ONU, a convertirse en el mercado más abierto del planeta.

Mientras las camionetas de reparto cargadas con los objetos saqueados partían hacia Gringolandia, en dirección opuesta llegaron convoyes de remolcadores repletos de televisores, DVD de Hollywood, todo listo para ser descargado en las aceras del país. Una cultura desaparecía bajo las llamas y a manos de los saqueadores, y otra llegaba en sus embalajes para sustituirla.

Una de las empresas norteamericanas preparada para dar pistoletazo de salida al experimento del capitalismo de frontera fue New Bridge Strategies, fundada por Joe Allbaugh (exjefe de FEMAS con Bush). Su promesa consistió en utilizar sus contactos políticos de alto nivel para ayudar a las multinacionales estadounidenses a llevar una parte del pastel de Irak. “Conseguir los derechos de distribución de Procter & Gamble sería una mina de oro”, observó entusiasmado uno de los socios de la compañía. “Un Seven Eleven bien surtido podría dejar fuera de juego a treinta tiendas iraquíes, y un Wal-Mart se haría cargo de todo el país”.

Como los prisioneros de la choza del amor de Guantánamo, todo Irak iba a ser sobornado con Pringles y cultura pop. Ésta era, al menos, la idea de un plan de posguerra de la administración Bush.

La guerra en Irak lleva tanto tiempo en modalidad de control de daños que resulta sencillo olvidar la visión original de cómo se suponía que tenía que funcionar.

“El mundo es un lugar caótico, y alguien tiene que poner orden”. Condoleezza Rice, sobre la necesidad de invadir Irak.

 

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