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Maryclen Stelling: La credibilidad, rehén de la política

 

Los gravísimos sucesos ocurridos el sábado 4 de agosto en la avenida Bolívar han devenido en un asunto de credibilidad y, por ende, de construcción de la verdad política a partir de “un intento de magnicidio” o, por el contrario, de un “supuesto intento”.

A minutos del suceso, oficialmente se informa que se trata de un intento de magnicidio perpetrado en contra del Presidente Nicolás Maduro. Con gran celeridad, desde la oposición se califica de “poco creíble el relato del gobierno sobre un nuevo intento de magnicidio a Maduro…” Así, desde la polarización política y las trincheras mediáticas, un hecho transmitido en vivo por cadena nacional, fue inmediatamente sometido, por un sector político, a un juicio público en cuanto a su credibilidad, confiabilidad y verosimilitud. Tarea en la que, desde la oposición, jugaron papel esencial políticos, analistas y fundamentalmente medios nacionales, internacionales y redes. Convirtiendo, en consecuencia, lo sucedido en un espectáculo controlado y gestionado por equipos al servicio de una causa política.

La credibilidad se sustenta en la confianza y en el grado de conocimiento, suerte de juego dialéctico entre elementos objetivos y subjetivos, tales como la afinidad política-ideológica. En este caso, la manipulación que realiza la oposición cae en el terreno de la “mentira emotiva” que apela a las emociones y creencias y a la distorsión deliberada de la realidad, con miras a la construcción de credibilidad en torno “al supuesto atentado”. Lo fáctico es ignorado o sometido a una deliberada distorsión y confrontación; lo cognitivo-racional es desplazado por lo cognitivo-emocional y los hechos son objeto de una deliberada confrontación y distorsión. Las personas no se preocupan por conocer la verdad de los hechos por cuanto están atrapadas por mecanismos de persuasión fuertemente vinculados a lo emocional. Y aquello que, para cierto sector político “aparenta ser verdad”, es más importante y trascendente que la propia verdad.

Entramos al campo de la posverdad que se afianza y coincide con creencias políticas polarizadas. Terreno donde lo fáctico es despreciado o ignorado y aquello que, para cierto sector político “aparenta ser verdad”, es más importante y trascendente que la propia verdad.

@maryclens

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