Inicio > El pizarrón de Fran > Pancho Aguilarte: La destrucción de Venezuela

Pancho Aguilarte: La destrucción de Venezuela

El hombre está conformado por una trilogía inseparable aunque cada uno de sus elementos puede actuar de manera individual.

Cuerpo físico, espíritu y alma son los componentes de cada persona. Así lo conciben las más importantes religiones del mundo, con algunas diferenciaciones conceptuales pero unidas en lo fundamental: La esencia sobrenatural del hombre.

El comunismo pregona solo una de esas características: El hombre es un ser material que sólo es impulsado por lo económico.

Es un ser material que puede ser condicionado por el determinismo económico. De allí que la destrucción de la economía en cuanto vehículo para la satisfacción de los bienes inmateriales es un punto de inflexibilidad en la concepción dialéctica del comunismo, o marxismo, leninismo, castrismo. Da igual, todas obedecen al mismo patrón ideológico.

Quizás esto explique el porqué de la destrucción de las fuerzas productivas, de las instituciones y de las relaciones de producción. No creamos que Venezuela ha sido destruida institucionalmente, moralmente, económicamente como consecuencia de la ignorancia y la incapacidad de quienes hoy nos gobiernan.

La destrucción de Venezuela ha sido meticulosamente calculada por el castro comunismo y por el difunto comandante. Este último fue convencido por su maestro Fidel Castro de la conveniencia de instaurar un modelo comunista en la patria de Bolívar.

Hoy podemos decir que han tenido éxito en la empresa emprendida. Cada vez más los venezolanos dependemos de lineamientos del régimen en lo económico y la vida en sociedad.

Todos los días somos más pobres. Los servicios públicos son conducidos adrede para su mal funcionamiento. El internet y las redes sociales, las que el régimen considera contrarias a la alienación y al dominio del estado están cada vez peor.

Ellos saben de la ineficiencia de la Cantv, de Corpoelec, del pésimo suministro y distribución del agua, del gas y de todos los servicios que dan calidad de vida.

Ellos alientan, contrario a lo que suponemos, la ineficiencia y la corrupción en los entes públicos. Por eso no hacen nada por mejorar ni por corregir las fallas en el desempeño de la administración pública. Por más que nos cueste creerlo eso es así. La idea es que podamos subsistir entre la miseria y las carencias.

Reducir al mínimo nuestras potencialidades espirituales es la misión trazada. Terminar con todo vestigio de calidad de vida es parte fundamental del modelo escogido. Ya lograron destruir el aparato económico, también la institucionalidad y la idea de justicia.

Ahora el próximo paso es dar por terminada cualquier expresión de propiedad privada. Para ellos al hombre solo hay que garantizarle que medio coma.

La vida, que la conciben como una sola, sin más allá, sin espíritu y sin alma pues poco importa de qué manera finaliza, si por hambre, por ausencia de medicinas o simplemente de manos de un asesino.

Es el comunismo ateo en su máxima expresión. Es la sustitución del concepto y de la idea de Dios. La eliminación de la fe católica y de la esperanza de una vida mejor más allá de esta.

Entiende usted amigo lector de que se trata. Entiende usted que la destrucción de Venezuela no se debe a la ignorancia e incapacidad de un grupúsculo, mismo que se procuró dotarse de las mayores riquezas para protegerse de la crisis que él mismo provocó.

Es el reto más grande que se le haya podido hacer al supremo creador. Es poner en duda su existencia y su poder. Estamos en la puerta del abismo empujados por seres diabólicos y sólo contamos con la fuerza de Dios para que nos devuelva la sociedad que perdimos.

Es una tarea gigante. Es de nuevo la raza humana tratando de sobrevivir. Como en el antiguo Egipto, esperamos en Dios la liberación y el castigo de estos nuevos faraones. Contra él nadie ni nada puede.

Te puede interesar

Compartir