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Enrique Contreras Ramírez: Un Tercer Camino; El Camino de la Utopía

 

Hoy decimos, que los que vivimos en el planeta tierra, requerimos romper con las viejas civilizaciones, dar el salto cualitativo para producir la rebelión integral del pensamiento, para acabar con las imposiciones y modelos económicos-sociales conocidos hasta ahora, tarea difícil, aventurera, utópica, legendaria, pero que nos permite replantearnos el futuro y la vida, en función de lograr la libertad en su más amplia connotación, para dignificar la vida en comunión y en armonía con la naturaleza.

Hoy decimos, que los que vivimos en el planeta tierra, requerimos romper con las viejas civilizaciones, dar el salto cualitativo para producir la rebelión integral del pensamiento, para acabar con las imposiciones y modelos económicos-sociales conocidos hasta ahora, tarea difícil, aventurera, utópica, legendaria, pero que nos permite replantearnos el futuro y la vida, en función de lograr la libertad en su más amplia connotación, para dignificar la vida en comunión y en armonía con la naturaleza.

Los modelos socialistas conocidos hasta ahora-incluyendo la propuesta de Chávez, al igual que el capitalismo, son expresión del modelo civilizatorio dominante, lo que conduce afirmar, que hasta el momento no existe en el planeta tierra, un modelo de civilización que garantice la libertad del hombre en toda la expresión de su contenido humano.

Entiendo en este sentido, que todo aquello que no surja y nazca de la libertad de elección del ser humano, no pertenece a él, a su verdadero ser, de allí que todo lo impuesto es ajeno a su condición de hombre libre y por lo tanto ajeno a su naturaleza auténtica. Cuando me refiero a lo impuesto, tal imposición se puede dar valiéndose de la ignorancia, la demagogia, la promesa, la fuerza, las relaciones de poder-entre otros factores- del cual se vale el opresor para mantener en condiciones de servidumbre al oprimido.

Esta y otras reflexiones, en el campo de la izquierda revolucionaria, nos pueden conducir a la búsqueda de caminos alternativos, emancipatorios, de manera integral, es lo que puede poner en marcha una rica discusión, con criterios filosóficos y políticos que generen realmente una ruptura creadora en el pensamiento, contrapuesta a la lógica de la dominación, sustentada en una racionalidad de valores invertidos que aliena y muchas veces no permite dar el salto cualitativo, que requieren las muchedumbres y producir de esta manera el rearme político de nuestros pueblos, producto de los niveles y procesos colonizadores que hasta la presente hemos vivido y ahora más en el marco de un mundo globalizado.

Un pensamiento subversivo

Ahora bien, esa dominación siempre esta expresada, en la concentración y centralización de poder y de sus propios aparatos ideológicos, hoy toman más fuerza, a través de ese nuevo paradigma económico del neoliberalismo llamado globalización, donde se expresa el pensamiento único, para controlar el mundo, sus espacios, su comercio y todo lo que signifique energía (agua, gas, petróleo, carbón, biodiversidad). Para tales hechos, construyen leyes, constituyentes derivadas, reformas constitucionales, para poder controlar y vigilar a los que quieran subvertir el orden establecido, someten a pueblos y naciones con desprecio, además de violentar su soberanía, derechos humanos y libertades democráticas. Es un proceso de deshumanización, intervencionismo y guerra que desbasta y saquea a los pueblos, alimentando de esta manera la desesperanza, para poder aplastar la capacidad de soñar, reír, conversar, discutir, recitar, amar, jugar, imaginar, y poder destruir todo camino que se labre para alcanzar la utopía- entendiendo esta- como una expresión de rebelión frente a lo dado en la realidad, cuya propuesta es una transformación radical, que pasa necesariamente por un verdadero proceso revolucionario.

Pensar desde el punto de vista latinoamericano exige, pues, también el rescate del valor subversivo, agitador, movilizador, propagador y liberador de la utopía, como dimensión que integra de modo absolutamente legitimo, todo intento de lucha por la emancipación y la construcción de la civilización del futuro.

