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Enrique Contreras Ramírez: Alimentar el chauvinismo, objetivo de la doctrina militar del mundo globalizado

 

De la utopía bolivariana de unir a Colombia en una sola y gran república, a la triste y pobre declaración de Pedro Carreño de bombardear Colombia, no persigue otro fin que hacerle el juego al imperio del gran capital.

Un gobierno que se llama o se autodenomina bolivariano y revolucionario y que asuma el chauvinismo como doctrina, simplemente se quita la máscara y empieza a demostrar una vez más del lado de quien están sus intereses.

La declaración del dirigente del PSUV Pedro Carreño de bombardear a Colombia e irse a una confrontación militar en caso de que se produjera una invasión norteamericana a nuestro  territorio; para lo que la inteligencia venezolana, ya tiene identificados objetivos claros, simplemente nos revela la miseria humana de un gobierno que dice estar amenazado por el “imperialismo norteamericano” cuando al igual que los gobiernos anteriores ha entregado nuestros principales recursos no solamente al capital gringo, sino a los rusos, chinos ingleses, cubanos y paremos de contar.

Ese planteamiento de que estamos amenazados por el gobierno norteamericano y es posible una invasión, solo representa una simple simulación propagandística, para aparentar lo que no se es y más cuando siempre el gobierno mal llamado bolivariano, ha estado de rodillas frente a los países con vocación imperialista, donde Estados Unidos , Rusia y China tienen y poseen grandes intereses en nuestra nación y donde el gobierno venezolano ha sido la perfecta celestina de los grupos burgueses y oligárquicos de las mencionadas naciones.

Dividir a nuestros pueblos

Frente a estas miserables y pobres declaraciones de Pedro Carreño, como olvidar la utopía bolivariana en esos escenarios de la lucha por la independencia, donde el propio Bolívar planteo reunir a Quito, Venezuela y la Nueva Granada en una república que siempre identifico como la República de Colombia y el tal Carreño nos sale con semejante babosada, cuya única intención es  de hacerle el juego a los intereses del imperio del capital y alimentar de esta manera el chauvinismo que forma parte de la doctrina militar del propio neoliberalismo del mundo globalizado en la guerra de baja intensidad.

Así, pues, el chauvinismo origina una forma de engreimiento nacional intensamente acrítica y etnocentrista, que practica y desarrolla la mitomanía (todo lo propio es mejor) y la demencia (la firmeza en el dogma de que los otros amenazan la propia permanencia). De allí que el chauvinismo encubra, en el fondo, cierto efecto de inferioridad que se exterioriza en forma de alucinación de grandeza. A lo cual podemos añadir la fijación en atribuir a los otros países, pueblos o razas, los trastornos propios.

El chauvinismo  se utiliza como aparato e instrumento político e ideológico para convencer a la población de un falso  sentimiento patriótico. Invoca, en ese sentido, a la agitación por encima de la razón. Suele estar incorporado a ideologías totalitarias, xenófobas y racistas y su único objetivo, propósito y fin es el dividir a los pueblos, que como los nuestros poseen un sentimiento de unidad bolivariana, con una historia común y de lucha permanente por lograr la emancipación definitiva frente a ese colonialismo que arrastramos desde la invasión eurocentrista y que continuara con el nacimiento de nuestras republicas hasta nuestros días.

Dividir a nuestros pueblos, para seguir saqueándolos bajo la complicidad de los gobiernos y el silencio encubridor de los que se autodenominan oposición, es una de las tareas de la guerra de baja intensidad, donde utilizan la técnica del rumor, los partidos políticos, religiones, medios de comunicación –entre otras instituciones- con el fin de crear odio entre los pueblos, de allí que esa guerra de baja intensidad tiene un carácter ideológico y político que contribuye al dominio de los pueblos a su control definitivo y donde ese eslogan popular se hace muy eficiente: DIVIDE Y VENCERAS.

La godarria del PSUV, representada en esta oportunidad  por Pedro Carreño, al igual que la godarria de Colombia parecen ignorar que nuestra gente de Colombia al igual que la de Venezuela y el resto de nuestros pueblos de América Latina, históricamente han desarrollado en el componente de nuestras naciones sentimientos de pertenencia y de identidad, en el escenario de una única comunidad geográfica y cultural, de una fuerte hermandad vecinal y donde se ha desarrollado el “NOSOTROS” un nosotros que implica parentesco y comunión que a pesar de la mala intención del invasor de liquidarla, hasta la presente permanece incólume y aferrada fuertemente en una lucha que continua y que continuara hasta lograr una patria emancipada en estos territorios que en el ayer llamaron nuestros originarios ABYA YALA.

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