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Un proyecto integrador para Venezuela ¿una utopía? por Centro de Estudios de Integración Nacional

 

  1. INTRODUCCIÓN

A la vista de las crisis recurrentes que, en materia política, económica y social, hemos tenido a lo largo de nuestra historia republicana, en este documento se intenta presentar, a modo de síntesis, la situación actual de Venezuela como resultado de un proceso integrador en algunos aspectos o de falta de integración en otros y de desintegración en aspectos fundamentales de la vida política, económica y social, que exigen correcciones de gran envergadura y valentía política. En tal sentido, formulamos una serie de cambios y correctivos que se estiman necesarios para lograr un progreso real y un porvenir mejor en beneficio de todos y no de una parte de la población.

  1. VENEZUELA HOY: NECESIDAD DE UNA SINERGIA EN LO POLÍTICO–ECONÓMICO – SOCIAL

La crisis actual de Venezuela (aguda conflictividad política, altísima violencia y criminalidad, escasez y carestía, subordinación social ante el Estado), que se traduce en la ruptura de equilibrios institucionales fundamentales, obliga a plantear la necesidad de salir del análisis de la coyuntura actual y examinar la necesidad de profundizar en las causas estructurales e institucionales que nos han llevado hasta aquí, a la vez que formular un proyecto integrador político-económico-social que, mediante la aplicación del concepto de sinergia, pueda tener alcance y significado históricos.

La palabra sinergia “procede del vocablo griego “cooperación” o una acción de dos o más causas que generan un efecto superior a la suma de las partes. También se puede entender como “la integración de partes que forman un nuevo objeto…un resultado que maximiza las cualidades de cada uno de los elementos…”. Ejemplos muy buenos de sinergia: “Los relojes cuyos componentes por separado no podrían indicar la hora…o las letras que unidas forman palabras.” Como es sabido, la sinergia es la ventaja que se obtiene al combinar aspectos o elementos de un sistema o conjunto de modo tal que el rendimiento de la combinación puede resultar superior, y a veces muy superior, al rendimiento de los aspectos considerados por separado. Desde luego, la eficacia de la sinergia dependerá del grado de cohesión y unión de las voluntades de las personas involucradas. En resumen, como se puede comprender, la sinergia es “algo que une partes y logra un resultado distinto y superior a ellas” (n.n) y es por eso que hemos apelado a este concepto para tratar el tema de un proyecto integrador para Venezuela.

  1. LA CRISIS NO ES DE AHORA

Ahora bien, la aplicación del concepto de sinergia, no es “algo expresamente buscado”, que “acomodamos” a la explicación que proponemos porque si se hace un examen más riguroso de la actual crisis venezolana nos encontramos con dos tipos de problemas. Por una parte, no puede explicarse desde una sola perspectiva, digamos económica, como por ejemplo, nuestra clásica y convencional explicación del “Dios o el Demonio” del “Boom” petrolero. Ambas son insuficientes para explicar lo sucedido hasta ahora y no podemos quedarnos con la idea de que un “shock

externo” es la razón de las crisis. Por otra parte, hay que tener en cuenta la influencia que han tenido en el manejo de las crisis los elementos institucionales, ideológicos y políticos. De allí la necesidad de integrar. Ciertamente, no podemos engañarnos en la creencia de que las graves dolencias de la sociedad venezolana son de reciente data y que tienen su origen en los vaivenes del petróleo. A pesar de que ellas se han agravado notablemente en los últimos tiempos, Venezuela viene sufriendo un severo deterioro social, económico, político e institucional que tiene profundas raíces en nuestra historia y en la forma que ha tomado la conducción de los grandes intereses de la sociedad venezolana.

  1. ¿POR QUÉ LLEGAMOS AQUÍ?