La tarea

Hoy decimos, que los que vivimos en el planeta tierra, requerimos romper con las viejas civilizaciones, dar el salto cualitativo para producir la rebelión integral del pensamiento, para acabar con las imposiciones y modelos económicos-sociales conocidos hasta ahora, tarea difícil, aventurera, utópica, legendaria, pero que nos permite replantearnos el futuro y la vida, en función de lograr la libertad en su más amplia connotación, para dignificar la vida.

Como militante de la utopía, se requiere entonces replantearse con extraordinario esfuerzo y con mucha creatividad e imaginación, la posibilidad de que al calor de las luchas sociales, económicas y políticas que conduzca el pueblo, tengamos la posibilidad de inventar un paradigma social y económico, capaz de garantizar la libertad en toda su dimensión humana, la igualdad y la felicidad de cada uno de los que integran la sociedad, el modelo civilizatorio nuevo, atendiendo a las situaciones particulares de cada región y de cada pueblo. Es asumir de manera radical y subversiva el rompimiento con las viejas civilizaciones.

En medio de esta disputa, que en la actualidad sacude el mundo, hemos decidido proponer un Tercer Camino o Terceros Caminos, tarea nada fácil, porque se trata de construir el camino, de empezar a romper con el pensamiento de la vieja civilización, con esa lógica de la dominación, con las “verdades” impuestas de corrientes del pensamiento teórico-metodológicas, que nacieron fuera de nuestro contexto real e impuestas en el marco del colonialismo, que sentaron las bases para tener en la actualidad un hombre enajenado y resignado a vivir recolonizado, sin otro destino que vivir en la opresión.

Tercer camino

Un Tercer Camino o Terceros Caminos, para inventar el futuro, para producir un nuevo pensamiento, un camino original, que se traduzca en parir una sociedad verdaderamente justa, digna y libre, una sociedad que como dijera Dewey, Jhon “…el objetivo definitivo de la producción no fuera la producción de bienes, sino la producción de seres humanos libres, relacionados unos con otros en términos de absoluta igualdad.”

Esto supone la eliminación de la división del trabajo, que impulsa la división entre letrados e ignorantes, informados y desinformados y que da paso a los excluidos y los incluidos. Son los valores de la vieja civilización que estimula y profundiza la diferenciación de clase, con privilegios para los ricos y los que ejercen el poder y necesidades y exclusiones para los pobres.

Es la división del trabajo, la que conduce a la clase trabajadora solamente a un propósito, producir y producir, no importa que tanto se explote al ser humano, no importa convertir al mundo en una mercancía, se trata que se pueda vender, que se pueda comprar, que se pueda ofertar, con el fin último de obtener mucha riqueza.

Precisamente a nuestro modo de ver, este escenario desvió los llamados socialismos, con sus particularidades respectivas, cayeron en la trampa de la productividad, donde a la clase obrera se le sometía a duras jornadas de trabajo, bajo una disciplina férrea y donde se prometía “estímulos materiales” de manera de poder aumentar la producción, imitando de esta manera el modelo capitalista de producción.

Sacudirse de tan dominante modelo, requiere de un salto cualitativo en el pensamiento, para poder construir un modelo civilizatorio, que como escribiera Francisco Prada satisfaga “…la necesidad y la factibilidad de una nueva civilización, sobre nuevos principios y fundamentos científicos y tecnológicos, apoyada en la sólida base histórica y socio-cultural; que reivindique lo nuestro, lo propio, retomando la trayectoria soberana y libre del hombre de América Latina y el Caribe, inspirados en las ideas de Simón Rodríguez. Por ese camino nos adentramos en el proyecto utopía, en el reto de inventar una nueva forma de vida, una organización societaria genuinamente libre, democrática, autogestionaria, que propicie la elevación de las potencialidades materiales y espirituales del hombre.”

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