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Thays Peñalver: Ni México es Venezuela, ni somos Cuba

 

Muchos me preguntan con razón, por qué Fidel Castro duró 52 años en el poder. Podría dar como referencia la guerra fría y el acuerdo entre los poderes en conflicto, pero no sería del todo cierto. Los izquierdosos le conferirían hasta poderes mágicos o incluso sus habilidades para sortear, gracias a la doble moral europea y latinoamericana, el acecho de su enemigo ancestral. Pero quizás el mayor peso para ser tan longevo en el poder, lo tenga la misma razón por la que Paul Biya de Camerún ha sobrevivido casi el mismo tiempo, u Omar Bongo de Gabón, Dos Santos en Angola o Robert Mugabe en Zimbabue permanecieron casi lo mismo. Se puede aplicar también con Togo, Costa de Marfil, Uganda, Zaire en fin con un montoncillo de países que llega a 40 con la inclusión de Venezuela.

Pero la respuesta es que a nadie le importa, ni le ha importado nunca lo que ocurra en esos países.

A todos esos países el “club de los 40” se les tiene como referencia porque ocurrió una revolución popular donde un hombre casi santo, principalmente un militar nacido en la pobreza, se comprometió a arreglar el problema de todos, suspendió la constitución y creo un estado unipartidista centrado en ellos mismos o sus herederos. En 27 de estos 40 fue un coronel o militar que dio un golpe de estado y se entronó como si fuera un emperador. En estos 40 países revolucionarios, solo la política importa, en estos la presencia de Fidel Castro fue importante, en estos los médicos cubanos han ayudado a palear los efectos de una “guerra económica” de los imperios cercanos.

Pero lo más importante es que todos son países donde la izquierda lleva medio siglo en el poder, todos son revolucionarios y en estos 40 países de izquierda está contenido el 70% del hambre mundial. El resto se encuentra en India y apenas un 6% del hambre está en los países capitalistas. En todos estos estados unipartidistas amparados por la izquierda planetaria, se encuentran las poblaciones devastadas por el Sida y sus “embajadores” llegan por millones a las costas europeas a bordo de pateras repletas de harapientos.

Ese es el gigantesco legado del marxismo en el tercer mundo. El mapa del hambre en el planeta, es el mapa de los estados revolucionarios y unipartidistas. El mapa del hombre santo, del coronel emperador golpista.

Por eso Cuba y Fidel fueron importantes, solo por las guerras que emprendieron y el daño que causaron. De Cuba no salieron científicos, ni tractores, ni industria, ni mucho menos paz que es lo que necesitaban todos aquellos países, salieron las ideas políticas devastadoras junto a los guerrilleros que entrenaron para construir monarquías unipartidarias, en nombre de una revolución que terminó en el hambre de todos esos pueblos.

Hoy los primeros 20 países revolucionarios, donde 20 coroneles marxistas suspendieron la constitución y son unipartidistas junto con Cuba, aquellos que sostienen que serían una potencia si el imperio los dejara, no tienen juntos siquiera la economía de Argentina.

Pero repito, el problema real es que a nadie le importa. La izquierda europea ha cortejado siempre a todos esos vagabundos en el nombre de las materias primas, mientras que la latinoamericana sueña con que cien países indigentes y llenos de enfermedades unidos harán algún día, uno millonario. Como si los miles de pobres de una Favela unieran sus recursos para convertirse en Bill Gates.

Por eso también las pateras atiborradas de inmigrantes hambreados en Europa, no son otra cosa que un boomerang de esa doble moral, tras esas décadas de guiños y coqueteos entre las izquierdas, de esas cientos de fotos repletas de abrazos entre los líderes europeos y los candidatos a emperador revolucionarios se convierten hoy en una bomba de tiempo imposible de contener, porque los “buenos negocios” se convirtieron en mansiones de los emperadores en Europa y las “magnificas oportunidades” regresaron en forma de millones de bocas que alimentar y cuerpos que sanar.

