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Franco Silvio: Sobre el Autoritarismo

Desmitificar, desacralizar al “Hombre Fuerte”

 

En la génesis de la República está el Autoritarismo, se impuso en tres siglos de presencia colonial, el Capitán General era El Rey en este territorio, el peso determinante del Autoritarismo en la tradición es evidente, pero pasó a ser actitud natural. Los primeros días de la República fueron difíciles, es posible que la intención inicial de un constructo novedoso estuviera presente (hay evidencias), pero como expresa J. M. Briceño Guerrero “…al terminar las guerras de independencia, no quedaron naciones, sino las zonas administrativas instituidas por las autoridades coloniales[1] , las urgencias y contingencias de esas circunstancias iniciales profundizaron en la élite dirigencial toda la tradición colonial, convirtiéndolos en albaceas, en sentido dativo, del autoritarismo secular que hasta el sol de hoy se conserva, la tradición autoritaria sigue vivita en la cultura política.

Cuando fijamos el autoritarismo en su percepción inmediata, él es evidente; pero al inquirir curiosamente lo encubierto, surgen detalles, varios, pero uno en especial delata la mitificación específica del “Hombre Fuerte[2]” como entidad tangible, el autoritarismo puro, que se repetirá en forma cíclica, como peso dominante de la tradición sobre la razón.

El devenir republicano lo ha vivido en todos sus periodos, desde el caudillo de a caballo, en gobiernos de fuerza y dictaduras, como en la era democrática transmutado en Presidente, elegido por el voto popular, adaptado a las circunstancias, pero en su más pura esencia autoritaria.

El autoritarismo crea “su atmosfera” para prevalecer, donde se construye, por tradición, en la cultura política de los venezolanos; validando al Hombre Fuerte mitificado, en su actitud natural (perfecto, definido, finito), un hecho normal aceptado y admitido, por los muchos (diría Heráclito), en nuestro caso, la mayoría de la sociedad. En esa atmosfera se crean instituciones, leyes que permiten y favorecen su esencia, un ejemplo inaparente para la inmensa mayoría de la sociedad, es la imperfección del “sistema electoral más perfecto del mundo” que producen mayorías hegemónicas acríticas (ejemplos: el PSUV, La MUD) que retroalimentan y fortalecen el autoritarismo y al Modelo Político Autoritario que hemos vivido.

El mecanismo que le permite prevalecer, ha sido y es,  la conjunción en un solo cuerpo del Hombre Fuerte y Estado con Dinero (Autoritarismo y respaldo financiero). Ha sido un “éxito persistente” por cien años; pero desde 1976 (lograda la nacionalización de la industria petrolera), su continuidad efectiva se ha problematizado, entrando la República en un periodo crítico por la finitud del proyecto país betancuriano. Hecho éste, que aunque es evidente para una minoría de venezolanos, es inaparente para la inmensa mayoría de los venezolanos, especialmente la élite política, los medios de comunicación y los grupos importantes de los sectores productivos (empresarios); no logran percibirlo; no está en la lógica que establece su horizonte (ya finito). Desde 1976 Venezuela ha estado a la deriva, ha tenido picos de ilusión de prosperidad, que dependen del precio del petróleo; precio que al bajar, no reencontramos con el país que verdaderamente tenemos, tal cual es, un país inútil, que en cien años no ha podido diversificar su economía, teniendo recursos para hacerlo, [un País Inútil]. Finitud no percibida por la mayoría.

Cómo retroalimentamos la mitificación del Hombre Fuerte y despreciamos la política 

Esa, su atmosfera donde se respira autoritarismo, hasta en las inhalaciones intuitivas, ha creado con el devenir de la vida republicana, todo un aparato jurídico político que lo valida, sin declararse explícitamente.

El “Hombre Fuerte”  de hoy se legaliza como líder necesario, iluminado salvador, prestidigitador de ilusiones fantasiosas, igual que el caudillo de antaño; solo que no usa caballo, ni espada, ni fusil, mucho menos hechos de arrojo o valentía como los de otrora; el de hoy es un caudillo artificial (que será Presidente), en el que “cualidades y virtudes” son encumbradas por acción mediática, creatura sobrevalorada de los medios de comunicación[3]; donde La Política es un accesorio necesario, un añadido, un adorno para el decorado del “hombre fuerte”. La Política no lo crea, le es añadido como un pegoste necesario; debido a ello, tenemos políticos sin política; mediocridad implícita pero inaparente para la inmensa mayoría.

La razón trascendente, que hoy es minoría, tiene la posibilidad de construir un movimiento seminal  

En estos tiempos el hombre fuerte sin política está problematizado en términos efectivos para resolver los problemas esenciales de la República, porque si algo necesita Venezuela es un  proyecto nacional, enfocado en trascender los límites del país estancado que somos [país inútil], cuyo sentido sea trascender su finitud. Amerita crear la fuerza necesaria para trasformar, que se constituye a partir de un movimiento seminal que tiene expresión, dispersa y tenemos que conjurar su acción y propósito, para lograr la expansión necesaria por una Venezuela enfocada en trascender al mundo contemporáneo. Con un liderazgo cuya fuerza seminal nace de la política, en la nueva propuesta de país.

 

Franco Silvio 2017

[1]El laberinto de los tres minotauros” José Manuel Briceño Guerrero Edit. La Castalia. (2007) Mérida. Venezuela.

[2] Sería fácil personificarlo en cualquiera de los gobernantes de nuestra vida republicana, pero mejor refiero el hecho retratado por Don Rómulo Gallegos en su gran obra literaria (conocida por todos): Cuando Santos Luzardo llega a sus tierras de Altamira con las ideas civilizatorias de la “Ley de Llano”, Altamira está  diezmada por el “hombre fuerte”, tiene que confrontarse con la “devoradora de hombres”, Doña Bárbara [El Hombre Fuerte]. En la confrontación la atmosfera autoritaria lo arrastra a celadas de muerte y asesinatos, derrota a Doña Bárbara, pero la atmosfera del hombre fuerte, se ha  incrustado en Santos Luzardo. En Altamira había cobijado a una joven y bella mujer que se encontraba a la intemperie del llano, Marisela; cultivó en ella su carácter civilizatorio, En el momento decisivo entre barbarie y civilización es el amor de Marisela quien lo salva de la vorágine autoritaria que representaba el hombre fuerte. La República, no tiene Mariselas, solo la cualidad humana de transfinitar esa cosa de-finida (finita) que representa el autoritarismo paralizante, y generar la posibilidad de construir nación, de avanzar al mundo contemporáneo que merecemos.

[3] Los medios de comunicación tienen juegan un rol fundamental en la reproducción de la cultura política tradicional y en retroalimentar al “Hombre Fuerte”, eje conductor del Autoritarismo. Colocan al “hombre fuerte” en un pedestal que retroalimenta en el espíritu colectivo mayoritario los rituales del “iluminado salvador”

 

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