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Alberto Mansueti: Consenso de Guatemala

Tan pronto concluimos las sesiones del III Foro Liberal de América Latina, el 19 de marzo en Guatemala, el economista José Luis Tapia Rocha, Director del Instituto de Libre Empresa (ILE) de Perú, sintetizó para nosotros la principal de nuestras conclusiones: el “Consenso de Guatemala”.

El “Consenso de Washington” fue superado ampliamente por los resultados de nuestro III Foro. En su Discurso de Clausura, el Dr. Vaclav Klaus, ex presidente de República Checa, nos ratificó la validez de las Cinco Reformas, inspiradas en el Liberalismo Clásico, y eje programático de nuestro proyecto político “La Gran Devolución” a nivel continental, antítesis del Foro de Sao Paulo, y a la vez de la “Internacional Socialista”.

El Dr. Klaus, nuestro Presidente honorario, asumió la defensa de la política como profesión, de la democracia representativa “standard”, y de los partidos privados, sin dinero estatal, ni órdenes de las burocracias electorales. Se opuso al marxismo clásico, y también a la “política correcta” del marxismo cultural, y a la dictadura de los organismos de la Unión Europea y la ONU, que violan la soberanía de nuestros países, ahora supuestas provincias del “Nuevo Orden Mundial”.

Aquí desde los ‘90, se implementaron las 10 recomendaciones de Washington, que eran poco más que reformas tributarias, para dotarles mayores ingresos a los estados que habían quebrado por déficit fiscal, cuando lo correcto era recortar gasto público, reduciendo funciones estatales e impuestos, y eliminar regulaciones arbitrarias. El “Consenso de Guatemala” es lo opuesto al “Neo” liberalismo que vino de Washington, mucho más rico y prometedor; y en camino a la nueva Internacional Capitalista.

Abordamos el marxismo cultural, no considerado en el viejo documento de los tres organismos de Washington: Departamento de Tesoro de EE.UU., Fondo Monetario Internacional, y Banco Mundial. Tratamos ampliamente los temas de ideología de género, indigenismo, ambientalismo anti-desarrollo y relativismo posmodernista, los nuevos “cuatro jinetes del apocalipsis”, que nos trajeron al siglo XXI un claro mensaje de muerte, contra la vida, la familia, la empresa privada, la religión cristiana, y aún contra la naturaleza de las cosas, la lógica, el lenguaje y el sano sentido común.

Impulsamos la acción política, desde el Congreso, para desmontar las leyes malas, inspiradas en los 10 puntos del Manifiesto Comunista de 1848 de Marx y Engels, presentes todavía en nuestros países. En cuentas resumidas, nuestra batalla es contra la Agenda de la Muerte, de ambos marxismos, el antiguo pero aún vigente, y el nuevo. Y del “Neo” mercantilismo. Eso aprobamos los liberales clásicos.

En 1993, el Dr. Václav Klaus, en su segundo año como Primer Ministro de la “Revolución de Terciopelo”, y en clara respuesta al Consenso de Whashington, elaboró su propia lista de “Diez Mandamientos para una Reforma Sistémica”. Con base en este documento, que está en Internet, y en las conclusiones resumidas por José Luis Tapia, el Consenso de Guatemala podría verse como sigue:

(1) No hay soluciones económicas puras; en la ecuación entran muchos otros factores, políticos e institucionales, y también culturales. El proceso de cambio debe ser radical y rápido, para crear pronto la necesaria masa crítica de apoyo; sin embargo es dinámico y en tensión continua, no un “experimento controlado” de laboratorio, como querrían muchos académicos.

(2) Los cambios legales son indispensables; y el tránsito debe acompañarse de reformas políticas para una democracia pluralista en sentido ideológico, no de partidos sólo de izquierda. En este empeño, la ayuda extranjera es sólo marginal. La asesoría externa debe ser minimizada, porque los “consultores” buscan un proceso largo y complicado, para maximizar sus cobros de honorarios.

(3) El “gradualismo” es un pretexto para no hacer reformas. Pero la palabra “shock” es tramposa; es un insulto mentiroso de los enemigos de las reformas: no queremos “choque” con la gente, aunque sí choquemos con los comunistas, los burócratas, los propagandistas de las izquierdas, los “buscadores de rentas”, los “intelectuales iluminados” y los empresarios mercantilistas.

(4) Se requiere firmeza y determinación para hacer políticas restrictivas del gasto, del déficit fiscal y los impuestos, quitar subsidios, liberar precios, suprimir regulaciones, abrir compuertas al comercio exterior, y a la vez procesar las privatizaciones, pieza clave en la transición.

(5) Son necesarias privatizaciones masivas, a partir de la “micro-economía”, o sea de los agentes considerados individualmente, no todos pequeños. Deben acompañarse de desregulaciones masivas, para no meramente convertir monopolios estatales en monopolios privados; y para atraer capital, extranjero, nacional, y capital “popular”, con precios accesibles para el común de la gente.

(6) “No hay reformas gratis”. Pero los costos deben ser ampliamente compartidos; no recaer sólo en sectores políticamente débiles y menos articulados. Se requieren mercados abiertos en el exterior, ayudando con las exportaciones. Pero no se requieren leyes especiales para evitar monopolios, ni para promover la competencia o proteger al consumidor. Para la defensa del ambiente, nada mejor que la propiedad privada, las empresas y los contratos.

(7) Deben prometerse libertad y oportunidades, pero no resultados, porque éstos dependerán de la gente: de cómo emplee su libertad, y aproveche sus oportunidades. Hay que explicar las realidades, y las palabras satanizadas no pueden evitarse: decir la verdad es la mejor política.

(8) Son indispensables políticos profesionales, no improvisados ni anti-políticos. El cambio de sistema es tema ideológico, pero no es sólo un problema de ciencia, sino un cambio político, con partidos para hacer campañas, ganar elecciones, y apoyar las reformas incluso desde la oposición.

(9) Las reformas son inseparables; no pueden aplicarse ni explicarse en forma separada o aislada; la gente más despierta está esperando un cambio integral, de sistema, porque intuye correctamente que el mal es integral, y afecta al entero sistema vigente, que nos divide a todos entre “los de arriba” que lo aprovechan, y “los de abajo” que lo padecemos y lo sostenemos con impuestos excesivos.

(10) Las Cinco Reformas buscan “La Gran Devolución” de funciones, libertades y recursos, a los agentes privados, económicos y no económicos; para hacer cada quien sus “Reformas Particulares” en su vivienda, su trabajo, empresa, escuela o centro docente, clínica y plan de pensión, y asimismo en su Municipio o entidad local de Gobierno. Así se hace irreversible el proceso, como sucede en los “leones africanos”, países que son un buen ejemplo para nosotros en América Latina.

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