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Néstor Francia / Análisis de Entorno: De panes y lucha de clases (17-03-2017)

El tema de las panaderías es complejo y debe ser analizado en el contexto de la lucha de clases. Hay quienes insisten en negar el papel de la lucha de clases en los cambios sociales, generalmente son los teóricos de la burguesía, ya que no es un asunto de su conveniencia. Son esos que dicen que Chávez dividió al país, como si el gran líder hubiese sido el inventor de la división en clases. Quienes así piensan, inclusive acusan de atrasados, anacrónicos o demodés a quienes insistimos en la vigencia absoluta de ese concepto. La verdad es que los atrasados son ellos, ya que ya en el siglo XVI Nicolás Maquiavelo presentó el tema en su esencia. En sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, el pensador italiano escribe: “Yo digo que quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda República hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos…”. Como se ve, esto se parece mucho al planteamiento de Marx que no solo se refiere a la existencia de la lucha de clases, sobre lo cual ya habían teorizado antes otros estudiosos como Adam Smith, sino además a que la lucha de clases es el motor de los cambios históricos.

Los dueños de panaderías forman parte de la clase denominada pequeña burguesía, un concepto que refiere a las clases medias conformadas por pequeños propietarios. Marx incluía en esta categoría a los mercaderes y a los profesionales (herreros, panaderos, curtidores, cerrajeros, zapateros, orfebres etc.). Hoy debemos sumar allí a algunos que ejercen profesiones liberales como el derecho, la medicina, la arquitectura y otras, y que tienen bufetes, consultorios, oficinas propios o que disfrutan privilegios en cuanto a la posesión de viviendas, automóviles, pequeñas fincas, casas vacacionales, etc. Hay también sectores de las clases medias con un nivel de vida superior a la mayoría y que detentan altos cargos públicos o privados, aunque no sean propietarios de medios de producción o de distribución comercial.

El superintendente de la Sundde, William Contreras, en compañía de la jefa de gobierno de Distrito Capital, Carolina Cestari, realizaron la fiscalización de 436 panaderías de Caracas, de las cuales 26 estaban cerradas, razón por la cual ordenaron abrirlas, otras tenían mal registrada la ubicación y otras cambiaron de ejercicio comercial. Contreras explicó que la supervisión se realiza bajo el marco del “Plan700” cuyo objetivo es garantizar la producción de pan para todos los venezolanos: “Vamos a seguir cada día en este operativo para lograr eliminar las colas y el condicionamiento de ventas”, aseveró el funcionario. Dos panaderías fueron ocupadas temporalmente  por incurrir en delitos establecidos en la Ley Orgánica de Precios Justos. Dos encargados de la panadería La Condesa fueron puestos a la orden del Ministerio Público para ser investigados penalmente.

Ahora bien, decíamos que este asunto es complejo. En general, los dueños de panadería, al menos que se trate de grandes cadenas o multipropiedades, no son oligarcas. Pero tienen características de clase que en este momento suelen enfrentarlos al pueblo, ya que defienden sus intereses clasistas. El pequeño burgués aspira a más, como cualquiera, pero además no está dispuesto a sacrificar su status por ninguna razón por más justa que sea. Que el pueblo se sacrifique, pero el panadero pretende cargar sobre sus consumidores todo el peso de la crisis. Esta situación está inclusive provocando cambios culturales. El “portu”, como es llamado comúnmente el ciudadano de origen portugués que maneja un negocio de panadería, es aceptado como un miembro más de la comunidad y ese apelativo tiene connotaciones más bien cariñosas. Eso está cambiando y cada vez más el “portu” es considerado un enemigo, un especulador indolente que quiere aprovecharse de los demás. Lamentablemente, estos desarrollos son inevitables en el capitalismo. Es claro que el panadero común es otra víctima del sistema. No por ello el Estado puede eludir su papel controlador  ni dejar de proteger a los sectores más vulnerables.

En nuestro Análisis del 14 de marzo pasado nos referimos a la proletarización de las clases medias en el capitalismo y escribimos: “Ese sistema económico nos ha llevado a una situación crítica, en la cual hay una minoría, lo que los indignados llamaron el 1%, cada vez más rica y una mayoría, el 99%, cada vez más pobre. Se cumple paso a paso la proyección del Manifiesto Comunista: ‘Hoy toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más, abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado’. ¿No es acaso lo que ocurre en Venezuela, con la creciente proletarización de las clases medias? ¿No es lo que ocurre en Europa y en Estados Unidos? La separación de las clases continúa, y no ha de detenerse. Los campos siguen conformándose y lo seguirán haciendo”.

En las actuales circunstancias, la mayoría de los panaderos probablemente cerrarán filas con la derecha. Con el tiempo, la Revolución llegará a ser su única garantía de subsistencia. Pero eso ni lo sospechan ellos. Ni modo, hay que hacer lo que se deba hacer.

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