Cuando se observan las diversas crisis de las últimas décadas, y particularmente la actual, la pregunta obligada es: por qué, después de todos los años de explotación económica petrolera, la sociedad venezolana exhibe cruciales deficiencias y déficits en la calidad de vida de su población, de actividades económicas sostenibles, duraderas y estables, en un cuadro en el que la participación de la población en la creación productiva y en la vida política es limitada y precaria. Por qué, en todos esos 70 a casi 100 años de explotación petrolera, Venezuela exhibe niveles de pobreza incompatibles con el ingreso obtenido por dicha explotación. La respuesta a esta pregunta pasa por hacer un examen de conciencia, individual y colectivo, para determinar hasta qué punto a nuestro sistema político económico  social le falta democracia, producción y productividad no petrolera, equidad y solidaridad social para nivelar las desigualdades de propiedad, educación y poder.

  1. LA SOLUCION NO ES: ¡VENEZUELA vs. VENEZUELA!

¿Venezuela vs.-Venezuela? Una respuesta afirmativa a esta interrogante no estaría lejos de nuestra realidad histórica, caracterizada en buena parte por contiendas políticas e ideológicas con un grado bélico bien significativo. Pero no. Cuando pensamos en el ser político democrático que El Libertador supo imprimir en el magno Discurso de Angostura, considerado como uno de los documentos fundamentales de la civilización occidental, la respuesta a tal pregunta es necesariamente NO. Venezuela no puede combatir contra Venezuela y desintegrarla. Es un deber histórico alcanzar un grado de integración política, económica y social que nos permita la efectiva vigencia del pluralismo político, el despliegue de las potencialidades económicas, la justicia, la equidad y de solidaridad social.

  1. ESTAMOS FRENTE A UN PROBLEMA ESTRUCTURAL

Más allá de las explicaciones coyunturales, la respuesta clara es que el fondo del problema radica en que nuestra estructura político-económico-social se asienta en un modelo híper-presidencialista, personalista, centralista, estatista, partidocrático, rentista, fiscalista, monoproductor y socialmente dualista, inequitativo e insolidario, todo lo cual dificulta enormemente la configuración de una sociedad más integrada y ciertamente obliga a reflexionar sobre los cambios y correctivos necesarios.

Como consecuencia de lo antes dicho estamos situados ante un problema de orden estructural que obliga a soluciones más allá de la coyuntura actual y que calificamos, conceptualmente en este documento, como el proceso integrador y desintegrador que ha caracterizado a Venezuela históricamente, en cuyo caso corresponde identificarlo y precisar las fuerzas que van en una u otra dirección y la manera en que se estimulan o promueven entre ellas. El hecho central que queremos registrar con este enfoque es que, a pesar de la coexistencia de fuerzas en uno y otro sentido, el resultado neto es que, a lo largo de nuestra historia, han prevalecidos modelos no integradores y en algunos aspectos desintegradores, que se reflejan claramente en la situación actual de Venezuela.

Sirvan de referencia los siguientes casos y ejemplos:

  1. LA EXPERIENCIA HISTORICA: ¿Qué nos dice? La integración política de Venezuela.

Históricamente, con la Independencia y la República, Venezuela se abre a la integración político-territorial (Estado Soberano) y a la integración socio-política mediante las libertades públicas, la separación de los poderes, la igualdad y el Gobierno democrático. Sin embargo, hasta el día de hoy no hemos alcanzado un nivel aceptable de integración sociopolítica.

El centralismo no integrador y desintegrador.

Desde 1.811 hasta el presente, la integración político-territorial de Venezuela ha vivido diversos momentos de tensión entre el Federalismo, el Confederalismo y el Centralismo, siendo éste último el resultado “final” de un desacuerdo histórico nacional y, por tanto, no produciendo efectos integradores y en ocasiones efectos desintegradores.

La democracia integradora y no integradora.

Por otra parte, solo a partir de 1.958, el sufragio universal, directo y secreto, unido a la dinámica de los partidos políticos y a la participación ciudadana, hacen posible los Gobiernos democráticos, con las libertades públicas y la separación de poderes siempre en tensión, generándose efectos de integración, de no integración y de desintegración sociopolíticas según los tiempos y las circunstancias.

El híper-presidencialismo desintegrador.

