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León Moraría: Usurpación

 

Usurpación es la palabra que define con exactitud el acto de juramentación de Nicolas Maduro, para asumir un nuevo período de seis años como presidente de la República de Venezuela. Veamos que dice el diccionario: Usurpador. Que usurpa. Dícese especialmente del que se apodera valiéndose de procedimientos injustos (ilegales) de la autoridad soberana.

La democracia es un laberinto donde todos los caminos conducen a lo mismo: servir los intereses del gobernante de turno, sea cual fuere el disfraz con que se vista. El chavismo inaugura su aparición en la política nacional como abanderado de la democracia y Robin Hood de los derechos de las mayorías empobrecidas por las políticas antipopulares de gobiernos anteriores, al servicio de empresarios nacionales (Fedecámaras), y capitales transnacionales.

Con el discurso de la defensa de los derechos de las mayorías nacionales, se monta la farsa de gobierno que, en catorce años (Chávez) y seis años (Maduro), condujeron el país al desastre institucional y ruina económica en que nos encontramos.

Para enaltecer y aparentar vocación democrática, el chavismo comienza por convocar la Asamblea Nacional Constituyente Originaria, con ínfulas de refundar la “Quinta República”. En tres meses elaboran la nueva Constitución que, en gala de inmodestia, consideran la “mejor del mundo”. En definitiva, es la misma Constitución burguesa, capitalista de 1961, por cuanto la palabra “socialismo” no figura en el texto constitucional, pero ello no les quita para asumir la temeridad de declararse socialistas. Si ese era el proyecto ¿Por qué no incluyeron en la Constitución alguna norma que abriera esa perspectiva de transformación económica y social? En este hecho, de apariencia intrascendente, se insinúa la doble faz del chavismo: farsa socialista y farsa democrática. Apariencias y realidades. En definitiva, las constituciones sirven para lo mismo, violarlas cada vez que sea necesario imponer los intereses de grupo, del gobernante de turno. Es así, como, la mejor “Constitución del mundo” (1999), sirve para instaurar el gobierno de los militares, por los militares y para los militares. Base de sustentación del gobierno de Maduro, con el beneplácito del imperialismo que tanto desdeñan, por cuanto los militares de los ejércitos de América Latina son anticomunistas y realizan el postgrado en la Escuela de las Américas. Chávez, para su ascenso a teniente coronel, lo realizó en Guatemala, según propia confesión.

Lo que ocurre en Venezuela, con la farsa de Chávez y Maduro, es exactamente lo mismo a lo que ocurre en Brasil con Bolsonaro, en Colombia con Duque, en Chile con Piñera, en Honduras, Paraguay y en todos los países donde los militares son guardianes de los intereses del capital.

Durante los años de gobierno de Chávez, la balanza comercial de Venezuela (60%) fue con Estados Unidos, así como la mayor cuota de petróleo (1 millón doscientos mil barriles diarios). De manera que el discurso antiimperialista de Chávez era simple disfraz, por cuanto mantuvo esa relación como le enseñaron en la Escuela de Las Américas y la complementó con préstamos, al elevar la deuda de 60 mil millones de US$ a 240 mil millones de US$. El discurso en la ONU, esto huele a azufre, formaba parte de su retórico histrionismo de payaso, que lo caracterizaba.

Mientras el entusiasmo de las mayorías nacionales se mantuvo, la “democracia” chavista navegaba viento en popa. Cuando el ejercicio del poder fue desgastando las promesas del mar de la felicidad y los recursos del petróleo comenzaron a escasear por la pésima utilización (despilfarro, manirrotismo), el armatoste democrático montado sobre la mejor “Constitución del mundo”, comenzó a desarmarse y caer en pedazos.

Durante catorce años el chavismo copó las funciones de los cinco poderes del Estado inaugurados en la novísima Constitución. No compartió el Poder con ninguna fuerza de la oposición política. Engolosinados y seguros del triunfo, convocaron las elecciones para renovar los diputados de la Asamblea Nacional. La derrota fue colosal, la oposición obtuvo 2/3 de los diputados. Hasta ese instante funcionó la clamorosa democracia chavista. En el tiempo transcurrido entre la elección (6 de diciembre 2015) y la apertura de la nueva Asamblea Nacional (6 de enero 2016), entre gallos y medianoche, en truculentas y maratónicas sesiones extraordinarias, el chavismo copó cargos que le correspondía nombrar a la Nueva Asamblea Nacional, por ejemplo, renovación de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia con el período vencido.

