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César Malavé: Judas en llamas

 

Al final de la Semana Mayor en Venezuela se realiza un acto donde los habitantes de una determinada población o del país completo drenan su rabia y descontento. Es una manifestación popular especial que se realiza en la mayoría de las ciudades de Venezuela con una simbología extraordinaria de justicia social.  Se trata de   la Quema de Judas que recuerda al hombre que entregó a Cristo, el hijo de Dios, para que fuera a la Cruz. Esta tradición pone fin a la cuaresma y el pueblo expresa sus quejas y descontentos contra los acontecimientos políticos y comportamiento de figuras públicas y funcionarios del estado. La población venezolana aprovecha este momento para exteriorizar sus quejas ante circunstancias que le perjudican, como la falta de alimentos, de seguridad, de empleo, servicios públicos o gobernantes indeseables. En este orden de ideas, el 90% de la población venezolana que ansía salir de esta tragedia, frente al alto grado de represión y  conscientes de la criminalidad de los colectivos del terror del gobierno, apelan a esta subliminal forma de hacer con el muñeco, que simboliza al el o los indeseables, todo lo que no pueden hacer, por  temor a ser agredidos.  Pero con todo y eso, en muchas comunidades los terroristas del gobierno se hicieron presentes para atemorizar a los exponentes del símbolo de la histórica felonía.

El venezolano expresó su rabia contra los que han venido acumulando detrás del perfil oscuro de su personalidad un rosario de actitudes al margen de la ley.  Verdaderos malandros de la “revolución”: Incapaces, mediocres, corruptos, narcos, represores y descarados de paso. Los muñecos en esta ocasión se quedaron cortos frente al sin fin de cosas que el pueblo quería expresar con esa rabia contenida en el dique de la impotencia. No obstante buscaron que la catarsis se expresara al máximo. Por eso el dedo acusador de esta población bravía, en la proclama, señaló de despreciable, perverso e indeseable a todo el círculo de los usurpadores, comenzando por su jefe. La mayoría de los judas de este año tenían más de una cabeza. Una en el centro y las otras bordeando a la principal. No obstante hubo sectores, como el de la salud, que se centraron en el usurpador mayor. Aunque no faltó Vladimir Padrino por ser considerado por el pueblo el soporte de la usurpación, y en consecuencia de la traición, y Jorge Rodríguez por su capacidad infinita para la mentira patológica y pseudología fantástica, colocando al pueblo en el sitial de los pendejos. La tradición de quemar a Judas en Venezuela se remonta a los tiempos de la conquista en 1499 con el italiano Américo Vespucio, de quien se hizo un muñeco, que fue sacrificado, por engañar a los indígenas de Cumaná, oriente del país. Precisamente en el estado Sucre ardió en llamas  “El Nico”, por haber aniquilado a Venezuela y en la proclama redactada por los anti traición se podía leer: “Hoy me presento ante ustedes buscando la absolución/ me confieso un asesino, corrupto y vil ladrón… Para el Carajo me voy/ y le regalo un presente, A ese terco de Guaidó/ que se proclamó presidente”.

@cesarmalave53

 

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