Además, los personalismos políticos y el consiguiente Presidencialismo que han caracterizado buena parte de nuestra historia republicana, unidos a circunstancias de diverso orden, han llevado a que en los últimos setenta y cinco (75) años prácticamente toda la legislación socio–económica importante ha sido dictada por el Poder Ejecutivo con el correspondiente efecto de desintegración de la sociedad deliberante y la no integración de los partidos políticos.

Los partidos políticos integradores y desintegradores.

También en la medida en que el monopolio de acceso al Poder lo tienen los

partidos políticos y que no han existido mecanismos político–jurídicos eficaces para evitar la discriminación política, el gobierno de los partidos ha producido efectos desintegradores mayores que los efectos integradores. La exclusión política ha sido la regla y la inclusión política la excepción.

Integración y no integración socioeconómica.

Desde el punto de vista socioeconómico, hay que tener en cuenta que hasta la aparición del ingreso petrolero, la falta de cohesión y unidad sociales derivada del régimen colonial y la existencia de una economía agroexportadora insuficiente, unidos a los problemas de ejercicio del Poder, impidieron la integración de los grupos sociales. Con el ingreso petrolero desde los años 30 del siglo XX hasta el presente, se logra una integración relativa social a nivel nacional, pero la falta de igualdad de oportunidades y de puntos de partida (condiciones y circunstancias materiales diferentes entre los grupos sociales) impide la integración social real.

Integración–desintegración social por efecto del intento de dominación socialista.

El conjunto de leyes y políticas públicas dirigidas a la implantación  a machamartillo del socialismo, contrarias al rechazo del referéndum del 2007, han generado un efecto es integrador mayor que su efecto integrador, siendo, además, que en las últimas elecciones presidenciales la diferencia fue tan pequeña que resulta absurdo históricamente pretender imponer a cualquiera de las partes una determinada concepción política, económica y social.

  1. ALGUNAS CAUSAS QUE HAN IMPEDIDO LA INTEGRACIÓN Y QUE LLEVAN A LA DESINTEGRACIÓN.

La situación actual de Venezuela no se puede comprender solo con la imagen convencional del “boom petrolero”, positivo o negativo, o como un problema económico, pues hay causas más significativas que exigen una interpretación sistémica. Por ejemplo:

Exclusión política y preeminencia del Poder Ejecutivo.

La secuencia de exclusión política que dominó y domina la vida venezolana hasta nuestros días, dejando detrás de sí una crisis en los partidos políticos aún sin resolver. También una estructura institucional que privilegia el Poder Ejecutivo por encima de los demás y centraliza excesivamente la conducción de la cosa pública, lleva al poder omnímodo del Presidente de la Republica, por causa de la figura de la delegación legislativa y potenciado, además, por el manejo de la industria petrolera y de su renta.

El estatismo desintegrador.

Un claro ejemplo al respecto es la fractura que se produjo del modelo claramente integrador que, en el aspecto económico, experimentó Venezuela desde los años 50 hasta mediados de los 70, caracterizado por un crecimiento sostenido, no inflacionario, creador de empleos productivos, de una clase media relevante y de una participación decisiva del sector privado venezolano. Posteriormente, el Estado, por así decirlo, aumentó su intervención en todo lo económico y aparecen las terribles dolencias de la inflación y la devaluación, los ciclos erráticos de crecimiento económico y, principalmente, si no la aparición, el severo agravamiento de los niveles de pobreza que se prolongan hasta nuestro tiempo.

El petróleo no ha sido integrador.

El petróleo desde su inicio se percibió como una estructura separada de la realidad nacional, lo cual en lugar de contribuir a resolver los problemas acentuó las diferencias entre la Venezuela petrolera y la no petrolera.

Una visión conceptual desintegradora.

Finalmente, el proceso desintegrador proviene en buena parte de un enfoque conceptual que privilegia lo parcial en lugar de lo integral, lo coyuntural y no lo estructural, el corto plazo frente al largo plazo, lo político frente a lo económico.

