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Gloria Cuenca: ¿Quién lo diría?

 

Me encanta el Rey Juan Carlos I de España. Los errores que cometió en su vida -caso elefante y andar con varias mujeres- son vistos como quien no resiste llegar a la etapa en que se acabó la juventud. Faltas que demuestran humanidad y no importa ser el Rey: “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar.”. Con certeza, supo llegar.

Indudables sus logros y, en especial, su destreza para lograr la transición de la dictadura a la democracia le dieron un puesto principal en la historia de España. Sobre él todo es público, notorio y comunicacional. ¡Qué diferente a las vidas oscuras de los líderes del comunismo! Ocultan su vida privada, llena de cuentos retorcidos, quieren ser “como Dios.” Todo opaco y secreto. Refiero lo siguiente: en 1992, al cumplir los 500 años del descubrimiento, escuché el discurso del entonces Rey, que me resultó impresionante. Pedía perdón a la nación Sefardí, (judíos españoles) al haber sido expulsados por la Reina Isabel la Católica. Ofreció a los sefardíes obligados a irse al exilio por esa decisión y, a quienes siendo sefardíes, pasaron a ser católicos por miedo al extrañamiento y la expropiación, hubiesen hecho “como si” fuesen católicos, siendo judíos, (simulando, para no ser perseguidos) serían bienvenidos con todas las de la Ley.

Despectivamente, a estos judíos conversos, se les llamó “judíos marranos”, por la historia contada. Mis antepasados, en su mayoría son de esos “judíos”. Mi abuelo era Cuenca León, de origen sefardí, también el apellido Herrera, de mi difunto esposo, de manera pues que nuestro origen está allí. ¡Gracias Dios! Jamás tuve pensamientos antisemitas. Asumo la frase: “el que escupe para arriba, le cae la saliva en la cabeza”.

Muchos años atrás recorrí, como turista (todavía una profesora con salario digno, y con esa posibilidad), el sur de España. Descubrí la importancia para la cultura española de la presencia árabe y, también la sefardí. Se mantuvo oculta por décadas y siglos. La expulsión de ambos grupos, de altísimo valor cultural y económico, condujeron a un retraso importante de España. En parte fue lo que narró Su Majestad, Juan Carlos I en ese memorable discurso, al que hago referencia. Sorprende que gente a quien se le considera culta y al día con sus conocimientos, no entienda nada de la cultura sefardí en Hispanoamérica. Hay que recordar: “Ser de tu tiempo y de tu época” ese es el desafío.

 

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