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Dos fragmentos que te harán leer “Las uvas y el viento” de Pablo Neruda

 

Una de las descripciones de la parte posterior del “Las uvas del viento” dice que, “pese a ser una de las obras más importantes de Pablo Neruda, es quizá una de las menos conocidas”.

Pero aquí hemos dispuesto dos fragmentos que seguramente te harán buscar este libro.

Por Valentina Rausseo

II. El río

Yo entré en Florencia. Era
de noche. Temblé escuchando
casi dormido lo que el dulce río
me contaba. Yo no sé
lo que dicen los cuadros ni los libros
(no todos los cuadros ni todos los libros,
sólo algunos),
pero sé lo que dicen
todos los ríos.
Tienen el mismo idioma que yo tengo.
En las tierras salvajes
el Orinoco me habla
y entiendo, entiendo
historias que no puedo repetir.
Hay secretos míos
que el río se ha llevado,
Y lo que me pidió, lo voy cumpliendo
poco a poco en la tierra.
Reconocí en la voz del Arno entonces
viejas palabras que buscaban mi boca,
como el que nunca conoció la miel
y halla que reconoce su delicia.
Así escuché las voces
del río de Florencia,
como si antes de ser, me hubieran dicho
lo que ahora escuchaba:
sueños y pasos que me unían
a la voz del río,
seres en movimiento,
golpes de luz en la historia,
tercetos encendidos como lámparas.
El pan y la sangre cantaban
con la voz nocturna del agua.

V. Eras la vida

Por las calles de Praga
tu figura,
pero no un dios alado,
sino el pálido rostro perseguido
que después de la muerte nos sonríe.
El héroe que no lleva
en su cabeza inmóvil
los laureles de piedra olvidada,
sino un sombrero viejo
y en el bolsillo el último
recado del Partido,
el clandestino de la medianoche
y el alba organizada,
la circular que mancha
con su tinta fresca,
y así calle tras calle
Fucik, con tus consignas,
Fucik, con tus folletos,
con tu viejo sombrero, sin orgullo
ni humildad, acerando
las armas de la resistencia,
y andando hacia la muerte
con la tranquilidad del transeúnte
que debe verla en la próxima esquina
por las calles de perla antigua
del invierno de Praga,
mientras el enemigo en el castillo
ladraba a su jauría,
de una calle a otra calle
organizabas
la unidad de tu pueblo, la victoria,
que hoy corona la paz de tu patria.

 

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