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Luis Fuenmayor Toro: Las negociaciones de Oslo

 

El gobierno y la oposición de la Asamblea Nacional están por fin en proceso de negociaciones, aunque todavía, declarativamente, Juan Guaidó luzca un tanto ambiguo en sus comentarios al respecto. Le cuesta argumentar y convencer utilizando un discurso distinto del que ha venido expresando desde que se auto juramentó como Presidente de la República. Decir que con delincuentes no se negocia y terminar negociando con ellos debe ser algo duro y difícil de explicar. Y más aún si una parte de sus aliados, los más intransigentes y extremistas como “Vente Venezuela”, están acusándolo de haber desviado el rumbo que traía. Las decisiones en política generalmente tienen un costo, pues hay gente que no las acepta por más sensatas que parezcan.

Ha recurrido entonces a decir que lo que plantearon como conversaciones en Noruega fue su conocida hoja de ruta: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. En esto siguen las directrices estadounidenses expresadas claramente por el vicepresidente Pence, quien ha dicho que lo único que hay que negociar en Oslo es cómo se produce la salida de Maduro en forma inmediata. Es decir, si lo matan o le permiten vivir, si lo van a apresar en Venezuela o en EEUU, si van a acceder a que se exilie en algún país o si lo dejarán libre y viajar donde quiera. Esta opinión hay que tenerla muy en cuenta ya que es la opinión de quienes le dieron la bendición a Guaidó como Presidente y que constituyen su apoyo fundamental y la razón de que esté libre todavía.

Las conversaciones repiten el mismo patrón de las realizadas previamente: marginan a la oposición democrática, la que no busca salidas violentas, la que defiende la Constitución, la que cree en la vía electoral y la que no está tutelada por gobiernos extranjeros. No creo que este hecho constituya un error ni del gobierno ni de la oposición tutelada desde el exterior, que si fuera tan plural, democrática y participativa como dice ha debido incorporar a aquel sector opositor. Lo extraño es que el gobierno no haya pedido su incorporación, si es, como muchos extremistas calumniadores dicen, una oposición colaboracionista con el régimen de Maduro. Pienso que a éste, contrario a lo que cierta lógica diría, le conviene discutir con quienes ha venido rivalizando y negociando desde hace 20 años. Los conoce muy bien, los puede comprar y hasta ahora le han permitido 20 años de gobierno.

Discutir con los dirigentes de la oposición democrática le es mucho más difícil al gobierno. No los conoce como a los otros, son más heterogéneos ideológica y políticamente, en buena parte tienen al bienestar de la nación como su preocupación principal, incluyen a quienes gobernaron con Chávez mucho tiempo y, sin meter las manos en el fuego por todos, no son sujetos con los que hayan tenido negocios en el pasado y por tanto más respetables desde el punto de vista de su honestidad, lo que los hace más difícilmente comprables.

Visto así el escenario, pareciera que no hay mucho espacio para negociar algo distinto en Noruega a la salida de Maduro ya, lo que significaría que las negociaciones terminarían en fracaso y pronto, a menos que el gobierno se rinda, lo cual no parece probable de acuerdo al discurso que mantiene. Pero uno no sabe cómo están las cosas a lo interno. La otra posibilidad es que discutan inicialmente en torno a la necesidad de garantizar que las elecciones futuras sean procesos totalmente equitativos, transparentes y libres, sin influencias ajenas a su esencia. Esto significaría acordar un nuevo CNE independiente como poder, reconocido por todos (El escenario más deseable. Runrun.es 23-3-2019, https://t.co/naGz4oFn6h y La Razón, cuerpo A, 24-3-2019, Caracas), que asuma de forma inmediata la tarea de recomponer el sistema electoral desde sus bases mismas: desde el rescate de la proporcionalidad, establecida en el artículo 63 de la Constitución, hasta la integración de los miembros de mesa.

La proposición reciente del partido Cambiemos puede ayudar mucho  en este sentido, pues establece una ruta constitucional a tal efecto, que acabaría con el desacato de la AN e incorporaría a la misma a los diputados del PSUV. En artículo de hace más de un mes señalé, como ideas generales (La necesaria negociación. Continuidad y Cambio, año 8, Nº 117, pp 2-4, abril 2019, https://t.co/p1ViXFrZaS; Runrun.es 16-4-2019, https://t.co/3AVIa9Ylnr y La Razón, cuerpo A, 28-4-2019, Caracas) acciones que hoy me alegra ver concretadas en la propuesta de Cambiemos, sin que sean el origen de la misma, documento completamente elaborado y estructurado, totalmente apegado a la Constitución, que resolvería el impase actual en función de los intereses de la nación venezolana. Si aún queda algo de patriotismo en los negociadores de Oslo o en quienes aparezcan más adelante, esta propuesta sería una salida nacional excelente y sin vencedores ni vencidos, excepto por Venezuela que saldría triunfante.

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