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Oscar Henrrique Fuenmayor: Leyendas urbanas de venezuela

 

1- visitantes extraterrestres

De acuerdo con cierta leyenda urbana, en nuestras ciudades existen unos huecos que comunican con el centro de la tierra, en la cual, desconocida por la humanidad, viven felices y con estabilidad de precios toda una civilización de seres inteligentes que desde hace algún tiempo vienen observando asombrados lo que pasa aquí en la superficie.

Según se dice están visitando a nuestro país desde hace algún tiempecito aprovechando la gran cantidad de huecos que hay por todas partes ─que los ayuntamientos no se ocupan en tapar─ y que le arruinan la vida a transportistas y a quienes todavía tienen carro. Debe ser por esta razón por la cual nadie ha reportado hasta ahora algo extraño saliendo de las profundidades; tal huecamentazón les habría facilitado sus incursiones al ser tomados como ciudadanos cualesquiera  caminando por nuestras calles y avenidas rotas.

Según la opinión de algunos psíquicos avanzados que han logrado abrir el tercer ojo (el de la consciencia superior), estos seres  intraterrestres les han comunicado su asombro, no solo por la cantidad de huecos y basura regada por todas partes, sino también por la exagerada cantidad de elecciones que se hacen en este país y la alimentación de los venezolanos. Les parece muy extraño que, mientras más elecciones se hacen, mas flacos están los ciudadanos. Han manifestado telepáticamente a los psíquicos que les asombra mucho el contraste entre el regocijo de Maduro por el resultado de la reciente elección y la abstención que ronda el 80% a pesar de clap  y perniles que fueron prometidos y que todavía no terminan de llegar.

Naturalmente, como somos gente sería pensamos que todo esto no es mas que puras habladurías y cuentos de caminos llenos de huecos, ya que hasta el presente nadie ha declarado formalmente haberlos visto ni saber por cuáles de entre los tantos huecos que han prometido tapar los nuevos concejales  están incursionando en nuestro territorio.

2- El pájaro hueco

Se dice que  suele aparecer para señalar que le va a ocurrir algo malo a alguien. Se le ha visto rondar a políticos que luego han perdido el poder o que han sido descubiertos en alguna movida rara al margen de la ley y las buenas costumbres. Últimamente esta curiosa ave ha sido vista frecuentemente por los alrededores de la ANC desde que estaba fermentándose la Ley de Promoción y Protección de la Inversión Extranjera y aprobada sorpresivamente el Día de los Santos Inocentes de 2017 por la ANC.

Los Constituyentes suelen oír sobresaltados el tétrico chirrido de esta ave de mal presentimiento cuando sobrevuela el hemiciclo; saben que les está anunciando que el peso de la historia caerá sobre ellos por urdir, apartados del Pueblo, un proyecto secreto de constitución para beneficios de viejos y nuevos privilegiados.

3- El Autobús Fantasma (o la parada del terror)

Esto le pasó también a mi comadre Inocencia quien todavía no se repone del susto.

A varios desprevenidos les ha ocurrido que, por la noche, cuando ya han perdido la esperanza de que pase algún vehículo del transporte público o privado, se les ha aparecido un extraño autobús rojo rojito, si placas que lo legitimen,  y no les ha quedado mas remedio que abordarlo porque no hay de otra.

Lo curioso es que de las personas que están en la parada, como si también estuviesen esperando trasporte,  casi todas se han abstenido de subirse y que solo una  única pasajera lo hace; desde la parada la observan y se sonríen entre ellos maliciosamente… Oscuros presentimientos encogen el corazón de la pasajera, diríase mas bien,  la víctima.

La pasajera saluda al conductor, un tipo bigotudo y panzón que da la impresión que come hasta cinco veces al día como dice Menéndez que comemos los venezolanos. A su lado se encuentra una extraña mujer con cara de yo no fui; da la impresión de ser el colector o, mas bien, la colectora. “Cilita, cóbrale la deuda externa a la señora” oye que dice una voz de ultratumba que para los pelos… No hay mas nadie en el autobús, es la única pasajera.

Apenas se sienta, raudo como el descenso del valor del bolívar, arranca el rojo rojito vehículo; la mujer ve preocupada que el autobús aumenta la velocidad sin explicación. Intenta decirle algo al chofer pero éste parece no escuchar como los presidentes de ciertos países. ¡Pare por favor! ¡Me quiero bajar! Grita despavorida la solitaria pasajera, mientras que el chofer y su acompañante ríen estruendosamente como si estuvieran muy felices.

Luego de atravesar calles y avenidas sin prestar atención a semáforos y demás señales de Ley, el raudo autobús ya se ha convertido en una exhalación que amenaza llevarse todo por delante. ¡Por favor señor, frene! Clama la mujer ya en el paroxismo del terror… En eso el conductor se levanta y dice riéndose a carcajadas a su compañera: “vamos a bailar Cilita, que aquí todo está bien”… es entonces cuando la pobre pasajera comprende la verdad de su situación y, casi en los linderos de la perturbación mental, acierta a lanzarse al vacío por una de las ventanas aprovechando una cuesta que obliga a la nave sin frenos y sin conductor a disminuir la velocidad.

Con contusiones menores, pero fuera del autobús rojo rojito,  la asombrada pasajera todavía alcanza a ver al diabólico vehículo perdiéndose a toda velocidad en las sombras de la noche, suspirando aliviada por haberse bajado a tiempo de semejante pesadilla.

Quienes  han experimentado el encuentro con este misterioso autobús, como mi comadre Inocencia, recomiendan cuidado con extrañas paradas que no están señaladas oficialmente y, sobre todo, con cualquier autobús pintado de rojo porque podría tratarse del autobús fantasma que casi se lleva a mi comadre Inocencia.

 

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