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Gloria Cuenca: Como Hamlet

Las famosas frases de la obra teatral Hamlet: “ser o no ser, es la cuestión” (to be or not to be, that is the cuestion) pueden ser igualadas a las que tenemos por delante los venezolanos demócratas: “¿participar o no participar?”. Las razones para una u otra conducta son bastantes y suficientes. Se nos presenta un nuevo dilema. Lo lamentable, en mi opinión, es que la discusión, aquí entre nosotros, no se pueda dar sin insultos.

Cada sector, los que quieren que se participe, y quienes adversan esa posición, en lugar de quedarse en el debate de las ideas y las posiciones políticas, de una vez pasan a las ofensas y las descalificaciones. Tendríamos que suspender el juicio para discutir sin pasión. La decisión debe ser tomada desde una posición adulta, en donde impere la racionalidad. Es una decisión de tal trascendencia que amerita de todos los demócratas, sin exclusión de ningún tipo, un debate sereno, ajustado a la realidad y donde debería levantarse una especie de matriz de utilidad: “lo que conviene, lo que se necesita, lo urgente, lo ético, lo político”, debemos responder a cada una de esas variables para así lograr un acuerdo -en la oposición- que sea respetado por todos los sectores que están interesados en dar una discusión sincera, efectiva y con consecuencias sanas para el futuro de nuestro país.

¿Será que estoy pidiendo mucho? Al igual que ustedes, contradictorios lectores, estoy sufriendo este desastre que vivimos, con escasez, hiperinflación, inseguridad y desabastecimiento, entre los males que sobresalen en este terrible momento de nuestra existencia. Ni el inmediatismo ni los largos plazos me gustan. Recuerden, estoy, contra esta gente desde los golpes de Estado del año 92. Hay testimonio escrito, en la prensa de aquellos años, además de oral, radial y televisivo de mi oposición, en el marco democrático, a ese desastre anunciado.

No resisto los “golpes”, lo he explicado en mis libros. Aquí no tengo espacio. Siempre supe que la idea final del tal proceso era el comunismo, fracasado y anacrónico. Mi lucha ha sido en vano. Ahora no me atrevo a decir qué hacer. La pregunta de Lenin vuelve a ponerse de moda. En efecto, ¿qué hacer? De allí que aspire a un debate sereno, democrático y ajustado a la realidad. ¿Qué decir al respecto? Amanecerá y veremos.

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