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Jesús Alberto Castillo: La realidad ilusoria

 

(El ejemplo del caballo neurótico)

Lo que a veces damos como una verdad irrefutable no es tal cosa. Ella es producto de varios factores que permanentemente interactúan en nuestra vida cotidiana: el bombardeo propagandístico, la poca formación ciudadana, el avance tecnológico, la intimidación, la relación clientelar, entre otros. De esas variables, la que mayor peso adquiere es la relacionada con las técnicas de propaganda, cuyos alcances son ilimitados en la hoy denominada sociedad de la información global.  La realidad que intentamos percibir y hacerla un dogma en nuestra conducta es inducida por actores poderosos en lo económico y político. Nos hacemos eco de situaciones y tratamos de defenderlas, sin percatarnos que somos manipulados por una poderosa industria comunicacional articulada a un proyecto ideológico-político, articulado éste a una compleja red de instituciones legales y legítimas.

En un viejo pero interesante libro “¿Es real la realidad?”, Paul Watzlawick (1979) plantea que todos los hechos que se dan en la vida, con sus diversos y contradictorios matices, son el resultado de una política sofisticada de comunicación y no el reflejo de verdades eternas y objetivas. De esto tiene mucho que decir la llamada pragmática comunicacional concebida como el modo en que los hombres se influyen mutuamente a través del lenguaje. Precisamente, mediante el proceso comunicacional pueden emerger “realidades creadas” para que los sujetos la hagan partícipes de su pensamiento y acción a lo largo de su existencia.

Ello explica porqué se dan concepciones erradas de un hecho particular que pueden llevar a la persona a aislarse de su entorno y asumir un comportamiento banal que trastoca su dignidad humana. Este fenómeno suele ser muy común en los regímenes totalitarios, donde sus gobernantes invierten muchísimo dinero para fabricar “realidades” en el colectivo que permitan legitimar la acción de gobierno, más allá del sufrimiento colectivo. Es una gran maquinaria de expertos en psicología de masas que aplican técnicas propagandísticas para desinformar, manipular y exacerbar conductas nacionalistas ante situaciones de crisis económicas y políticas.

Una de las estrategias que suelen impartir los profesionales de estos “laboratorios sociales” es la identificación de un enemigo común (el imperio, la burguesía, los apátridas, etcétera), quien es culpable de todos los males que padece la población. Con ello se busca evadir la verdadera responsabilidad que tienen los detentores del poder y que son, en la práctica, los que formulan, ejecutan y evalúan las políticas públicas dentro de un sistema político determinado. Estos “decisores políticos” suelen tener buenos asesores en imagen pública, por lo que recurren a permanentes alocuciones públicas para ejecutar la política de manipulación social.

Precisamente Paul Watzlawick coloca un ejemplo en su libro titulado “El caballo neurótico”, basado en la teoría del reflejo condicionado de Pavlov y de mucha utilidad en la manipulación humana. El escritor insta a suponer que se hace sonar una campana varios segundos antes de una ligera descarga eléctrica en la pata del equino, a través de una placa metálica colocada en el suelo del establo. Si esta campana suena siempre antes de la descarga, el pobre animal “supondrá” que hay una relación causal entre el sonido de la campana y la descarga. Por tanto, cada vez que suene la campana levantará la pata del suelo para evitar esa situación desagradable. Establecido el reflejo condicionado, se puede desmontar el dispositivo eléctrico, puesto que se da por un hecho que el caballo levantará la pata cada vez que suene la campana, sin haber recibido la descarga.

Esta ilustración permite comprender que la comunicación es ese “sonido de la campana” que prepara al colectivo ante la “descarga eléctrica” y, prácticamente lo condiciona mentalmente. Si diariamente la gente recibe un bombardeo informativo sobre un asunto terminará creyéndolo, aunque sea falso. No es casual, entonces, observar a individuos condicionados en su comportamiento habitual defendiendo cosas inimaginables. Ha operado en ellos el reflejo condicionado de Pavlov, ratificado por Watzlawick. El asunto grave de todo esto es que la solución se ha convertido en problema. El sujeto le va a costar comprender, al igual que al caballo, que la realidad que vive no es tal. En vez de asumir un comportamiento osado para liberarse, se hunde cada vez en las cadenas de los opresores mediáticos. Por ende, es impostergable el reto de “llevar luz” a la mayor cantidad de personas para que se zafen del reflejo condicionado de los manipuladores de oficio.

@jesusalcastillo

 

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