  1. AUSENCIA DE UN PLENO PROCESO INTEGRADOR

Es preciso consolidar un proceso integrador en su plenitud en los ámbitos políticos, económicos, institucionales y territoriales, como lo demuestran, además de los aspectos referidos, la inmensa brecha de desintegración social, cuya expresión palpable es el aumento sostenido de la pobreza y de la población que vive en los “barrios pobres” o en “ranchos” y la dualidad físico espacial consecuencia de ello. Todo ello a pesar de los esfuerzos integradores que se han realizado mediante las inversiones en educación, en la salud, la seguridad social y la vivienda o en el fomento de la economía productiva. A esto se añade la extrema concentración del poder político en el Poder Ejecutivo y la debilidad de la sociedad civil y los partidos políticos, todo lo cual impide un pleno proceso integrador de los grupos sociales, las fuerzas económicas y los poderes políticos. Así, hemos llegado a un punto de inflexión histórico en el que corremos el riesgo de ser aplastados por el peso del pasado y el sobrepeso del presente.

  1. LECCIONES QUE DEBEMOS APRENDER DE LA EXPERIENCIA HISTÓRICA.

La lección más importante que deja la experiencia es la necesidad de conseguir una respuesta integradora, mediante una sinergia de lo político, lo económico y lo social, cuyos principales componentes podrían ser:

Construir un poder de influencia de la sociedad venezolana en la dirección de los asuntos públicos, dándole mayor jerarquía a la así llamada sociedad civil y a los partidos políticos a través de un sistema político de representación  participativa y de participación  representativa.

Lograr la integración social de quienes viven en el “rancho”, en el barrio, en la marginalidad y en la pobreza mediante, entre otros aspectos, la superación de la dependencia económica.

Participación decisiva del sector privado en el área productiva, condicionada a: La renuncia al esquema rentista, mercantilista, proteccionista, La apertura a las prácticas y experiencias de una economía moderna globalizada e integrada internacionalmente, y la adopción de un auténtico Compromiso con Venezuela en la erradicación de los niveles de pobreza y desigualdad.

Superar el modelo de exclusión política, el centralismo, el híper-presidencialismo y el estatismo.

  1. ALCANCE DEL CONCEPTO INTEGRADOR

Si entendemos el concepto de proyecto integrador como un conjunto de elementos políticos, económicos y sociales que forman un todo y llevan a determinados resultados positivos y, al mismo tiempo, consideramos que integrar es justamente lo contrario de separar, y que su significado implica construir un proyecto que permita lograr la satisfacción de las necesidades fundamentales, materiales y morales de todos los venezolanos, resulta necesario identificar y convenir los cambios y correctivos institucionales que, en el plano político, económico y social, deberán hacerse para alcanzar tal satisfacción. Cabe, razonablemente, la pregunta del por qué de este enfoque, que lo justifica y que lo privilegia frente a otros (casos de inclusión, cohesión social, desarrollo, prosperidad, equidad, y demás.). En este sentido, el concepto que proponemos tiene, en principio, unas ventajas sobre los anteriores mencionados. La primera es que, por su carácter integral, permite vincular distintos tópicos o esferas de la vida social, lo cual ayuda a entender el proceso de esa manera, colocando las causas en las distintas esferas de acción pública, a la vez que revela la necesidad de sinergia o sincronía entre unas y otras, evitando el diagnóstico parcial (económico, político, social, y demás.). La segunda es que permite un análisis histórico mucho más rico en revelar las fuerzas que producen una dislocación, permitiendo un acercamiento mucho más certero con la realidad. Los ejemplos que hemos citado, de interpretaciones parciales o de corta perspectiva, ayudan a validar la conveniencia de un enfoque como el propuesto. Quizás, aunque no se trata de un enfoque conceptual, pero si de una explicación de mucho peso en la interpretación de lo acontecido en Venezuela, el “personalismo” ocupa un lugar bastante relevante entre las causas de los problemas que nos aquejan, pero, en realidad y más allá de las “buenas intenciones” de muchos dirigentes y gobernantes, lo cierto es que este enfoque, sin, obviamente, olvidar que la ética personal es esencial para la integración, se propone deslindarse de la causa “persona” y promover una de “sistema”, con lo cual se quiere decir que, más allá de las personas, es el conjunto de reglas que forman un sistema las que deben ser modificadas, pues son éstas las que permiten y estimulan un manejo personalista de la conducción publica en Venezuela. Precisamente, el hecho de reivindicar esta manera de ver los problemas vuelve a validar el enfoque del proyecto integrador.

