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Ramón Guillermo Aveledo: La Constitución

La Constitución es uno de los pocos espacios de encuentro de todos los venezolanos. No es que sea perfecta. Todos quisiéramos tal o cual reforma que la mejorara y, posiblemente, varias de esas ideas sean contradictorias e incluso conflictivas entre sí. Tampoco se trata de que haya sido ejemplar su respeto y acatamiento. Confieso que a mí a veces me cuesta decirle vigente. Pero con todo, en ella y con ella podemos convivir razonablemente, procesar y dirimir nuestras diferencias y afrontar con éxito los problemas de la sociedad, que no son pocos ni leves.

Uno de los factores de mayor potencialidad dañina de la constituyente, convocada por uno de los titulares de la iniciativa, según el 348; pero ignorando al pueblo, dueño de la soberanía, según el 347, es que nos coloca en un terreno pantanoso, pues actúa como si ese cuerpo de origen tan discutido sustituyera la Constitución y, por lo tanto, quedaran en entredicho el Estado diseñado en ella, nuestros derechos, los órganos del Poder Público y sus atribuciones, y las relaciones entre estos y nosotros los ciudadanos. ¿Quién puede dudar de la gravedad de algo así?

En la Constitución está la solución. Ahí está una prolija carta de derechos cuya efectividad es esencial y cuya garantía es obligación estatal. Está la separación y equilibrio de poderes, cuyo funcionamiento supone la independencia de cada uno y la responsabilidad de sus titulares. Está la descentralización en estados y municipios. Están el voto y los mandatos revocables. Está el carácter profesional, sin militancia política de la FAN “al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Están las bases para el control de la corrupción, las normas del debido proceso, el respeto a los convenios internacionales. Están la promoción de la empresa privada, el derecho de propiedad, la prohibición de monopolios, la justicia social y la libre competencia, la estabilidad en los precios y el valor interno y externo de la moneda.

La soberanía es la vigencia de la Constitución, por eso la seguridad de la Nación se fundamenta en principios enunciados en su artículo 327. Eso no deben ignorarlo, tanto gobernantes como gobernados.

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