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Rafael Simón Jiménez: Otra vez  Carujo contra Vargas

 

Una noticia que seria insólita, a no ser por las características barbarás y regresivas de quienes –por ahora- Ejercen el poder en Venezuela, da cuenta de la decisión asumida por los   miembros Peseuvistas del Consejo Legislativo Regional del Estado Vargas, de cambiar el venerable nombre del sabio y prócer civil José María Vargas, que prestigia a esa entidad federal, y sustituirlo por la denominación con la que se conoce su capital es decir: La Guaira.

Habría que indagar para identificar quien o quienes, fueron los inspiradores y gestores de una decisión, que de no ser por la gravedad de la tragedia que ahora consume la vida cotidiana  de Varguenses y venezolanos, debería ser motivo de conmoción y repudio colectivo y de iniciativas y movilizaciones para impedir el despropósito.

Como un monstruo antediluviano, sin que seguramente sus promotores lo sepan, reaparece como ya ha marcado el signo de los últimos veinte años el viejo dilema de civilización Vs. Barbarie que de la mano del más insolente y detestable militarismo, ha  pretendido  invertir las manecillas del reloj de la historia, retrotrayéndonos a tiempos de incultura y brutalidad, donde nuestros héroes civiles, encabezados por el sabio José María Vargas, sean abolidos para exaltar a cualquier chafarote uniformado o a cualquier brecheche lamesuela, que aparezca en su imaginario anacrónico como nueva referencia para la toponimia revolucionaria.

Los levanta manos  del legislativo litoralense, parecen reeditar con ese agravio a la memoria de uno de los más ilustres venezolanos de todos los tiempos, los criterios de los militarotes, a los que el sabio Vargas derrotara inobjetablemente en los segundos comicios presidenciales de nuestra era Republicana, y que luego reaccionaran al encabezar el primer golpe de estado de nuestra historia en la llamada “revolución de las Reformas “ del cual queda para la historia el infeliz argumento del despreciable Pedro Carujo, que frente a la dignidad de un presidente que lo encara y se niega a someterse a sus designios pronuncia la tristemente célebre  frase “El mundo es de los Valientes “, a la cual el coraje civil del mandatario la echa por tierra al contradecirla “   No, Carujo, el mundo es del hombre justo”. Lo que quedaría como símbolo de esa antinomia de libertad, civilidad y dignidad contrapuesta a la barbarie, el atropello y el uso de la fuerza, que lamentablemente  ha perseguido a Venezuela desde sus tiempos fundacionales.

Vargas enfrentado a Carujo, es la imagen que se reedita ciento treinta y cuatro años después, cuando los “hijos naturales “del magnicida frustrado del Libertador, pretenden, borrar el nombre del más ilustre y preclaro de los nacidos en esa tierra, rector de la Universidad Central de Venezuela, medico distinguido, profesor de relevantes meritos, albacea designado por Simón Bolívar, Presidente de la Republica, senador, y quien encabezara la comisión que en 1.842 se encargara de rendir honores y trasladar a Venezuela los restos del padre de la patria.

Quienes ahora desgobiernan a Venezuela, no solo han sembrado destrucción y causado un daño material y moral incuantificable, que comprometerá grandes esfuerzos para su rehabilitación y reconstrucción,  sino que como obra magna de despotismo y arbitrariedad, han pretendido reescribir y reinterpretar nuestra historia, exaltando lo peor  del militarismo, el caudillismo y la incivilidad. Sustituir el busto de Rómulo Gallegos por el de Cipriano Castro en los corredores del palacio de Miraflores, o esta nueva trapacería de abolir el nombre de Vargas que engalana y prestigia su estado natal, solo puede concebirse en las mentes de los herederos de Pedro Carujo.

 

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