  1. PRINCIPIOS QUE INSPIRAN UN PROYECTO INTEGRADOR

Obviamente, tal proyecto integrador requiere fijar, como fundamento ético,

unos objetivos en materia política, económica y social y poner en práctica los medios necesarios para lograrlos. A título ilustrativo, podemos mencionar:

Aspecto político
Objetivos.

Convivencia política democrática en libertad, paz y seguridad.

Medio fundamental.
Conductas y estructuras políticas adecuadas a los objetivos políticos, económicos y sociales.

Aspecto económico
Objetivos.

Transformación económica: de la economía de la renta a la productiva.
Crecimiento económico sostenible para todos.

Medio fundamental.
Un proyecto productivo integrador basado, entre otros aspectos, en los recursos naturales y en la diversificación de la producción.

Aspecto social
Objetivos.

Progreso social en justicia, equidad y solidaridad.
Nivelación de las diferencias de propiedad, educación y poder.

Medio fundamental.
Progreso moral, voluntad de convivir y compartir.

Compromisos morales y acuerdos políticos, económicos y sociales, para erradicar definitivamente la pobreza y la marginalidad.

  1. LA GRAN TAREA INTEGRADORA

En verdad, la gran tarea integradora de nuestro tiempo no puede ser otra que el compromiso de toda la sociedad venezolana para detener la tendencia hacia la desintegración social erradicando, de una vez y para siempre, la situación de pobreza, marginalidad e informalidad en la que viven millones de venezolanos y que, en lugar de disminuir, viene aumentando en los últimos años. Compromiso en el cual tenemos que estar todos involucrados: el Gobierno, los empresarios, los profesionales, las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos y los partidos políticos.

En este sentido, traemos a colación algunas datos que revelan como ese fenómeno se ha incrementado a lo largo de los años y, peor aún, en los últimos tiempos. Los gráficos que siguen son ilustrativos del fenómeno, el cual se presenta en tres caras que vienen a revelar el mismo problema:

El aumento de la pobreza

Como puede verificarse en el gráfico que sigue, lo que fue una ilusión monetaria, la reducción de los índices de pobreza, anunciada con “bombos y platillos” como objetivo fundamental de la política social de la actual administración gubernamental, se ha venido desmoronando al límite de que, como se observa, esos índices se han colocado al mismo nivel que tenían en los años mas criticados, esto es a finales de los noventa. Desde luego, la principal razón de ese descalabro y, como consecuencia, de la reiteración del proceso desintegrador social, al que hemos aludido en este documento, está en la expresa correlación que existe entre el ingreso petrolero por habitante y aquellos índices, ya que, como se sabe, el ingreso personal tiene un peso muy significativo en su estimación.

El aumento de la población que vive en “ranchos o en el barrio”

Por otra parte, observamos que existe una gran correspondencia entre el aumento de dichos índices y su correlación con el aumento de la población que vive en un “rancho” o en barrios que pueden ser descritos como barrios pobres. En los gráficos que aportamos se observa como ese fenómeno es creciente, tanto en Caracas como en algunas ciudades del interior, al menos hasta que ese fenómeno se midió estadísticamente. Sin embargo, cabe notar que, a partir de los años noventa no existe una información compatible con la anterior, aun cuando para Caracas existen aportes profesionales que la estimaron hasta el año 2006. De allí en adelante se desconoce su evolución ya que la presentación que se ha venido haciendo en los Censos respectivos no permite identificar el fenómeno. Numerosos estudios elaborados por Teolinda Bolívar y Josefina Baldó han permitido identificar el problema. El aumento de la marginalidad y la informalidad El otro dato que aportamos, que es también compatible con los anteriores es la presencia estructural del llamado fenómeno de la marginalidad o informalidad que

