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Gloria Cuenca: ¿Advertencias o amenazas?

No quiero desatar la furia de mis contradictorios lectores, pero me siento en la obligación de expresar lo que siento y creo, en este tema tan difícil. Es mi opinión personal. La pregunta es: ¿las palabras de Trump son una advertencia o una amenaza? ¿O todas las anteriores?

Lo primero que les recuerdo es que, tal como dice el periodista en el exilio Rafael Poleo, “el imperio existe y es maluco”, y lo segundo es que aun cuando se mueran de la rabia y la envidia, los Estados Unidos son la Primera Potencia del Mundo, seguidos, no tan cerca, por China y Rusia. Si no se parte de esa premisa, sino de una palabrería hueca y falsa, y salen a decir: “estamos preparados” “podemos con ellos”, cuando conocemos muy bien cómo está, por ejemplo, el llamado “apresto militar” venezolano. No solo se trata de su parte operativa, lo que ya es grave, sino peor, en materia de conciencia y conocimientos sobre la realidad. Dos ejemplos, el caso de la Guyana, el Esequibo (donde se han repartido el territorio en reclamación, sin nada para Venezuela, con la anuencia de las grandes transnacionales del petróleo).

El desastre en el sur de Venezuela con el contrabando, las vacunas y la penetración de los entes armados desde Colombia, sin que se note ninguna respuesta por nuestra parte. Así están los estados fronterizos, amenazados por el desgobierno de no hacer elecciones, por cuanto no quieren perder el control de la situación allí. Aclarado el punto, me permito recordar que mientras aquí se divierten y aprenden a vivir con dinero mal habido, allá en el Norte no paran de investigar, estudiar, analizar y mejorar tanto sus telecomunicaciones como su armamento para la defensa. De manera que el “hombre del cohete”, como llama al dictador de Corea del Norte el presidente Trump, debería pensar muy bien las próximas acciones y las palabras. El uso de propaganda desmedida hace en oportunidades que hasta los más informados, piensen: “Si usted lo dice, su palabra vaya adelante”. Se puede desencadenar, a partir de allí, una guerra como en el caso de Sadam Hussein. La locura lleva a los dictadores en general, y a los de izquierda en particular, a creerse sus propias mentiras. No trae buenos resultados esa táctica. Creo que las palabras de Trump no deben ser echadas en saco roto.

Cada quien debe examinar su conciencia antes de lanzarse a inventar nuevos cuentos imaginados que pueden llevar al mundo a una guerra nuclear.

¡Dios nos ampare!

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