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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Un par de melladas garras en el fondo del mar (06-02-2017)

El presidente Maduro ha dicho algo que es sumamente importante, sobre todo para algunos cuadros políticos del chavismo que suelen sucumbir a la tentación de caer en las provocaciones y conchas de mango que le atraviesa la oposición, y de engancharse en la agenda del adversario, potenciando, sin darse cuenta, las matrices y temas que ese sector quiere establecer para sacar provecho político. El asunto del enganche lo planteamos ayer en un grupo de whatsapp conformado por cuadros revolucionarios, cuando se estuvo largo rato especulando en torno a una manifestación convocada por activistas de la derecha para el 11 de febrero que partiría de la plaza de la Candelaria hasta Miraflores, integrada por madres con bebés en brazos para reclamar por el costo de los pañales.

¿Y qué fue lo que dijo el Presidente? Lo siguiente: “No perdamos tiempo en 2017 en provocaciones. Nos vemos en 2018. Preparémonos para que la fuerza original que el 4 de febrero despertó tenga una cita con la victoria”. Hay que apuntar al sentido de esta exhortación presidencial y descifrarlo en buena parte en la difícil situación que vive la derecha venezolana en este momento, de lo cual ya hemos hablado en varios Análisis.

La oposición criolla ve mermar cada vez más sus opciones de presionar para sacudir la estabilidad del país y utilizar para su beneficio los importantes bolsones de descontento que persisten en la población venezolana. No está en condiciones de forzar la realización de algún evento electoral. Fracasó con su táctica de obligar a la realización del referendo revocatorio en 2016, en lo cual invirtió un importante esfuerzo y gastó ingentes energías, y despilfarró así el capital político que había acumulado cabalgando sobre el malestar generado por las dificultades económicas que le permitieron ganar cómodamente las parlamentarias de 2015. El pico más alto de ese descontento parece haber pasado y hoy, con mucha más razón, se le hace cuesta arriba halar para su brasa la sartén de estas dificultades. En ese sentido, el Gobierno sigue luchando con empeño para salir del hueco, y aunque aún no puede exhibir un resultado positivo definitivo, si pareciera haber logrado relativas mejorías en ciertas aristas del problema, lo cual se está haciendo notar, levemente en verdad, en encuestas como la de Hinterlaces presentada ayer por José Vicente Rangel, que muestra un ligero movimiento favorable al Gobierno en el clima socio-emocional del país desde noviembre del año pasado, ni qué decir en comparación con los números de finales de 2015. La derecha no parece estar en capacidad ni siquiera de forzar las elecciones regionales y locales pendientes, cuya realización y oportunidad dependen de manera clara de lo que decida el chavismo, sin derecho ni posibilidad de pataleo.

Tampoco posee la derecha fuerza institucional para imponer ni uno solo de sus designios. La única institución del Estado que controla es la Asamblea Nacional y esta se ha venido transformando en una especie de entelequia, asimilable a la célebre metáfora de la inutilidad que proclamaba el poeta Argenis Daza Guevara en los bares de Sabana Grande y que atribuía a otro poeta, T.S. Eliot: “Soy un par de melladas garras en el fondo del mar” (el verso real de Eliot: “He sido un par de melladas garras cayendo al fondo de los mares silenciosos”). Ni leyes que establecer, ni acuerdos obligantes para  nadie, ni impeachment, ni abandono de cargo, ni mociones de censura ni nada qué hacer.

Por supuesto, no han podido conmover la fortaleza militar del chavismo, ni qué decir de la movilización de calle. Después de la gran bulla que hicieron los opositores con el “millón” de personas que supuestamente movilizaron el 26 de octubre pasado con la llamada “Toma de Caracas”, se han venido convirtiendo en la “Nada” que aludía Chávez. Pensaron que aquel día de octubre se iniciaba algo y tuvieron razón: fue el comienzo del fin de su capacidad de movilización callejera. Engañaron a los suyos, les hicieron creer que con una manifestación harían tambalearse al Gobierno y más bien generaron más frustración y desengaño. Hoy, convocan y no va nadie que no sea un puñado de militantes.

Tampoco les han funcionado los más recientes, esporádicos y débiles conatos de violencia. Duran menos que un bostezo, carecen de todo respaldo popular, producen más bien repudio ciudadano y son controlados sin mucho esfuerzo por las fuerzas de orden público.

Total que carecen de opciones: ni elecciones, ni poder institucional, ni militares, ni fuerza de calle, ni capacidad para desarrollar violencia.

¿Qué les queda? Pues el espectáculo, la farándula política, la foto para el mundo y, como herramienta para esas veleidades, sus aparatos mediáticos (que no son poca cosa, sobre todo más allá de nuestras fronteras). Es una oposición de alfombra roja, una forzada pose, físicoculturistas de Photoshop.

En ese desierto, ensayan movimientos para el público de galería y para la promoción internacional: la patética “acción sorpresiva” de Capriles, la ridícula protesta de María Corina Machado el 4F en La Carlota, las convocatorias en el mundo virtual de las redes sociales, como esa marcha de los bebés, que quizá haga alguna bullita que se llevará pronto el viento y que será, si se diera, uno de esos momentos que desaparecerán, si no caemos en la provocación, como “lágrimas en la lluvia”, tal como dijera el célebre replicante de Blade Runner.

De allí la importancia de la frase de Maduro. En este momento, pareciera que, a lo interno, todo dependiera de nosotros los chavistas. La victoria o la derrota son, por ahora y sobre todo, cosa nuestra. Es una lucha contra el tiempo y contra nosotros mismos ¿Estaremos a la altura de este compromiso? Este otro tema no se abordará hoy.

Néstor Francia 06/02/17

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