0% 20% 40% 60%

I 76 I 78 I 80 I 82 I 84 I 86 I 88 I 90 I 92 I 94 I 96 I 98 I 00 I 02 I 04 I 06 I 08 I 10 I 12 I 14 % Pobreza por Línea de Ingreso

Hogares pobres extremos Hogares pobres

presentan la economía y la sociedad venezolanas desde un largo período, como también se observa en el gráfico que sigue, siendo que en promedio las personas que son clasificadas de esa manera, sea por el concepto de empleo o porque sociológicamente no responden a reglas institucionales convencionales (¿?), se ha mantenido en promedio en un valor cercano al 50%. A partir de los años siguientes el fenómeno se ha mantenido igual o se ha incrementado. Para el primer semestre de 2014 y diciembre del mismo año el peso de la informalidad era del orden de un 40% de los que aparecen como ocupados. Por lo expuesto, tanto los ciudadanos como los grupos políticos económicos y sociales deberíamos preguntarnos responsablemente si:

¿ESTE ES EL GRAN RESULTADO DE LA ERA PETROLERA?

Por ello afirmamos y reiteramos que la gran tarea integradora que tiene la sociedad venezolana por delante es solventar ese problema de una vez y para siempre, resguardando los principios básicos de la vida humana, cuales son la libertad, la equidad y la dignidad, en el entendido de que han de ser resueltos por una vía integradora que sustituya la convencional vía del reparto y del asistencialismo estatal. En esa dirección van las siguientes propuestas.

EMPLEO INFORMAL 1970-2011

25 30 35 40 45 50 55  1970 1973 1976 1979 1982 1985 1988 1991 1994 1997 2000 2003 2006 2009 % Total

  1. EL PLAN DE ACCIÓN Y LAS POLÍTICAS: Las rutas del proyecto integrador.

A título ilustrativo presentamos el conjunto de políticas y acciones que caracterizan el ¿Qué?, para, acordadas ellas como esenciales, diseñar la difícil tarea del ¿Cómo?

LA RUTA INSTITUCIONAL , cuyos principales componentes son: La superación del presidencialismo y del centralismo, la prohibición de la delegación legislativa y de la reelección indefinida de los gobernantes.

La segunda vuelta en la elección presidencial, la garantía de respeto de las minorías. Institucionalizar la obligación del Poder Ejecutivo de oír a los partidos políticos y grupos de opinión, un sistema electoral que garantice participación paritaria en los organismos rectores a los partidos políticos y que promueva la formación de grandes organizaciones políticas que, sin perjuicio de las pequeñas, se inspiren en ideas y programas para resolver concretamente las necesidades de las comunidades, las cuales, visto el alcance actual de las telecomunicaciones, están en plena capacidad de expresar en tiempo real sus necesidades.

Creación de organismos públicos sujetos a la aprobación de la Asamblea Nacional.

Antídotos contra la corrupción mediante la aplicación de las mejores prácticas nacionales e internacionales.

LA RUTA POLÍTICA , cuyo principal objetivo es la redefinición del rol de los partidos políticos y de su relación con la organización y el ejercicio de poder y con la sociedad; el fortalecimiento de dichos partidos y de todos los estratos de la sociedad civil, particularmente de los más dependientes y la superación de la partidocracia, todo mediante:

Un acuerdo de Convivencia o Concordia Política que o supere definitivamente la exclusión como método y sistema, o cuyo principio esencial sea el respeto a la doctrina de cada partido político, la cual se someta a la consideración de la opinión pública y al ejercicio de la soberanía popular, o suprima la delegación legislativa al Ejecutivo para así fortalecer el poder deliberativo de la sociedad y su influencia en las políticas públicas, o establezca una nueva relación entre elegidos y electores para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas de aquéllos a éstos.

LA RUTA ECONÓMICA , cuyos principales componentes son: Un proyecto productivo-integrador de: Alto impacto en el empleo productivo y en la creación de una poderosa clase media que tienda a nivelar significativamente las desigualdades históricas de propiedad, educación y poder para así impedir la secular dependencia y marginalidad de los grupos de menores ingresos o enfoque económico de ventajas comparativas regionales y locales, que privilegie su vocación y especialización económica y con alto impacto descentralizador, o programa de autonomías financieras regionales y locales que promuevan la descentralización, o programa de altos incentivos para la migración voluntaria de lo urbano a lo rural.