En alianza inquebrantable, cuatro poderes del Estado, conspiran para perpetuarse en el poder. Por ese tobogán comienzan a deslizarse hacia la inconstitucionalidad: (1). Con la sentencia de desacato para la Asamblea Nacional (TSJ); (2). Con trabas al Referendo Revocatorio para impedir su realización (CNE); (3). Por la inercia de la Fiscalía y Defensoría del Pueblo ante la violación de los derechos de los presos políticos y el derecho a la alimentación, medicinas y salud de la población (PP) (4). Por la realización de elecciones fraudulentas (CNE). (5). Por la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente con poderes plenipotenciarios (TSJ/EN) y su elección fraudulenta (CNE). (6). Llega el 10 de enero, y se realiza el acto de usurpación de la presidencia de la República (TSJ). En toda esa trayectoria de antidemocracia e inconstitucionalidad, hay aparente legalidad, sustentada en rebuscadas interpretaciones de la norma constitucional. Práctica ésta, ensayada y aprendida de Honduras, Paraguay y ahora muy de moda en Latinoamérica (Brasil, Argentina, Bolivia). De esta manera el gobierno de los militares, por los militares y para los militares, impone su dominio, y le asignan a Maduro el papel de simple vocero, mascarón de proa que desafía la tormenta. Desempeñará esa función hasta tanto aparezca un militar que decida asumirla.

En este momento, el único poder revestido de la soberanía nacional es la Asamblea Nacional. Los demás poderes, unos, por estar sometidos a elección de segundo grado (TSJ, CNE, PP/DP) carecen de legalidad por cuanto deben ser renovados; y el Poder Ejecutivo, por usurpación, carece de legitimidad. En consecuencia, la Asamblea Nacional es la única que tiene el soberano poder de asumir la conducción transitoria de la República, ante la usurpación del poder ejecutivo.

Para ello la AN debe deslastrarse, deslindarse de gobiernos que, como el grupo de Lima, no son modelos de nada y llevan a cuestas un expediente de antidemocracia, crímenes, desaparecidos, presos políticos, paramilitarismo, corrupción, narcotráfico (Colombia, Perú, Brasil, Chile, Argentina, México). De igual manera la Asamblea Nacional debe deslindarse de la Comunidad Internacional cuya injerencia en los asuntos internos de los países, es detestable. Estamos claros que para la Asamblea Nacional burguesa, es como, “pedirle papayas al tamarindo”.

Pasar de la dependencia económica china, rusa, iraní, turca, a la de la Comunidad Internacional de la Unión Europea, grupo de Lima, más Estados Unidos y Canadá, es lo mismo. Una cosa son las relaciones de cooperación, de intercambio y buena vecindad y otra, la dependencia económica e injerencia en los asuntos internos de los países.

A nuestro país, este gobierno lo metió en un tiovivo que gira y gira y no llega a ninguna parte. Es necesario sacarlo de esa inercia o mejor inepcia en que se encuentra. Se impone elegir camino propio. Es la propuesta que la Asamblea Nacional, como poder soberano, por respeto al electorado que la eligió y, para un proceso de transición, debe presentarle al país, para ganarse el respaldo de las mayorías nacionales, víctimas de estira y encoje entre intereses movidos por el apetito a las riquezas que guarda el subsuelo nacional. Entre la avaricia de las transnacionales capitalistas de Estados Unidos o la Unión europea y las transnacionales chinas, rusas, cubana, iraní o turca ¿Cuál es la diferencia? Hay que declarar la defensa del patrimonio nacional tan gravemente amenazado por causa de la nefasta administración chavista. El requisito de toda inversión extranjera, es eliminar la legislación laboral y extraer la ganancia. Vale para China, Rusia, Unión Europea o los Estados Unidos, allí donde realizan inversiones: África, América Latina. El capital no tiene gentilicio, por cuanto su único objetivo es la ganancia.

Ante el apremio de la humanidad por el cambio climático, ¿Qué va a decidir Venezuela con el petróleo? ¿Aportarlo como monóxido al calentamiento global o dejar que permanezca donde debe estar, el subsuelo? ¡Planeta o petróleo!

 

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