Los euros obtenidos por unos tanques que enviaron a África para una industria bélica que debió ser transformada, se revierte hoy en algunos barrios de Paris, de las víctimas de ese tanque. Los euros obtenidos por unos pocos barcos y material antimotines por Zapatero, se revierten hoy en cientos de miles de venezolanos en la España de Sánchez. Las bombas que cayeron en Siria y Libia en nombre de la libertad, se convierten hoy en un drama de barcos de refugiados que no encuentran puertos, porque nadie se quiere hacer responsable del resultado de haber cortejado al coronel golpista, convertido en emperador.

Lo importante aquí es que Venezuela, precisaba una verdad como la que también necesitaban todos esos países desbastados. A la llegada de Chávez requería crecer económicamente tras veinte años perdidos, necesitaba generar nuevos puestos de trabajo que garantizaran la sostenibilidad del futuro, necesitaba exportar más, necesitaba construir empresas alternativas, producir mucho más erigiendo nuevas industrias, necesitaba más turismo, mejorar los servicios y la educación a los hábitos básicos, necesitaba consolidar mercados extranjeros para sus productos, necesitaba inversiones extranjeras masivas. Lo único que no necesitaba era más política.

Venezuela y hoy México, no necesitaban redistribuir el dinero que existía, sino justa distribución del esfuerzo, del esfuerzo y que la gente comenzara a trabajar productivamente.

El resultado obvio en Venezuela es que se convirtió en una nación destruida. La economía de Venezuela era de 80 mil millones de dólares cuando comenzó todo y esa economía al final de este año, tras veinte de aplicación, será de 78 mil millones, con once millones más de bocas que alimentar. Venezuela no es Cuba porque la economía real de Venezuela, en la práctica, será menor que la de esa Isla, millones de venezolanos se marcharan acosando a los vecinos y a Europa y Venezuela no tendrá apenas un tercio del petróleo que antes exportaba. En fin, que Venezuela dejó de ser importante para el planeta, con la salvedad de los problemas que causa. Que son puntuales.

Por eso decir que Venezuela es Cuba o que México puede seguir el camino de Venezuela, puede ser una verdad a medias. Ya la izquierda europea y latinoamericana empezó a cortejar a López Obrador, sin importar qué es lo que verdaderamente necesita México. Lo importante no es si López Obrador es comunista o no, en una economía frágil como cualquiera en Latinoamérica, lo que no necesita es la política del emperador, redistribuir lo que hay para mantenerse en el poder, frenar el impulso económico, expulsar las inversiones potenciales por el lógico miedo, frenar la capacidad industrial porque el dinero es cobarde y los industriales pagarán por ver.

Si, es cierto que los primeros años, esa luna de miel mientras López Obrador adquiere el poder político que necesita – y sortea a Donald Trump- pueden tener resultados fantásticos. Hoy López Obrador recuerda a Chávez cuando vendió todos los aviones que tenía asignados, viajaba en un cisterna de la Fuerza Armada mientras usaba el presidencial para transportar enfermos a Cuba. Nos recuerda el Chávez que dijo que lanzaría los tanques a los ríos porque no habría más gasto militar, nos recuerda el Chávez que dijo que no viviría en la casa presidencial, que haría que el palacio fuera una escuela y cedió su sueldo para educar a niños sin recursos.

Hoy los industriales y millonarios mexicanos nos recuerdan a los venezolanos, o Brasil enfocados en cortejar a un hombre que puede convertir a México en una ilusión política. Muy probablemente, como hicieron todos- quemaran inventarios esperando por ver hacia donde va todo, probablemente se aumente el empleo improductivo y en los primeros años se tenga una sensación de bienestar y de que las cosas funcionan. Pero repito, lo que necesita México, es lo de arriba. Lo que no necesita es exacerbar la política que dará simplemente como resultado la construcción de un muro más alto en el Norte.

Por eso es una verdad a medias, porque Venezuela no es Cuba, es muchísimo peor, delincuencia, narcotráfico, marginalidad y política redistributiva sin producir realmente más, sin tener más turismo, más industria y más empleo real, convirtió a Venezuela en un estado más del club de los fallidos. Intentarlo en una nación con 130 millones de bocas que alimentar, hace suponer que a la larga no hay muro, por alto que sea, que detenga la avalancha.

Con respecto a Venezuela no hay que hacerse ilusiones. López Obrador tiene deudas gigantes que le serán cobradas y ayudará a Maduro directa e indirectamente.

 

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