Plan de Estabilidad y Crecimiento que garantice baja inflación, unicidad y estabilidad cambiaria y definidas reglas del juego o numerosos estudios elaborados por Teolinda Bolívar y Josefina Baldó han permitido identificar el problema de privilegio de la inversión, la producción y la captación de mercados por encima del criterio de precios internacionales, o creación del Fondo Venezuela con todos los excedentes económicos de la industria petrolera venezolana y las contribuciones fiscales de las empresas extranjeras y bajo la conducción de una representación significativa de toda la sociedad venezolana,

LA RUTA SOCIAL: Tiene como objetivo fundamental realizar acciones privadas, públicas y en cooperación público–privada tendentes a revertir el proceso de dependencia, marginalidad, empobrecimiento y creación de barrios característicos de la Venezuela contemporánea. En este sentido, indicamos, a titulo ilustrativo:

La conjunción de las acciones institucionales, políticas y económicas está orientada a producir un resultado social óptimo, en la medida que las tres soportan el desarrollo de un poder regional consistente y el fortalecimiento de los partidos políticos y de las organizaciones de la sociedad civil, vinculado todo ello a la creación de actividades económicas autosuficientes con el consiguiente efecto social.

Por otra parte, de por si la puesta en práctica de un Plan de Estabilidad que proteja el salario real, mediante la reducción a un digito de la inflación y una garantía de estabilidad cambiaria, serian los mayores factores para aumentar el índice de bienestar social y reducir los índices de pobreza.

A ello se sumaría la reconducción de la economía para optimizar su efecto integrador interno, mediante un Plan Productivo que rescate la agricultura y la industria del lugar en que se encuentran y una mayor inserción de la industria petrolera en la economía venezolana, con un efecto de creación de empleos productivos de gran impacto en la creación de un sector de clase media ( en el sentido de una población en un estrato medio de ingresos mayor que los extremos de mayor riqueza y mayor pobreza), como puede demostrarse, Venezuela lo logró durante un largo período (1950 a 1975).

Esos tres ejes deberían ser complementados con una política activa de creación de sistemas de propiedad que promuevan la creación de empleadores y, éstos, a su vez, soportados en un programa educativo compatible con la propuesta económica, y con el compromiso del sector privado venezolano.

Además, un Plan Social estaría dirigido a aquellas personas de comprobada vulnerabilidad económica, para las que se propone un programa de oportunidades y capacidades especificas a ser desarrollado conjuntamente por la economía privada y el Estado, con aportes institucionales y financieros paritarios.

En la ruta social deben también incluirse todas aquellas iniciativas privadas que, mediante la solidaridad, sean un reforzante del esfuerzo colectivo socioeconómico para nivelar las diferencias de propiedad, educación y poder.

UN PROYECTO INTEGRADOR PARA VENEZUELA ¿UNA UTOPÍA?

Si es verdad que Venezuela y los venezolanos deben estar por encima de todo, entonces todos, particularmente el Gobierno y la oposición, deberíamos recordar que la incapacidad de los partidos y de los grupos políticos para avenirse y llegar a acuerdos ha sido siempre la causa de las situaciones de estancamiento institucional y de regresión política que ha tenido Venezuela. De lo contrario, seguirá vigente el escepticismo histórico que el pueblo venezolano ha reflejado en muchas de las coplas que recoge Luis Felipe Ramón y Rivera en su historia del folklore venezolano de las cuales cabe mencionar:

“Venezuela y el cangrejo
Siguen el mismo camino:
El cangrejo anda hacia atrás
Y Venezuela lo mismo”

Frente a este más que justificado escepticismo histórico cabe, sin duda, plantear una utopía, no como aquello que nunca existirá o no se alcanzará, sino como el agente de cambio y de transformación que la convierte en el desafío ético necesario para hacer realidad un proyecto integrador

 

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